Ya están posesionados.  Conformado quedó el nuevo Organo Judicial de Bolivia, a casi tres meses de aquella noche del 16 de Octubre donde algunos compatriotas se  arrojaron a las calles a agitar banderas, reventar petardos y a gritar a voz en cuello que el autoritarismo estaba siendo derrotado.

No hubo oxígeno para más. Ahí quedó todo.

La campaña del voto nulo o voto pifiado, fue una muestra de coraje y unidad, amén de oportunismo y mezquindad. La población en general, supo transmitir el mensaje de casa en casa, sin interés alguno más que demostrar cuan emputada estaba con el gobierno, que por aquel entonces estaba jugando al verdugo con los marchistas del Isibore Secure. Así ganó el voto de rechazo (nulo + blanco + abstención), pero escrito estaba que eso no iba a alcanzar. Habrían de ser posesionados hasta con 130 votos.

Pero yo me pregunto qué hubiese pasado si con la misma ferocidad que se crearon afiches, pasacalles, poleras, insignias, logos; con la misma disciplina con las que se crearon grupos, eventos, fotos con 200 etiquetados en facebook, se hubiese procedido a defender por lo que se luchó, por lo que se gritó. Sólo me pregunto.

Lo cierto es que no fue así. El escenario político en Bolivia sigue siendo monopolio de quien tiene el poder y quizá de quien se atreve a dejar de lado su asiento y salir a dar batalla a las calles, a lo Octubre, no el del 2011, por supuesto.

Ahora pueden quemar su ingenio llamándoles como les plazca: MASistrados, Magistruchos o simplemente  olvidarlos e ir a la pesca de otra papa caliente con la cual derrochar “indignación”.

Y ya que estamos hablando del nuevo Organo Judicial, habrá que desearles suerte porque tienen en frente una tarea titánica y que sería según la editorial de La Razón, sería algo así: ” Con relación al trabajo que ahora les espera, de acuerdo con información oficial divulgada días atrás, quedan pendientes de resolución al menos 7.500 causas en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ); en el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) son cerca de 3.500 los casos; y en el Tribunal Agroambiental (TA), 1.500. A ellos se suman todos los procesos pendientes en el Consejo de la Magistratura (CM). Al respecto, la Ley 212 de Transición establece un plazo de tres años para concluir con los pendientes del TSJ, de 18 meses para idéntica tarea en el TCP y de un año para las causas no resueltas en el TA y el CM.”

Los nuevos magistrados prometen una nueva justicia, lo prometen con la emoción de quien, con sus copas encima, promete una nueva y mejor vida algún 31 de diciembre. Ojalá el destino no sea el mismo. Y ojalá tampoco seamos tan ingenuos de creer que porque la nueva presidenta del Consejo de la Magistratura apellide Mamani la justicia haya dado el giro necesario para ser medianamente creíble. Para eso tienen que pasar muchísimas otras cosas más y tambien mucho tiempo.

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