Para la libertad.

Me llamo barro, aunque Miguel me llame.

Barro es mi profesión y mi destino

que mancha con su lengua cuanto lame.

Joan Manuel Serrat musicalizó veinticuatro poemas de Miguel Hernández, sólo uno no fue publicado. Historia conocida, del disco 1978, también fue musicalizado, aunque éste no sea de autoría de Hernández, sino de José Agustín Goytisolo, dedicado a la memoria del poeta de Orihuela. En la Obra de Serrat desfilan versos de: Machado, Benedetti, Jaime Sabinés, José María Fonollosa, Joan Salvat Papasseit. Machado y Hernández, siempre han resultado los más valiosos para el catalán, tanto por cómo la opinión pública así lo percibe, como en la evidente influencia de ambos poetas en el estilo lírico de Serrat.

En 1972, Joan Manuel Serrat, grababa el disco llamado sencillamente Miguel Hernández, era la época más creativa de un Serrat que venía de grabar Mediterraneo, disco cumbre de Joan Manuel y posiblemente de la música española. La crítica, en su momento, no fue muy amable con el disco homenaje a Machado (aunque a estas alturas ya esto poco se recuerde o importe). Con los poemas del perito en lunas, la experiencia habría de ser otra. Como define José María Íñigo en una revista de aquella época, el Serrat de 1972, era un hombre ya mayor, no físicamente hablando, sino en sabiduría y en madurez. Fe de ello pueden dar artistas de la talla de Santiago Feliú o Mercedes Sosa que se han sorprendido ante la capacidad de expresión de un artista que no había llegado a los 30 años. Volviendo a Íñigo, éste decía que a Serrat le faltaban veinte años de experiencias para transformarse en un señor de la canción al estilo de Brassens o Jacques Brel. Han pasado más de veinte años y la inmortalidad del catalán-sudaca-español no está en duda.

Pero ponerle música a Miguel Hernández nunca fue una labor sencilla. Principalmente porque para el régimen franquista, Miguel Hernández, seguía siendo un criminal, por ser parte de las filas republicanas en la Guerra Civil que acabó con la Segunda República, por eso fue muerto en las cárceles que dejo a su paso la (triste) guerra. Hernández murió de tuberculosis, fruto del descuido al que fue obscenamente entregado, en una cárcel de Alicante, a la corta edad de 32 años. El primer hijo se la había muerto y al segundo, junto a la madre y mujer de Miguel,  la pobreza les consumía. De esta desgracia nace uno de los poemas más conocidos y conmovedores: Las nanas de la cebolla, que también estaría incluido en el disco de Serrat, aunque la música se la puso el argentino Alberto Cortez. La vida del poeta fue de mucho dolor. De oficio pastor, aprendió el oficio de escribir poesía sin que nadie le enseñe las formas convencionales. Junto a las cabras, pastos y campo, Hernández se iniciaba en la lectura de los poetas del Siglo de Oro y escribía sus primeros poemas. La historia, corta y desgarradora, de este joven poeta, es una auténtica lección de vida. 102 años han pasado desde que Miguel Hernández llegara a la vida; no se ha ido, no se irá. Es el Rayo que no cesa.

Cuando murió, su obra impresa no llegaba a las 500 páginas. A 200 se reducieron por censura del franquismo. Luego se quintuplicaron a 1000 en los años 60, fruto a editoriales argentinas que trabajaron con los textos del poeta. De ese millar, Serrat cogió un puñado de poemas con mucha pesadumbre, que mostraban a un Miguel Hernández marcado por las heridas (del amor, de muerta y de vida), en su mayoría. Para la libertad, no.

Para la libertad, canción mítica del cantautor catalán, es en realidad la musicalización del poema El Herido, del libro El hombre acecha, escrita entre 1937 y 1939. Y que está dedicada al muro de un hospital de sangre. El poema consta de dos partes, la primera Serrat la omitió; la segunda, salvo una pequeña estrofa de cuatro versos, es la letra de nuestra canción. Decíamos que no está hecha de dolor y heridas. Es un poema escrito a la vida. Al renacer del propio combatiente que busca la libertad y que por ella misma se regenera en cuerpo y alma.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,

ella pondrá dos piedras de futura mirada

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

en la carne talada.

Fuera de su contexto original Serrat la entonó en los escenarios de España y Latinoamérica, cobrando una fuerza esplendorosa en el canto de quienes privados y privadas de libertad supieran hacer de ella un himno. Para quienes, hombres y mujeres valientes, como un árbol talado, que retoño, aún tienen la vida.

Nuestro homenaje es a ellos y ellas. Al poeta. Al cantautor. A quienes entienden la libertad como la vida misma. De Hernández hay mucho de qué hablar, volveremos a él pronto. Mientras tanto, Para la libertad, en voz de Serrat.

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Óleo de una mujer con sombrero

Una mujer innombrable huye como una gaviota.

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Óleo de una mujer con sombrero como pieza entera es una joya. A pedazos lo es más. Al “deshacerla”, podríamos construir casas, comer pan y repartir la luz, como la poesía de Neruda. Me explico.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan
a amores, ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Seis versos, de larga trayectoria. Incansables, vienen y van, de pared en pared, de boca en boca, de carta en carta. Mientras cree, destruyendo, ahí estarán.

Podríamos ir desmenuzando la pieza de Silvio, pero con lo anterior basta para dar fe de lo expuesto al inicio de este post. Todas serían sonrisas hasta toparse con aquello del óleo de Chagall que refiere a una mujer con sombrero.

A las canciones de Silvio, quizá por el surrealismo que sobre ellas están regadas, se las ha dado múltiples significaciones. Por ejemplo, el unicornio extraviado del cubano, según las interpretaciones, ha pasado de ser el régimen castrista a ser un pantalon jean. Ojalá, ha corrido la misma suerte, aunque ésta claramente tergiversada en afanes políticos. Óleo…, lo propio. En un sitio web cuya finalidad es compartir el significado de las canciones del trovador cubano, a falta de un dato revelador que exponga una verdad, el autor, de la página, se monta en la empresa de dar significado a la canción, llegando a la conclusión de que el sombrero de la mujer representa el marido. Parece que la pieza se formara. Aunque luego, según se puede observar, el mismo Silvio explicaba que la canción estaba basada en los cuadros del pintor francés de origen bielorruso: “Uno de mis primeros oficios fue el de dibujante: hacía historietas cómicas. Y de ahí me nació una afición, un amor en general hacia las artes plásticas. Recuerdo que me gustaba mucho especialmente un pintor ruso llamado Marc Chagall, quien vive todavía. Me gustaba por la fantasía, por el colorido, por la figuración tan personal y característica de su pintura. Recuerdo también que una vez descubrí un cuadro de él que entre otras cosas representaba a una mujer con un sombrero blanco y una pluma colorada, que me gustó mucho; y también recuerdo, valga la redundancia, que unos años después en, en los carnavales de La Habana de 1970, conocí a una mujer con un sobrero blanco y una pluma colorada que me gustó mucho más. Por eso siempre digo, cuando canto esta canción, que se debe a mi afición a las artes plásticas. Y por eso también la titulé Óleo de mujer con sombrero”.

Escrita en 1970, fue publicada en 1978 en el álbum Al final de este viaje. Compartiendo espacio con Ojalá o Canción del Elegido, el Óleo de una mujer con sombrero ha sabido sobresalir más allá del morbo de qué significa precisamente lo de la mujer corrompiéndose al centro del miedo. Especialmente bella resulta la versión junto a Pablo Milanés, en vivo, en la Argentina que recibía a las voces hasta hace poco censuradas por la dictadura.

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Sabrá Silvio qué quiso decir con ello. Aunque pareciese que la referencia del sombrero algo significa en el universo de Silvio. Mujer sin sombrero, Dibujo de mujer son sombrero, Detalle de una mujer con sombrero, son también título de algunas composiciones del trovador. Como la gaviota, nuestra canción huye de un sentido lógico y claro. Qué más da.

Ahora, lo serio:

Una mujer son sombrero, como un cuadro del viejo Chagall.

¡Estremecedor!

No eres tú

Crónica del concierto de Santiago Feliú en La Paz Bolivia del 9 de Noviembre del 2012


¿Qué pasaría si Silvio Rodríguez llegase a Bolivia uno de estos meses? Es probable que las entradas para tal hipotético concierto se acabaran en cuestión de horas, inmensas colas de por medio. ¿Verdad? Y está bien que sea así. No menos se podría esperar. Es que es Silvio. Un símbolo: de revolución y poesía. Es leyenda. Pero resulta que existen otros artistas tan talentosos como el aprendiz de brujo, y hasta son paisanos y amigos suyos, aunque despojados de aquel simbolismo . Y parece que eso no llama la atención. No acá. O qué otra cosa puede explicar la evidente ausencia de público en el Teatro Municipal la noche del viernes 9 de noviembre para oír al músico Santiago Feliú.

Puede que sea 9 y no te hayan pagado tu sueldo, y entonces dices no hay platita. Pero resulta que la entrada más económica te costaba 50 bolivianos. Una ganga comparada con la entrada más económica de conciertos similares al nuestro. Puedes también decir que medio que no conoces su música -aunque esto no debería ser ni de lejos “excusa” alguna, ¿acaso las evidentes referencias de Feliú no invitan a pensar que el cubano tiene algo interesante qué decir con su música?.  Y sí, puede que Santiago no te haya llegado en CD por aquello de que sólo se importa música comercial y la piratería tampoco te haya hecho el favor. Es cierto. Tampoco Feliú es popular, en Youtube sus vídeos no llegan al millón de visitas. Tampoco sus frases están circulando por las redes sociales como pólvora encendida. Entonces no le conoces y ello es absolutamente comprensible.

Ahora bien, resulta que tú eres de los/las que cree que la música es un arte y no un espectáculo. A menudo te fastidias con la canción comercial, vacía, efímera. Dices priorizar la letra por sobre muchos aspectos. Eres de los que amanecería por una entrada al mencionado concierto de Silvio, ya ni hablamos de Sabina (la mención al de Úbeda acá no es nada casual). Pero no le das una oportunidad a Santiago Felíu porque no es un símbolo, no es popular (dentro de lo “impopulares” que suelen ser los/las cantautores/as). Parece que todavía crees que un concierto es una especie de Karaoke-discoteca, dónde es obligatorio saberte las letras de las canciones para cantar voz en cuello los hits de quien está encima del escenario. Y éste alabe a tu ciudad y no se canse de darte las gracias por tu presencia, como manda el guion. Pues si piensas así, puede que hayas escogido bien en no ir al Municipal el viernes porque lo que teníamos en frente era un Santiago Feliú de pocas palabras, frío, sólido e imponente como un Iceberg. Y que pese a ello, o quizá precisamente por ello, te impacta con su estilo de parir la canción.

El cubano empezó con Ay, la vida y terminó con Vida. Y en medio de ambas tocó el piano y con él interpretó ¿A dónde van? de su maestro Silvio. Segundo gran momento de la noche. Y luego volviendo a su guitarra recordó a quien ya se fue algunos años atrás y que junto a su hermano y otros crearon aquello llamado la Nueva Trova Cubana, a finales de los años sesenta: Noél Nicola, de quien interpretó Llueve en agosto de 1981. Fue Noél Nicola quien prologaba su primer trabajo, allá por 1986, Vida, diciendo de Santiago algo que llama la atención desde que le ves tocar, y que no es otra cosa sino la forma de tocar la guitarra: con la siniestra. “No hay error. Santiago toca ‘a la zurda’… ¡por partida doble! El coloca la guitarra para tañer con su mano izquierda y formar las notas y acordes sobre el diapasón con su mano derecha, ¡pero no le cambia el orden a las cuerdas! ¡las deja ‘a la derecha’!. Así le quedan los bajos ‘abajo’ y los agudos ‘arriba’. He visto antes a algún guitarrista zurdo tocar así, pero en lo que alcanza mi experiencia, ninguno que lo hiciera así de bien, llenando tanto el espectro de posibilidades del instrumento y eso, claro, con una técnica que ha tenido que inventarse el solito. La primera impresión suele dejar atónito a todo el que pueda entender un poco lo que él se trae, precisamente, entre manos. Esta forma de guitarrear genera algunos timbres especiales y un ‘sentimiento’ armónico propios que han marcado la creación de Santiago y que él ha ido desarrollando en sus composiciones posteriores.”

Con Despojos, Sin tanta soledad o Planeta Cuba destiló su esencia: tocando con una fuerza impresionante la guitarra, casi golpeándola, sin que esto rompa la estética creada. Entre tanto, su voz, que de un momento a otro se hace tan potente y emotiva que  enchina la piel, trepaba hasta las casi vacías butacas del Teatro Municipal. Butacas que tuvimos que abandonar quienes decidimos estar ahí para cambiarlas por el sector platea, tras una pausa que tuvo el concierto, donde todos nos posicionamos con más comodidad. Volvió Feliú, y con él quizá las canciones más esperados por su público: Ansias del Alba (escrita en memoria de los desaparecidos de América Latina),  Bárbara (dedicada a quien fuese su primera mujer, tras un corto matrimonio que llegó a su fin tras 8 meses)Mi mujer está muy sensible (canción en la cual Guevara y Lennon no saben/quieren/debieran regresar, según la versión).

Nosotros le aplaudimos y le agradecemos su arte, su zurdo tocar, su poesía, esa que intenta nutrirse de sí misma, sin referencias, como el mismo Santiago afirma al mencionar el abandono de la lectura, para que su poesía sea más autosuficiente. Y, claro, le esperamos de vuelta.  Y ojalá esta vez con más público, como se merece. Porque no eres tú, Santi, somos nosotros (usted, yo y el/la de en frente); son estos días de mierda.