Ismael Serrano, el inicio.


Cuando escuché a Ismael Serrano en disco, me pareció un buen artista, pero nada más. En 26 de agosto, después de un concierto fascinante, Serrano me parece un cantautor vital. Entre el Serrano del disco y el del escenario hay una agradable sopresa. El español es un artista con mayúsculas.

En mayo del 2009, Al vent (Al viento, en castellano) cumplió 50 años de haberse escrito. Canción de resistencia, escrita en catalán por Raimon. Al régimen fascista del dictador español Franco, le parecía de mal gusto porque llenaba de pájaros la cabeza de la juventud española y porque estaba cantada en catalán. A pesar, o quizá precisamente por ello, Al vent se volvió en un himno de la década del 60. Y ahora ya nadie canta al Vent, ya no hay locos ya no hay parias.
“Se echó en brazos del sistema renunciando a todo sueño posible”, 
dice Daniel Serrano, hermano de Ismael y dueño de la letra de la canción más popular del español, en referencia de la juventud del 68 que sacudió a Europa y el mundo. La canción es papá cuéntame otra vez y es la base del trabajo de Ismael, digamos la premisa.

“Dicen que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo”, ironizó sobre el escenario de La Paz, Bolivia. Sin embargo, Ismael cree que se puede crecer con los sueños intactos, con ayuda de la poesía, de la canción. Por eso escribe, canta, monta el Café de los Recuerdos, bromea, dirige a sus músicos. Se entrega.

Son las 21 horas con 10 minutos, el Café de los Recuerdos cobra vida. Barriendo, aparece en escena Ismael Serrano mientras comienza a cantar Semana, hija de de Todo empieza y todo acaba en ti. Con una soltura confortante el espectáculo va creciendo en emoción, intensidad y complicidad. Son casi tres horas de concierto, de bromas, comentarios terriblemente lúcidos, canciones que son historias cargadas de poesía.

Es realmente impresionante la manera en la que el español se maneja. Habla con soltura, canta con pasión. A su izquierda está, al teclado, Jacob Sureba; a su diestra,  Javier Bergia, un simpático personaje desempleado (como el 52% de los jóvenes en España), que sin decir mucho se roba el cariño del público paceño. Al fondo un barman, en silencio, oye todo. El bar se ha vuelto nuestra casa. Cuando a Ángeles Teresa, natural de Aragón pero instalada en Barcelona, le preguntan de dónde es, ella responde: De donde coman mis hijos. Uno de sus hijos se llama Joan Manuel Serrat. Serrano dice que uno es de donde le dan de beber, como en el bar, nuestro bar.

El café de los recuerdos

¿Las canciones? Ya ves, Caperucita, Recuerdo, Eres, Amores imposibles, Ultimamente… De las nuevas destaco esa maravillosa pieza titulada Hija de Lilith y también Mañana porteña en Madrid, compuesta por el padre de Serrano. Las canciones estuvieron ahí, como tenían que estar. Fueron una excusa para conocer más a este cantautor que no llega a los 40 años, y que ojalá se vuelve un visitante asiduo de nuestra La Paz.

Lleno y vacío, así sale uno del 16 de Julio: Lleno, aunque mejor recargado. Vacío,  aunque mejor desahogado. Fruto de esa aparente paradoja uno no tiene mucho que decir. En silencio va camino a casa, sabiendo, como el Señor Bergia, que hay esperanza.