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Transcribía este fragmento al blog cuando llegome un mensaje de texto al celular que resumía, en esencia, lo que dicen la siguientes líneas. Hay conexiones. Hay azar. Imagen

Entonces apareció el zorro: -¡Buenos días! -dijo el zorro. -¡Buenos días! -respondió cortésmente el Principito que se volteó pero no vio nada. -Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.-¿Quién eres tú? -preguntó el Principito-. ¡Qué bonito eres! -Soy un zorro -dijo el zorro. -Ven a jugar conmigo -le propuso el Principito-, ¡estoy tan triste! -No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado. -¡Ah, perdón! -dijo el Principito. Pero después de una breve reflexión, añadió: -¿Qué significa “domesticar”? -Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas? -Busco a los hombres -le respondió el Principito-. ¿Qué significa “domesticar”? -Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas? -No -dijo el Principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el Principito. -Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ” -¿Crear vínculos? -Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú para mí todavía no eres más que un niño igual a otros cien mil niños. Y no te necesito. Tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo… -Comienzo a comprender -dijo el Principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado… -Es posible -dijo el zorro-, en la Tierra se ve todo tipo de cosas. -¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el Principito. El zorro pareció intrigado: -¿En otro planeta? -Sí. -¿Hay cazadores en ese planeta? -No. -¡Qué interesante! ¿Y gallinas? -No. -Nada es perfecto -suspiró el zorro. Y añadió: -Mi vida es monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Así es que me aburro un poco. Pero si tú me domesticas, mi vida se llenará de luz. Reconoceré el sonido de tus pasos que serán distintos de todos los demás. Los otros pasos harán que me esconda bajo la tierra. Los tuyos, en cambio, me harán salir de mi madriguera como una música ¡Mira! ¿Ves allá los trigales? Yo no como pan. Los trigales no significan nada para mí y eso es triste. Pero tú tienes los cabellos color de oro. Entonces, si me domesticas, será maravilloso, porque el trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y amaré el sonido del viento en el trigo… El zorro guardó silencio y miró detenidamente al Principito: -¡Por favor… domestícame! –dijo el zorro. -Me encantaría -respondió el Principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que descubrir amigos y conocer muchas otras cosas. -Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no se dan tiempo para conocer nada. Compran todo hecho en las tiendas. Pero como en las tiendas no venden amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame! -¿Qué debo hacer? -preguntó el Principito. -Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Al principio te sentarás un poco lejos de mí, así, de esta manera, sobre la hierba. Te miraré de reojo y tú no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…El Principito volvió al día siguiente. -Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que volvieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz. Y cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro ya estaré inquieto y preocupado; ¡y así, cuando llegues, descubriré el precio de la felicidad! Pero si llegas a cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Los ritos son necesarios. -¿Qué es un rito? -dijo el Principito. -Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea distinto de otros días, una hora, distinta de otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves salen a bailar con las muchachas del pueblo. Entonces el jueves para mí es un día maravilloso, porque puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones. Así fue como el Principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando la hora de partir, el zorro dijo: -¡Ay… lloraré! -Es tu culpa -dijo el Principito-. Yo no deseaba hacerte daño, pero tú quisiste que te domesticara. -Por supuesto -dijo el zorro. -¡Pero vas a llorar! -Claro que sí. -¡Entonces no has ganado nada! –dijo el Principito. -Claro que sí -dijo el zorro- Gané el color del trigo. Y agregó: -Ve a ver las rosas otra vez; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Luego vuelve para que me digas adiós y te regalaré un secreto. El Principito fue a ver las rosas. -Ustedes no se parecen en nada a mi rosa; no son nada aún –les dijo-. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como era mi zorro: un zorro parecido a miles de zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora él es único en el mundo. Las rosas se sintieron molestas. -Ustedes son muy bellas, pero están vacías –les dijo el Principito-. Nadie daría la vida por ustedes. Por supuesto que cualquiera al pasar podría creer que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes juntas, porque fue a ella a quien regué. Fue a ella a quien abrigué con un fanal y a quién protegí detrás de un biombo. Porque por ella eliminé las orugas (salvo dos o tres que se hicieron mariposas), y es a ella a quién escuché quejarse o vanagloriarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa. Y volvió donde el zorro: -Adiós… -dijo el Principito. -Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy sencillo: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos. -Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el Principito, para recordar. -Es el tiempo que has dedicado a tu rosa lo que la hace importante. -Es el tiempo que he dedicado a mi rosa… -repitió el Principito, para recordar. -Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla –agregó el zorro-. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa… -Soy responsable de mi rosa… -repitió el Principito, para recordar. Y tendido sobre el césped lloró.

Suponiendo que se llegue a despenalizar el aborto, lo lógico y natural sería que éste sea gratuito, seguro y factible, es decir que tenga la capacidad de atender a esos cuarenta mil abortos que, se estima,  se practican por cada año.

¿Estamos en esas condiciones?  Probablemente no.

Suponiendo, una vez más, que se llegue a despenalizar el aborto, ¿mejoraría esto, por sí mismo, a nuestra educación sexual? ¿Impediría que quienes hombres nacimos dejemos a un lado los vicios de nuestro machismo que, sin duda, algo tiene que ver con esa cifra de cuarenta mil abortos/año?

Más dudas.

¿Podemos entonces esperar a que el sistema de salud público mejore? ¿podemos aguardar a que la despatriarcalización (si es que realmente esto se está llevando a cabo) eche raíces y de sus frutos?

Una hipotética legalización del aborto no va a solucionar nuestro sistema sanitario; no va a desmontar el profundo machismo de este, o cualquier otro, país.

Pero sí que va a poner el ojo sobre esas miles de mujeres que mueren o se les pudre el vientre después de sabe-dios qué tipo de “intervención médica” practicada por sabe-dios quién.

Primero es ello. Luego, podemos hablar de replantear nuestra educación sexual, que afianzada en los moralismos e intimidaciones, no ha funcionado. Está claro: no nos salen pelos en las manos por masturbarnos. No quedan “roscas” las muchachas por gozar su derecho sexual. No se pone celosa y justiciera la Vírgen María si un par de jóvenes se aman en Copacabana…

Se trata de educar para no abortar, abortar para no morir. Se trata de entender que la mujer es quien debe decidir sobre su cuerpo, y que esto no la vuelve una consumista del aborto, ni una asesina. La convierte una mujer con más derechos. Y nos convierte en un país más serio. Necesitamos romper pre-conceptos.

Pero romper pre-conceptos va más allá. Se trata también de evitar una confrontación innecesaria con quienes piensan diferente por sus influencias religiosas o por cualquier otro motivo. Basta con ver, como ejemplo, lo sucedido en el vecino país estos últimos días.

¿Quién gana cuando un grupo de gente pro-aborto se lanza a una Catedral de Santiago de Chile a destrozar sus bienes y a escribir “El aborto es lo mejor. Me kago en Dios” o “María kería abortar”?

Resulta, por lo menos, curioso que quienes se pronuncien en favor de la tolerancia y la pluralidad cometan actos tan irrespetuosos e irresponsables, que,  esto es lo peor, dan alas al conservadurismo para dividir al mundo en dos: nosotros, buenos; ellos, malos.

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La cosa no pasa por ahí, no pasar por desahogar la intolerancia con los intolerantes.

Se trata de entender algo que está claro: Quien quiere abortar, aborta, sea o no legal, sea o no pecado. Se lo hace por una combinación de motivos tan complejos que no nos vendría mal tratar de entenderlos primero antes de encasillarnos en posiciones cerradas, donde la verdad ya está sentenciada y nada más se puede decir o hacer.

Al derecho de la vida del feto no se la defiende en contra de una despenalización (no incentivo, no obligación, no invitación), se la debería defender a diario, por ejemplo, yendo a la Garita de Lima, en los tantos “centros de salud” que abundan, donde muchísimas mujeres acuden a realizarse un aborto. Debería defenderse descubriendo qué realmente se esconde detrás de un anuncio de “Test de embarazo”.

La realidad nos desborda. La realidad necesita acciones. Urgentes.

A ke Sí

Para que el TallerTaká sea, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo el mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Cinco músicos al frente, todos de grandísimo talento, en realidad son una multitud, generaciones tras generaciones de melodías y letras que brotaron de la Habana, Charcas, los verdes campos de Tarija; notas que viajan en los vientos de los Andes, de Tiempo a Tiempo. Eso y más.

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El Taller salió a escena junto a otros ocho músicos desTakádos del país el martes 4 de diciembre en el cine 6 de Agosto, rescatado por el municipio paceño ya hace varios años. De izquierda a derecha se situaron Christian Quenta en el saxo, Leonardo Miranda en el bajo, Gustavo Baldiviezo en la percusión, Sergio Antezana en la voz y en la derecha un sujeto al que de algún lugar de sí mismo le brota una guitarra, como una extensión de su propio ser: El Gabo Guzmán.

Casi dos horas de espectáculo donde junto a los muchachos del Taller estuvieron: Jimbo Illanes y David Gamón deleitando con esa preciosa canción de nombre Del Pobresor, de quien se dice era tan pobre que cuando quería escuchar música sólo le quedaba cantar; Omar Baldiviezo, padre de Gustavo, violín al hombro  y voz de los Canarios del Chaco entonando la cueca Martirio; Melo Herrera, Mau Montero,  Marco Flores, el ahora trío Entre dos aguas; David Portillo y su audaz manejo del escenario, devolviéndole a la Morenada el surrealismo de antaño; El muy conocido Grillo Villegas, en una versión renovada de Después de cada beso y como un fantasma de los Andes, el entrañable Papirri juntando a nuestros protagonistas para cantar a viva voz la ochentera canción del hoy ausente niño cuzqueño: Hasta Ahurita. Ésas fueron algunas de las canciones expuestas la noche del martes. No es nuestra intención reproducir todas y cada uno de esos detalles. Acá la intención es el gozo y el halago desfachatado a nuestros músicos, a los trece que cabalgaron el escenario. Y también a Producciones R, que ha hecho posible tan dignos eventos.

El TallerTaká hizo suya la música de todos, ahora el Taller es de todos. Aunque todos no seamos tantos.

En el blog de Sergio Antezana (algo olvidado por el autor) contiene un post de vieja data de título Bueno, bonito y bizarro, en donde Sergio lamenta, desde su anécdota,  la suerte de muchos artistas nacionales poco valorados por su público local. Es un texto muy fuerte. Y es que el mismo Antezana ha visto la necesidad de volver a publicarlo, esta vez, desde su perfil de una conocida red social. Ese es uno de los otros motivos por el que se escribe este texto. Por qué no sé si Sergio sabrá que al ritmo de su Bailecito las gentes se aman, como sólo es posible amarse bajo el hechizo de una canción que sabe llegar. Marcando su música en un territorio de donde no se puede borrar tan fácilmente.

Y fue precisamente con el Bailecito de un tipo que quiere a alguien que la noche se cerró. Aplaudimos a rabiar. Y hay que seguir haciéndolo, recordando a nuestros hermanos del TallerTaká que mientras nos una aquello, que ya ha creado su canción en nosotros, vamos a estar juntos.

A ke Sí

Para la libertad.

Me llamo barro, aunque Miguel me llame.

Barro es mi profesión y mi destino

que mancha con su lengua cuanto lame.

Joan Manuel Serrat musicalizó veinticuatro poemas de Miguel Hernández, sólo uno no fue publicado. Historia conocida, del disco 1978, también fue musicalizado, aunque éste no sea de autoría de Hernández, sino de José Agustín Goytisolo, dedicado a la memoria del poeta de Orihuela. En la Obra de Serrat desfilan versos de: Machado, Benedetti, Jaime Sabinés, José María Fonollosa, Joan Salvat Papasseit. Machado y Hernández, siempre han resultado los más valiosos para el catalán, tanto por cómo la opinión pública así lo percibe, como en la evidente influencia de ambos poetas en el estilo lírico de Serrat.

En 1972, Joan Manuel Serrat, grababa el disco llamado sencillamente Miguel Hernández, era la época más creativa de un Serrat que venía de grabar Mediterraneo, disco cumbre de Joan Manuel y posiblemente de la música española. La crítica, en su momento, no fue muy amable con el disco homenaje a Machado (aunque a estas alturas ya esto poco se recuerde o importe). Con los poemas del perito en lunas, la experiencia habría de ser otra. Como define José María Íñigo en una revista de aquella época, el Serrat de 1972, era un hombre ya mayor, no físicamente hablando, sino en sabiduría y en madurez. Fe de ello pueden dar artistas de la talla de Santiago Feliú o Mercedes Sosa que se han sorprendido ante la capacidad de expresión de un artista que no había llegado a los 30 años. Volviendo a Íñigo, éste decía que a Serrat le faltaban veinte años de experiencias para transformarse en un señor de la canción al estilo de Brassens o Jacques Brel. Han pasado más de veinte años y la inmortalidad del catalán-sudaca-español no está en duda.

Pero ponerle música a Miguel Hernández nunca fue una labor sencilla. Principalmente porque para el régimen franquista, Miguel Hernández, seguía siendo un criminal, por ser parte de las filas republicanas en la Guerra Civil que acabó con la Segunda República, por eso fue muerto en las cárceles que dejo a su paso la (triste) guerra. Hernández murió de tuberculosis, fruto del descuido al que fue obscenamente entregado, en una cárcel de Alicante, a la corta edad de 32 años. El primer hijo se la había muerto y al segundo, junto a la madre y mujer de Miguel,  la pobreza les consumía. De esta desgracia nace uno de los poemas más conocidos y conmovedores: Las nanas de la cebolla, que también estaría incluido en el disco de Serrat, aunque la música se la puso el argentino Alberto Cortez. La vida del poeta fue de mucho dolor. De oficio pastor, aprendió el oficio de escribir poesía sin que nadie le enseñe las formas convencionales. Junto a las cabras, pastos y campo, Hernández se iniciaba en la lectura de los poetas del Siglo de Oro y escribía sus primeros poemas. La historia, corta y desgarradora, de este joven poeta, es una auténtica lección de vida. 102 años han pasado desde que Miguel Hernández llegara a la vida; no se ha ido, no se irá. Es el Rayo que no cesa.

Cuando murió, su obra impresa no llegaba a las 500 páginas. A 200 se reducieron por censura del franquismo. Luego se quintuplicaron a 1000 en los años 60, fruto a editoriales argentinas que trabajaron con los textos del poeta. De ese millar, Serrat cogió un puñado de poemas con mucha pesadumbre, que mostraban a un Miguel Hernández marcado por las heridas (del amor, de muerta y de vida), en su mayoría. Para la libertad, no.

Para la libertad, canción mítica del cantautor catalán, es en realidad la musicalización del poema El Herido, del libro El hombre acecha, escrita entre 1937 y 1939. Y que está dedicada al muro de un hospital de sangre. El poema consta de dos partes, la primera Serrat la omitió; la segunda, salvo una pequeña estrofa de cuatro versos, es la letra de nuestra canción. Decíamos que no está hecha de dolor y heridas. Es un poema escrito a la vida. Al renacer del propio combatiente que busca la libertad y que por ella misma se regenera en cuerpo y alma.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,

ella pondrá dos piedras de futura mirada

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

en la carne talada.

Fuera de su contexto original Serrat la entonó en los escenarios de España y Latinoamérica, cobrando una fuerza esplendorosa en el canto de quienes privados y privadas de libertad supieran hacer de ella un himno. Para quienes, hombres y mujeres valientes, como un árbol talado, que retoño, aún tienen la vida.

Nuestro homenaje es a ellos y ellas. Al poeta. Al cantautor. A quienes entienden la libertad como la vida misma. De Hernández hay mucho de qué hablar, volveremos a él pronto. Mientras tanto, Para la libertad, en voz de Serrat.

Una mujer innombrable huye como una gaviota.

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Óleo de una mujer con sombrero como pieza entera es una joya. A pedazos lo es más. Al “deshacerla”, podríamos construir casas, comer pan y repartir la luz, como la poesía de Neruda. Me explico.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan
a amores, ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Seis versos, de larga trayectoria. Incansables, vienen y van, de pared en pared, de boca en boca, de carta en carta. Mientras cree, destruyendo, ahí estarán.

Podríamos ir desmenuzando la pieza de Silvio, pero con lo anterior basta para dar fe de lo expuesto al inicio de este post. Todas serían sonrisas hasta toparse con aquello del óleo de Chagall que refiere a una mujer con sombrero.

A las canciones de Silvio, quizá por el surrealismo que sobre ellas están regadas, se las ha dado múltiples significaciones. Por ejemplo, el unicornio extraviado del cubano, según las interpretaciones, ha pasado de ser el régimen castrista a ser un pantalon jean. Ojalá, ha corrido la misma suerte, aunque ésta claramente tergiversada en afanes políticos. Óleo…, lo propio. En un sitio web cuya finalidad es compartir el significado de las canciones del trovador cubano, a falta de un dato revelador que exponga una verdad, el autor, de la página, se monta en la empresa de dar significado a la canción, llegando a la conclusión de que el sombrero de la mujer representa el marido. Parece que la pieza se formara. Aunque luego, según se puede observar, el mismo Silvio explicaba que la canción estaba basada en los cuadros del pintor francés de origen bielorruso: “Uno de mis primeros oficios fue el de dibujante: hacía historietas cómicas. Y de ahí me nació una afición, un amor en general hacia las artes plásticas. Recuerdo que me gustaba mucho especialmente un pintor ruso llamado Marc Chagall, quien vive todavía. Me gustaba por la fantasía, por el colorido, por la figuración tan personal y característica de su pintura. Recuerdo también que una vez descubrí un cuadro de él que entre otras cosas representaba a una mujer con un sombrero blanco y una pluma colorada, que me gustó mucho; y también recuerdo, valga la redundancia, que unos años después en, en los carnavales de La Habana de 1970, conocí a una mujer con un sobrero blanco y una pluma colorada que me gustó mucho más. Por eso siempre digo, cuando canto esta canción, que se debe a mi afición a las artes plásticas. Y por eso también la titulé Óleo de mujer con sombrero”.

Escrita en 1970, fue publicada en 1978 en el álbum Al final de este viaje. Compartiendo espacio con Ojalá o Canción del Elegido, el Óleo de una mujer con sombrero ha sabido sobresalir más allá del morbo de qué significa precisamente lo de la mujer corrompiéndose al centro del miedo. Especialmente bella resulta la versión junto a Pablo Milanés, en vivo, en la Argentina que recibía a las voces hasta hace poco censuradas por la dictadura.

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Sabrá Silvio qué quiso decir con ello. Aunque pareciese que la referencia del sombrero algo significa en el universo de Silvio. Mujer sin sombrero, Dibujo de mujer son sombrero, Detalle de una mujer con sombrero, son también título de algunas composiciones del trovador. Como la gaviota, nuestra canción huye de un sentido lógico y claro. Qué más da.

Ahora, lo serio:

Una mujer son sombrero, como un cuadro del viejo Chagall.

¡Estremecedor!

No eres tú

Crónica del concierto de Santiago Feliú en La Paz Bolivia del 9 de Noviembre del 2012


¿Qué pasaría si Silvio Rodríguez llegase a Bolivia uno de estos meses? Es probable que las entradas para tal hipotético concierto se acabaran en cuestión de horas, inmensas colas de por medio. ¿Verdad? Y está bien que sea así. No menos se podría esperar. Es que es Silvio. Un símbolo: de revolución y poesía. Es leyenda. Pero resulta que existen otros artistas tan talentosos como el aprendiz de brujo, y hasta son paisanos y amigos suyos, aunque despojados de aquel simbolismo . Y parece que eso no llama la atención. No acá. O qué otra cosa puede explicar la evidente ausencia de público en el Teatro Municipal la noche del viernes 9 de noviembre para oír al músico Santiago Feliú.

Puede que sea 9 y no te hayan pagado tu sueldo, y entonces dices no hay platita. Pero resulta que la entrada más económica te costaba 50 bolivianos. Una ganga comparada con la entrada más económica de conciertos similares al nuestro. Puedes también decir que medio que no conoces su música -aunque esto no debería ser ni de lejos “excusa” alguna, ¿acaso las evidentes referencias de Feliú no invitan a pensar que el cubano tiene algo interesante qué decir con su música?.  Y sí, puede que Santiago no te haya llegado en CD por aquello de que sólo se importa música comercial y la piratería tampoco te haya hecho el favor. Es cierto. Tampoco Feliú es popular, en Youtube sus vídeos no llegan al millón de visitas. Tampoco sus frases están circulando por las redes sociales como pólvora encendida. Entonces no le conoces y ello es absolutamente comprensible.

Ahora bien, resulta que tú eres de los/las que cree que la música es un arte y no un espectáculo. A menudo te fastidias con la canción comercial, vacía, efímera. Dices priorizar la letra por sobre muchos aspectos. Eres de los que amanecería por una entrada al mencionado concierto de Silvio, ya ni hablamos de Sabina (la mención al de Úbeda acá no es nada casual). Pero no le das una oportunidad a Santiago Felíu porque no es un símbolo, no es popular (dentro de lo “impopulares” que suelen ser los/las cantautores/as). Parece que todavía crees que un concierto es una especie de Karaoke-discoteca, dónde es obligatorio saberte las letras de las canciones para cantar voz en cuello los hits de quien está encima del escenario. Y éste alabe a tu ciudad y no se canse de darte las gracias por tu presencia, como manda el guion. Pues si piensas así, puede que hayas escogido bien en no ir al Municipal el viernes porque lo que teníamos en frente era un Santiago Feliú de pocas palabras, frío, sólido e imponente como un Iceberg. Y que pese a ello, o quizá precisamente por ello, te impacta con su estilo de parir la canción.

El cubano empezó con Ay, la vida y terminó con Vida. Y en medio de ambas tocó el piano y con él interpretó ¿A dónde van? de su maestro Silvio. Segundo gran momento de la noche. Y luego volviendo a su guitarra recordó a quien ya se fue algunos años atrás y que junto a su hermano y otros crearon aquello llamado la Nueva Trova Cubana, a finales de los años sesenta: Noél Nicola, de quien interpretó Llueve en agosto de 1981. Fue Noél Nicola quien prologaba su primer trabajo, allá por 1986, Vida, diciendo de Santiago algo que llama la atención desde que le ves tocar, y que no es otra cosa sino la forma de tocar la guitarra: con la siniestra. “No hay error. Santiago toca ‘a la zurda’… ¡por partida doble! El coloca la guitarra para tañer con su mano izquierda y formar las notas y acordes sobre el diapasón con su mano derecha, ¡pero no le cambia el orden a las cuerdas! ¡las deja ‘a la derecha’!. Así le quedan los bajos ‘abajo’ y los agudos ‘arriba’. He visto antes a algún guitarrista zurdo tocar así, pero en lo que alcanza mi experiencia, ninguno que lo hiciera así de bien, llenando tanto el espectro de posibilidades del instrumento y eso, claro, con una técnica que ha tenido que inventarse el solito. La primera impresión suele dejar atónito a todo el que pueda entender un poco lo que él se trae, precisamente, entre manos. Esta forma de guitarrear genera algunos timbres especiales y un ‘sentimiento’ armónico propios que han marcado la creación de Santiago y que él ha ido desarrollando en sus composiciones posteriores.”

Con Despojos, Sin tanta soledad o Planeta Cuba destiló su esencia: tocando con una fuerza impresionante la guitarra, casi golpeándola, sin que esto rompa la estética creada. Entre tanto, su voz, que de un momento a otro se hace tan potente y emotiva que  enchina la piel, trepaba hasta las casi vacías butacas del Teatro Municipal. Butacas que tuvimos que abandonar quienes decidimos estar ahí para cambiarlas por el sector platea, tras una pausa que tuvo el concierto, donde todos nos posicionamos con más comodidad. Volvió Feliú, y con él quizá las canciones más esperados por su público: Ansias del Alba (escrita en memoria de los desaparecidos de América Latina),  Bárbara (dedicada a quien fuese su primera mujer, tras un corto matrimonio que llegó a su fin tras 8 meses)Mi mujer está muy sensible (canción en la cual Guevara y Lennon no saben/quieren/debieran regresar, según la versión).

Nosotros le aplaudimos y le agradecemos su arte, su zurdo tocar, su poesía, esa que intenta nutrirse de sí misma, sin referencias, como el mismo Santiago afirma al mencionar el abandono de la lectura, para que su poesía sea más autosuficiente. Y, claro, le esperamos de vuelta.  Y ojalá esta vez con más público, como se merece. Porque no eres tú, Santi, somos nosotros (usted, yo y el/la de en frente); son estos días de mierda.

Canta la cigarra. Y su canto atrae tanto hembras como machos. Agrupa individuos. Y, se dice, que hasta canta para acortejar, por rivalidad y también por el dolor. Como usted, como yo.
Como Lázaro, como el Fenix, la cigarra vuelve a la vida. Dentro de la cultura China es un símbolo importante. Según la National Geographic existen cigarras que vuelven después de 17 años. Las otras, de las que sabemos más, vuelven cada año, junto al verdor del bosque y la hierba mojada.
Valiéndose de la cigarra, ese bichito que no es más grande que un dedo adulto, María Elena Walsh escribió una canción, Como la cigarra,  en la década de los 70, que luego recorrió el mundo en la voz de la Negra Mercedes Sosa.
Venía María Elena de hacer literatura infantil y se metió a grabar en el 72 el disco homónima a nuestra canción. Fue cantada por primera vez en el 75; y luego de que María Elena fuera censurada por la dictadura de Videla, Como la cigarra, se volvería un himno en tiempos de resistencia. ¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?
Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí,
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.
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La Argentina democrática luego la haría ciudadana ilustre e iría afianzando el camino a convertirse «mito viviente, prócer cultural (y) blasón de casi todas las infancias», a decir de Patricio Lennard. La prolífica María Elena dedicaría su vida a las tantos talentos que la vida le obsequió.
Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y seguí cantando.
La cigarra que llegase en 1979 a la voz de Mercedes Sosa se inmortalizaría ahí, como tantas otras canciones. La habría de incluir en seis discos. Y, en vivo, sería acompañada por artistas como Víctor Heredia, Leon Gieco, La Sole e Ismael Serrano en cantarla entre el delirio del público.
La música es una buena melodía, una buena letra y algo que nadie sabe quién es y es lo que realmente importa. Como la cigarra es un canto de amor a la vida, como lo son los poemas de Withman. Va más allá de quién la cante. Lo que la hace grande, digamos imprescindible, es su respeto por la existencia, ese que a la larga o a la corta todos vemos.  Tan simple como ello, pero invisible a nuestros sentidos. Los que hemos “resucitado” podemos dar fe de ello.  O quienes han visto/deseado que quienes amamos, lo hagan.
Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando
Sin más, Como la cigarra, en voz de Mercedes Sosa, Víctor Heredia y León Gieco, en Cosquín. 
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