Sin crítica, no hay debate

Ayer la Plaza Villarroel se quedó chica ante la presencia multitudinaria de sectores sociales y funcionarios públicos, para dar apoyo al Proceso de Cambio que encabeza el gobierno de Evo Morales.

El Presidente se dirigió a estos, transmitiendo su decisión de aperturar un nuevo debate para la agenda de desarrollo nacional. Invitó a todos los sectores a unirse a esta causa: intelectuales, colegio de ingenieros y abogados, empresarios, sectores sociales, campesinos, indígenas, originarios, etc. Además de ello, citó la famosa agenda de Octubre de 2003, mencionando que ésta ya se ha cumplido, si consideramos que la industrialización va en camino.

¿Cómo recibimos este llamado a un nuevo debate?. Primero habrá que notar que el Presidente y su entorno cercano, han caído en la cuenta de que su gobierno se está desgastando, no al paso de la crónica opositora, pero sí va de caída. Entienden que es necesario refrescar el discurso, rearmar las bases y en resumen, no perder el control del barco.

Al gobierno le quedan 3 años de mandato que tiene que cumplirlos democráticamente. En ese marco, un llamado a replantear el desarrollo del país, es saludable. ¿Pero, es esto posible?

El llamado de Evo a diferentes sectores de la nación es algo curioso en momentos donde más fragmentado está el bloque social. ¿Cuántos sectores del llamado pacto de unidad se han desprendido de Evo? ¿Cuántas simpatizantes, públicos o no, han dado la espalda a este proceso? Son muchos. Algunos se sienten traicionados, insatisfechos, otros habrán sido simplemente oportunistas, pero finalmente todos fueron descalificados.

Y es ahí donde me quiero detener. Es algo que en la mayoría coincide: el gobierno es alérgico a la crítica. No la tolera. Y califica a sus críticos de derechistas (a estas alturas sería bueno preguntarse ¿Qué coño es ser derechista?), neoliberales, imperialistas, resentidos…  Anula su crítica, y sin crítica, no hay debate.

¿Cómo entonces, sino es por medio de la crítica, se evalúa todo lo que se hizo, se encuentran los puntos débiles y a través de estos se plantean posibles soluciones? Y cuando me refiero a crítica, escribo tanto de la interna, como de la externa. De adentro, o en el interior del gobierno, dejando a un lado el discurso conspirador, asumiendo responsabilidades. Que diferente imagen proyectaría un gobierno que rebaje el tono de la victimización y sepa asumir responsabilidades, cuando le corresponden. Y la crítica tiene que venir de afuera también, mejor dicho tiene que ser recepcionada la crítica externa, de todos esos sectores que no encarnan a la “derecha reaccionaria”, ni a intereses foráneos en desmedro de Evo, de esos ciudadanos y ciudadanas que no se sienten representados por Movimientos Sociales, ni por mineros, ni por federaciones, pero que finalmente son tan bolivianos como otros.

Sólo así podemos sentar las bases de un debate nacional,  donde nadie sea visto como enfermo mental si propone menos estatización o apertura al mercado. Donde sea necesario que opositores dejen el vicio de tirarse de los pelos y golpearse contra el muro. Donde las puertas abiertas por el mismo Presidente no sean condicionadas por posiciones políticas cerradas, ya que eso haría del debate un círculo exclusivo y privilegiado, poco democrático.

No es lo mismo, pero es igual

Atrás quedaron las épocas donde los minibuses, micros, taxis, automóviles particulares traían en el vidrio de atrás impresas con tiza mojada el pronóstico del partido que habría de jugar la selección boliviana. 6-0, 2.0, 1-0, siempre a favor de los nuestros.

Después de la clasficación boliviana al mundial USA 94, las expectativas crecieron exponencialmente y con el paso del tiempo, a merced de presentaciones espantosas, fueron bajando hasta arrastrarse por los suelos, aunque siempre vivas. Atrás quedaron los Etcheverrys y compañía, aunque existe una nostalgia terca por ella.

Hoy comienza una nueva hazaña de los nuestros en el afán de hacerse de una plaza en el mundial de Brasil 2014. La expectativa no es la misma, la fe ha decrecido. Nuestro fútbol debe estar pasando sus peores momentos. Y todo eso pesa.

Sin embargo, la gente se da formas, algo les pica, por morbosidad o masoquismo, se acercan a las radios de emisión, se aglomeran en los restaurantes donde pasan en vivo el partido y se alegran y se enfurecen con lo que pasa con nuestros compatriotas vestidos de verde. Finalmente es Bolivia, la patria que amamos, aunque le demos duro por todo y por nada, pero que nos infla el pecho tarde o temprano. Todavía hay emoción. Como antes, aunque no sea lo mismo, es igual.

Nota. Mientrás escribo estas líneas Bolivia acaba de empatar ante Uruguay en Montevideo. Acá como seguramente en otros sitios, se lo festejó.