“Una exposición antagónica, una novela gráfica y tal vez una película” son los planes a futuro de un hombre de 67 años de vida, nacido en Filipinas, pero español en la práctica.

Voy pidiendo Libertad y no quieren oír/ es una necesidad para poder vivir

Dos colaboraciones en dirección de cine, cinco exposiciones individuales de pinturas y tres colectivas, anteceden a la aventura musical que emprendería en 1967 y que mandaría al caño para dedicarle más tiempo a la pintura -su actividad consentida- y porque las presiones de las disqueras lo llegaron a sofocar hasta la renuncia. Volvería en 1973 a la industria musical, en promesa de absoluta libertad,  desencadenando al animal artístico que mora en él y que le llevo a escribir verdaderos himnos, entre ellos una apología de la masturbación (Así me reanuda la sangre/ tensando la carne dormida/ mis dedos aprietan, amantes/ un hondo compás de caricia); una oda al cunnilingus (lamiendo la miel salada que te fluye/ y quema mi lengua que vibra/ lasciva, entre savia y saliva/ majándolo todo…) y, desde la trinchera del sexo de la mujer, el constante reclamo a un mundo mercantilizado que renunció a la belleza (reivindico el espejismo/ de intentar ser uno mismo/ ese viaje hacia la nada/ que consiste en la certeza/ de encontrar en tu mirada/ la belleza…)

Luis Eduardo Aute, referencia obligatoria para entender el fenómeno de la música de autor de la segunda mitad del siglo pasado. Junto a Silvio, Serrat y Sabina, a mi juicio, representa a lo mejor del la música de contenido. Mientras Serrat es la voz del viejo sabio que dignifica la vida; Sabina, hace versos escalofriantes que el truhán  nos vende en discos; Silvio es sueño surrealista y un poeta necio que canta;  ¿y Aute?… Luis Eduardo es lo intangible, lo inexplicable, el encanto intermedio entre el morbo y el desnudo, lo que está entre penetrar y estallar. Si Aute recurre a cantarle al amor, es porque en el amor hay dolor, muerte, y por supuesto sexo y sudor.

Obertura, oferta y ofrenda/ de manjares y manantiales/ que manan de la Fuente de la Muerte

El arte de Aute no se puede entender sin el cuerpo desnudo de la mujer, este canalla, amante del cine, despierta al erotismo tras ver a Marylin Monroe en “Niágara”. Llega a casa, busca en el revistero alguna foto de la actriz, y con el deseo galopando pinta el cuerpo desnudo de la actriz, como le indica su imaginación

Su relación con Latinoamérica es tardía, llega por primera vez en 1992, después de 25 años de carrera musical. Aún así define a la región, como una tenue esperanza en el mundo. Este año visita por primera vez Bolivia en el afán de dar promoción a su más reciente producción musical – en más de 40 años de trayectoria musical-  que es  “Intemperie”, un reclamo a la sociedad de hoy, obstinada en destruir sus techos y suelos, para quedar en la intemperie y aferrarse a arañazos a lo que pueda.  Aute cantará en La Paz este Sábado 20 de Agosto, en el Teatro al Aire Libre y entre bromas prometió hacerlo por 6 a 8 horas, para ponerse al día con el público paceño, al cual este año lo vienen mimando exquisitamente con caricias de grandes artistas.

La cita está hecha, a cantar con el gran Aute, que en el abrazo de su música aún hay tiempo, aún hay tiempo para un soplo de alegría

¡Bienvenido Maestro!

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