El puente

La noticia inundó el planeta: VOLARON EL RÍO MADRE DE DIOS. Lo que estaba predestinado a ser -según palabras del propio Presidente, el Dr Alan García Pérez- “la gran fiesta de los propulsores de la integración y el desarrollo sudamericano”, al devenir en tragedia de acero y cemento chamuscados, desató la mayor persecución política y militar que recuerde la historia de la Amazonía y del continente, sólo comparable a los años de plomo de las dictaduras militares cuando estaba en vigencia el llamado “Plan Cóndor” para perseguir guerrilleros de izquierda.

Ahora el perseguido en la mira se llama Comando Javier Herald (CJH), un grupo elusivo y por cierto desconocido hasta que se tomaron la osadía de derrumbar el primer puente construido en la Amazonía Sur Occidental que cruzaba -entre la ciudad de Puerto Maldonado y un caserío llamado El Triunfo- uno de los mayores ríos del planeta: El Amarumayu de los Incas, el Madre de Dios de los mapas actuales, afluente del Beni, a la vez confluente del Madera, a su vez afluente del gran Amazonas, el Río-Mar.

Pero el puente sobre el río Madre de Dios no era cualquier puente. Era la obra estrella de la IIRSA, la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Sudamericana, el mayor plan de apertura hacia los negocios que recuerde la historia de este lado del mundo y el tendido ingenieril sobre aguas tan míticas, no sólo creía representar la victoria del hombre sobre una naturaleza desbordante, sino el simbolo de esa vocación por “la civilización y el progreso” que también encarnaban todos los invitados a la inauguración.

Allá estaban, para la fiesta que no fue, en Puerto Maldonado, el ya nombrado Alan García, el antiguo “caballo loco” de la izquierda ochentosa, ahora devenido en liberal ortodoxo y que quería despedirse de su segundo periodo a cargo de la magistratura peruana, inaugurando el llamado Correador Bioceánico -un conjunto de carreteras que unen los dos oceános, desde Santos hasta Mollendo y de allí a la China, y que tenía en el puente, la cereza de la torta.

“¡Hijos de puta!” -dicen que dijo como intuyendo desgracias, cuando en paños menores, salió del cuarto del resort donde pernoctaba a la espera de los demás invitados y del amanecer que llegaba y oyó el primer estruendo. Éste tuvo lugar a las 5:57 de la mañana. El segundo fue un minuto después: 5:58. Las torres de concreto no demoraron nada en convertirse en polvo y disolverse como azúcar impalpable en las aguas claras de la corriente.

Ocho kilos de C4 dijieron los expertos de la inteligencia peruana y brasileña en el informe preliminar que brindaron una semana después de la hecatombe fluvial. Al oír el segundo bombazo, Alan, rodeado de guardaespaldas que no entendían lo que pasaba, corrió donde se alojaba Inacio Lula Da Silva, el ex y por dos veces presidente de o mas grande país do mundo y ahora firme candidato a suceder a Bai Ki Moon en la presidencia de la ONU. Lula descansaba en la habitación N° 13. Alan comentó a The New Yok Times: “Lula estaba dormido o con resaca. Mientras golpeaba frenéticamente para despertarlo, un coronelito llegó todo transpirdo con la noticia: habían volado el puente sobre el río Madre de Dios. fue ahí donde dije “Hijos de Puta” y no antes, como consignan algunos medios”.

La entrevista no tiene desperdicio, así que sigo transcrbiéndola: “Al final, Lula abrió la puerta, me miró con cara indescifrable mientras yo le contaba lo sucedido. Su primera reacción fue balbucear: “filhos de puta” y me pidió diez minutos para ducharse. Me encareció que le envíen un café bien cargado a su cuarto, guiñó un ojo y cerró la puerta”.

Dilma Rousseff, la futura presidenta de Brasil, habia pernoctado en una fazenda del Acre y estaba a punto de partir hacia Perú cuando la Iridium soñó con un pájaro agorero. Según Veja, Dilma casi se desmaya cuando Alan le narró la tragedia. Según la misma fuente, fue ella la que lanzó una de las comparaciones más audaces pero no por ello inverosímil: “esto se parece a la irrupción de los zapatistas, justo un día antes de la vigencia del TLC”. Dilma, que supo asaltar bancos con las armas en la mano como buena guerrillera, dio en el clavo, según los lectores comprobarán más adelante.

Evo Morales y Álvaro García Linera, presidente y vicrepresidentes bolivianos, se hallaban en la ciudad de Cobija, próxima a la frontera con Perú, también a punto de partir. La voz de Alan García soño áspera pero sin poder ocultar un matiz de vergüenza, según confesó el Vice a Cambio, un periódico de La Paz.

-Me dijo que habían volado el puente -relató días después Evo para la CNN- y que la inauguración se había cancelado. Que me esperaba para una conferencia de prensa con Lula y con Dilma, pero yo le dije que no iría, que lo enviaría a Álvaro que él está más comprometido con esas grandes obras de infraestructura y conoce mejor lo que es  el IIRSA- declaró el primer presidente indígena de Bolivia.

En Puerto Maldonado, García Linera expresó que la voladura del puente era un gran retroceso para todo el proceso de integración y el desarrollo de Sudamérica. -Ahora, nosotros haremos nuestro propio puente sobre el río Madre de Dios (el curso de agua es binacional NdelR). Vamos a ver si con nosotros se animan a volarlo – se jactó.

En la conferencia de prensa de marras, el aire se cortaba a daga. Además de Alan, Lula, Dilma, García Linera, se encontraban presentes Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarollo, Enrique García, presidente de la Cooperación Andina de Fomento, y unos quinientos empresarios de una treintena de naciones. Los rostros iban de agrio a agrio oscuro. Un agro bussinessman argentino fue elocuente: “vinimos con ganas de comer y nos vamos con el cuchillo y el tenedor en los bolsillos. ¡Qué decepción más grande! ¿Cómo nos hace esto Alan García?”. La confusión también era evidente.

Alan García, por su parte, el rostro tallado a hachazos de furia, fue taxtativo: “los responsables de este atentado serán perseguidos, serán enjuiciados, serán castigados, cueste lo que cueste. Perros del hortelano” -espetó, reinstalando su famosa diatriba que lanzó contra los indios amazónicos del Perú, según él, los máximos opositores a los planes de desarrollo y el IIRSA. Pero esta vez, los acusados no eran los aborígenes, sino los miembros del CJH, el Comando Javier Heraud, el grupo de revoltosos más buscados de Sudamérica, el grupo de aguafiestas más buscados del planeta.

***

Si me permití tan extensa y florida introducción es porque el plato principal lo amerita. Sonó el teléfono de mi casa y tras dos combinaciones de vuelos regulares, un vuelo en una avioneta destartalada, catorce horas en jeep y dos días en canoa, obtuve lo inesperado: una entrevista con la compañera Amílcar, una de los miembros del enigmático (hasta ahora) Comando Javier Heraud. Sé que es histórico este encuentro, así que lo transcribiré in extenso, de nada a los servicios de inteligencia.

—Antes que antes, antes que nada, quisiera hacer una primera pregunta de rigor y de memorioso: ¿el nombre del comando es un homenaje al autor de Yo no me río de la muerte?

—Sí, obviamente. Creímos que era la mejor manera de dignificar y honrar a un colega que había sido asesinado en el mismísimo Puerto Maldonado.
—Es inevitable… entonces… ¿por eso volaron el puente? ¿Un homenaje al poeta Javier Heraud?

—De alguna manera sí, es un tributo a su memoria, porque igual que Javier somos poetas pero, en realidad, al
puente no lo volamos por él, lo volamos por los pueblos de la selva y por antiestético.
— ¿Por antiestético? Aclare por favor…
—Sí, ¿a quién se le ocurre hacer un puente sobre un río tan bello para que pasen mil quinientos camiones por día cargados de soya transgénica, producida en territorios donde antes había selva que ha sido devastada y donde antes vivían compañeros indios que han sido aniquilados y sufrido genocidio?
Es la respuesta más extraña que haya esperado encontrar en mi vida, así que la cosa merece contextualizarse un poco más.Tardé cinco días en llegar aquí, o sea al lugar donde entrevisté a Amilcar. Me animé a hacerlo porqué cuando les pregunté por-qué-justo-yo-para-la-entrevista-masbuscadadelaTierra, me dijeron: usted no es radical, pero es sensible, y eso me convenció. Deben ser buena gente, pensé, confieso, y tomé el primer avión. Ahora estoy en “algún lugar del mundo” y frente mío la compañera Amílcar (¿Por qué si eres mujer llevas nombre de varón? Líneas de fuga, hermano, avispa, orquídea, gato…estoy cansada de cien mil años de capitalismo, cien mil años de hipocresía, cien mil años de genocidio… y aparte por Amílcar Cabral, ¿te queda claro?), que viste casi como yo –un pantalón de algodón, una polera (la mía tiene impreso a Bob Marley; la suya, en cambio, es de tela estampada de camuflaje de selva), zapatillas (las mías son Nike originales; las suyas, una imitación taiwanesa)– pero que, supongo, y de antemano, estamos en antípodas ideológicas, por eso le pregunto y a rajatabla si no están reiniciando “la guerra popular y prolongada” en la selva:

—Nada que ver. Ese tipo de enfrentamiento estuvo bien para Mao y estuvo bien para China a la mitad del siglo XX. Nosotros, viejo, no somos maoístas, me hace mear de la risa la CIA cuando dicen que somos Sendero Luminoso. Respetamos a Sendero, siglo XX, Perú, pero nosotros, ya lo dije, somos poetas, siglo XXI, aquí y ahora, poetas…Poetas. Poetas. Poetas. Mi cabeza se dispara a seis mil millones de años luz para tratar de entender. Impactan sobre mi Maiakovski, Artaud, Urondo.

Pregunto:

—Poetas que asumen la lucha armada… digo ¿como Javier Heraud?

—No. Poetas que hacemos poesía como más y mejor nos nutra la poética de donde mamamos, de donde podemos mamar. Ya te lo he dicho, chico, nos cansamos de tanta estupidez y tanto desgarro. Creemos que lo del puente es,por sobre todo, un hecho estético. Un poema, su voladura. Escribimos sobre la piel del mundo, un poema. Raspamos ese poema de toda esa vorágine descabellada, nos sumergimos en el río para encontrarlo… un poema contra los antipoetas, los anti-poemas, los anti-mundo. No tuvimos miedo de morir…

—“entre árboles y pájaros”, ¡el poema de Heraud!
—¡Claro, pues!… si tuviéramos miedo de morir en la selva, nunca hubiéramos volado ese puente de mierda pero lo volamos y bueno… aquí estamos, ¿qué más quieres que te responda?– se levanta de su silla y me pregunta si quiero café o alguna hierba para hervir que no me acuerdo el nombre y yo la miro y sé que estoy frente a la jefa de los buzos que se volaron el puente en Puerto Maldonado: la mujer, el hombre (Compañera Amílcar es un compuesto andrógino por decir algo), más buscado de los más buscados del mundo por todos los que defienden el mundo tal como es y que seguirá empeorando, eso es seguro.

***

Todos se preguntan cómo volaron el puente y estoy frente a la jefa de los buzos operativos que lo reventó, así que le lanzo sin tapujos:
—Che, ¿lo volaron con C4?
—No… con TNT, clásico.
Me explica –es ardua la técnica– que lo combinaron con nitrato amónico porque sabe absorber agua y era lo mejor, dadas las circunstancias.
—Mira, el tema no son los explosivos, tenemos una capacidad ilimitada de producirlos, un químico austríaco,
solidario el tipo, era ecologista el hombre y el último ciervo de Austria se murió entre sus manos y se decepcionó del sistema y se contactó con nosotros. El puede fabricar la bomba atómica si quisiera pero, desde ya, eso está descartado por motivos éticos. El nos enseñó todo sobre demoliciones. Hicimos un curso con el WaynaIllapa, así le bautizamos con su nombre de guerra (NdelR: pequeño rayo en los Andes) en una playa del río Inambari…

Me sacudo de mi ensimismamiento: estoy frente a una que dice ser poeta y pone bombas, destruye puentes… le pregunto, secamente, y me enojo:

—Está bien, TNT, el austriaco y todo el rollo, pero decime: ¿Qué carajo tiene que ver todo esto con la poesía?
Ella, ella es capaz de cualquier cosa (al fin y al cabo, había volado el puente del IIRSA, de los empresarios más poderosos de Sudamérica, de los gobiernos que los secundan, de los bancos multilaterales que los financian… recuerdo las caras largas de Alan, de Lula, el sin rubor de García Linera… ¡habían demolido el puente! Y yo con ella, en algún lugar del mundo, ¡entrevistándola!) y me contestó:
—Rimbaud.
Me puse violeta, sentí caracoles o estampidas o que se yo.
—Rimbaud, cojudo. La voladura del puente yo la hice por Rimbaud, no por Heraud. Es algo personal, por si acaso: la hice contra Rimbaud.
Ella/el, entons, me explica porqué y habla pestes contra el Arthur de Abisinia traficando cuerpos y muriéndose de su propia gangrena antipoética y porqué una cosa es llamarse Comando Javier Heraud y otra cosa, muy diferente, es hacer un ataque pensando en o en homenaje a JH:

—El pibe se vino a morir a la selva y eso es conmovedor, lacerante y conmovedor. Pero yo no quiero morir y menos en la selva. La selva es de los indios y de nadie más. La idea de volar el puente tiene un solo mensaje: NO PASARÁN. Nadie más que los originarios de la selva deberían vivir en la selva…Cortante, precisa, elocuente. Le empiezo a creer a Amílcar.

***

Imagina una selva sin árboles: es imposible. No sería una selva. Imagina una selva quitándole todo lo que no vino de la selva, es decir, para empezar a los que arrancan o queman árboles, y después las carreteras, la ropa que usa la gente, los televisores, las ciudades donde vive esa gente con sus televisores, las vacas, los hijos de puta que meten vacas en la selva después de tumbarla, y beben whisky y son dirigentes políticos y cuando tienen poder y cuando no lo tienen también, matan indios y matan gente pobre y todo lo demás también. Si pudiéramos hacer rewind, nos hallaríamos deseando sólo la selva con árboles, con ríos, con tapires, con indios y con algunos hombres y mujeres que aman a la selva y con nadie más. Más o menos así es el proyecto político, digo poético, de Amílcar y sus compañeros. Más o menos así. Creo, con la compañera Amílcar, que si es selva debería haber árboles, que si no, no sería selva. Un lugar sin árboles que cosa sería: ¿un desierto acaso? Vean el Acre brasileño, por si dudan.

***

La entrevista tiene lugar en una choza en… ¡el fin del mundo! Pero, hay signos culturales que me inquietan y por eso pregunto, por un algo así como un altarcito que veo entre las ramas donde entre piedritas (reconozco un jade) y plantitas (¿serán mágicas?) veo cuatro fotos: uno es Chico Mendes, lo veo nítido con su eterna sonrisa, el mártir ecologista de ¿otro planeta?
—No, hermano, nosotros no somos ni Avatar ni menos de Saturno, esas son pajas… nosotros somos de acá– me esputa Amílcar, casi con desprecio. Puede ser despreciable, lo asumo.
—Sí, el del medio es Chico, muy inspirador. Si nosotros hubiéramos estado activos cuando luchaba, no dudes que lo hubiéramos defendido y tal vez hoy fuera uno de nuestros dirigentes… aunque andá a saber si hubiera aprobado lo del puente…

¡Qué osadía, carajo! Pero lo pienso a Chico vivo –así no hubiese estado de acuerdo con volar el puente- y me complace más que saberlo muerto, asesinado por los hijos de puta de siempre… mierda, desconfío de mí, ¿será que me han drogado estos locos?

—A la izquierda de Chico, y no tiene connotaciones de ninguna clase por si acaso eso de la izquierda (en mi atolladero mental lo pienso pero Amílcar se encarga de connotarlo), están Quintín Lame y Jaime Bateman, dos de Colombia, dos de ese lado– veo un arco iris de ilusiones mezcladas, veo el fin del mundo donde estoy y me empieza a parecer un lugar agradable, no veo, veo, no veo, veo, siento…—y a la derecha, esta él…
Y lo veo, martirizado, acribillado, irremediablemente
muerto.—Javier Heraud… Los poetas también tenemos derecho a sublevarnos.

***

El 21 de junio de 2011, el Comando Javier Heraud voló el puente sobre el río Madre de Dios. Le aguó la fiesta a Alan García, a Dilma, a Lula, a Evo, a los empresarios del mundo uníos que hay que conquistar la Amazonía. Dicen que casi todos dijeron lo mismo: ¡qué hijos de puta cómo nos van a volar el puente que queríamos tanto!(¡Como a Glenda!) ¡Cómo nos van a demoler nuestros sueños de ser suizos o noruegos o una manga de imbéciles y traidores con derrota y sin destino?

***

Hoy, ¿es el día de ayer? y yo no sé si estoy en la choza hablando con Amílcar o donde estoy. De lo único que estoy consciente es que han demolido el puto puente. Lo demás me importa un carajo. Mañana es mejor.

Río Abajo, 11 de octubre de 2010

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¿Qué hay detrás de las declaraciones de Cocarico?

Obra de Abel Bellido Córdova (Abecor)

A Eugenio Rojas un día de marzo se le ocurrió sugerir, ignorando la CPE, que la tortura se legalice en ciertos casos. Cuando la crítica de adentro y afuera del poder le cayó encima, medio que se arrepintió, medio que no. El hombre fuerte del gobierno: Juan Ramón de la Quintana, mandó a Leopoldo Férnandez a dormir junto a los gusanos. No se inmutó. Hoy nuevamente forma parte del Poder Ejecutivo.

Ambas declaraciones, entre otras muchas, no se hicieron realidad: ni se torturó, ni Leopoldo está bajo tierra. Palabras, nada más. Antes de ayer Eugenio, ayer Juan Ramón, hoy César.

El Gobernador paceño, César Cocarico, amenazó con mandar a colgar a quienes se opongan al proceso de cambio encabezado por el Presidente Morales. Un par de días después se arrepintió. La oposición, medios de comunicación y la gente de a pie, rápidamente desaprobaron las palabras de Cocarico. No es para menos.  El llamamiento a desaparecer al enémigo político es tan retrógrada que tiene semejanza a aquella vieja y conocida  amenaza de quien fue Ministro del Interior del gobierno dictatorial de García Meza.

Se asemejan pero por nada son iguales. Aunque las nefastaas declaraciones de Cocarico parecen más osadas y fulminantes, son sólo palabras y nada más. Lo del testamento bajo el brazo, no. Eso se materializó con vidas humanas.

Los tiempos son otros. Nadie va a colgar a nadie. Aunque el vocero tenga toda la intención. Ya no. Por eso, señor opositor, sientáse tranquilo que no le van a medir la talla del cuello. Cuando más será usted correteado políticamente, que tampoco es poca cosa.

Dicho eso,  cabe preguntarse ¿por qué  las autoridades realizan declaraciones de ese tipo? ¿qué los mueve? Alguien dirá que el revanchismo, otro se inclinará por el salvajismo de una clase popular poco “civilizada”. Pero quizá la respuesta es más natural que todo ello: la borrachera del poder. La sensación de inmunidad que es inversamente proporcional al respeto por el otro; los desesperados reflejos de aferrarse a la mamadera demostrando lealtad, o sea llunk’erío, puro y duro.

No son cosas nuevas, ya se han visto y se seguirán viendo…