Crónica del concierto de Santiago Feliú en La Paz Bolivia del 9 de Noviembre del 2012


¿Qué pasaría si Silvio Rodríguez llegase a Bolivia uno de estos meses? Es probable que las entradas para tal hipotético concierto se acabaran en cuestión de horas, inmensas colas de por medio. ¿Verdad? Y está bien que sea así. No menos se podría esperar. Es que es Silvio. Un símbolo: de revolución y poesía. Es leyenda. Pero resulta que existen otros artistas tan talentosos como el aprendiz de brujo, y hasta son paisanos y amigos suyos, aunque despojados de aquel simbolismo . Y parece que eso no llama la atención. No acá. O qué otra cosa puede explicar la evidente ausencia de público en el Teatro Municipal la noche del viernes 9 de noviembre para oír al músico Santiago Feliú.

Puede que sea 9 y no te hayan pagado tu sueldo, y entonces dices no hay platita. Pero resulta que la entrada más económica te costaba 50 bolivianos. Una ganga comparada con la entrada más económica de conciertos similares al nuestro. Puedes también decir que medio que no conoces su música -aunque esto no debería ser ni de lejos “excusa” alguna, ¿acaso las evidentes referencias de Feliú no invitan a pensar que el cubano tiene algo interesante qué decir con su música?.  Y sí, puede que Santiago no te haya llegado en CD por aquello de que sólo se importa música comercial y la piratería tampoco te haya hecho el favor. Es cierto. Tampoco Feliú es popular, en Youtube sus vídeos no llegan al millón de visitas. Tampoco sus frases están circulando por las redes sociales como pólvora encendida. Entonces no le conoces y ello es absolutamente comprensible.

Ahora bien, resulta que tú eres de los/las que cree que la música es un arte y no un espectáculo. A menudo te fastidias con la canción comercial, vacía, efímera. Dices priorizar la letra por sobre muchos aspectos. Eres de los que amanecería por una entrada al mencionado concierto de Silvio, ya ni hablamos de Sabina (la mención al de Úbeda acá no es nada casual). Pero no le das una oportunidad a Santiago Felíu porque no es un símbolo, no es popular (dentro de lo “impopulares” que suelen ser los/las cantautores/as). Parece que todavía crees que un concierto es una especie de Karaoke-discoteca, dónde es obligatorio saberte las letras de las canciones para cantar voz en cuello los hits de quien está encima del escenario. Y éste alabe a tu ciudad y no se canse de darte las gracias por tu presencia, como manda el guion. Pues si piensas así, puede que hayas escogido bien en no ir al Municipal el viernes porque lo que teníamos en frente era un Santiago Feliú de pocas palabras, frío, sólido e imponente como un Iceberg. Y que pese a ello, o quizá precisamente por ello, te impacta con su estilo de parir la canción.

El cubano empezó con Ay, la vida y terminó con Vida. Y en medio de ambas tocó el piano y con él interpretó ¿A dónde van? de su maestro Silvio. Segundo gran momento de la noche. Y luego volviendo a su guitarra recordó a quien ya se fue algunos años atrás y que junto a su hermano y otros crearon aquello llamado la Nueva Trova Cubana, a finales de los años sesenta: Noél Nicola, de quien interpretó Llueve en agosto de 1981. Fue Noél Nicola quien prologaba su primer trabajo, allá por 1986, Vida, diciendo de Santiago algo que llama la atención desde que le ves tocar, y que no es otra cosa sino la forma de tocar la guitarra: con la siniestra. “No hay error. Santiago toca ‘a la zurda’… ¡por partida doble! El coloca la guitarra para tañer con su mano izquierda y formar las notas y acordes sobre el diapasón con su mano derecha, ¡pero no le cambia el orden a las cuerdas! ¡las deja ‘a la derecha’!. Así le quedan los bajos ‘abajo’ y los agudos ‘arriba’. He visto antes a algún guitarrista zurdo tocar así, pero en lo que alcanza mi experiencia, ninguno que lo hiciera así de bien, llenando tanto el espectro de posibilidades del instrumento y eso, claro, con una técnica que ha tenido que inventarse el solito. La primera impresión suele dejar atónito a todo el que pueda entender un poco lo que él se trae, precisamente, entre manos. Esta forma de guitarrear genera algunos timbres especiales y un ‘sentimiento’ armónico propios que han marcado la creación de Santiago y que él ha ido desarrollando en sus composiciones posteriores.”

Con Despojos, Sin tanta soledad o Planeta Cuba destiló su esencia: tocando con una fuerza impresionante la guitarra, casi golpeándola, sin que esto rompa la estética creada. Entre tanto, su voz, que de un momento a otro se hace tan potente y emotiva que  enchina la piel, trepaba hasta las casi vacías butacas del Teatro Municipal. Butacas que tuvimos que abandonar quienes decidimos estar ahí para cambiarlas por el sector platea, tras una pausa que tuvo el concierto, donde todos nos posicionamos con más comodidad. Volvió Feliú, y con él quizá las canciones más esperados por su público: Ansias del Alba (escrita en memoria de los desaparecidos de América Latina),  Bárbara (dedicada a quien fuese su primera mujer, tras un corto matrimonio que llegó a su fin tras 8 meses)Mi mujer está muy sensible (canción en la cual Guevara y Lennon no saben/quieren/debieran regresar, según la versión).

Nosotros le aplaudimos y le agradecemos su arte, su zurdo tocar, su poesía, esa que intenta nutrirse de sí misma, sin referencias, como el mismo Santiago afirma al mencionar el abandono de la lectura, para que su poesía sea más autosuficiente. Y, claro, le esperamos de vuelta.  Y ojalá esta vez con más público, como se merece. Porque no eres tú, Santi, somos nosotros (usted, yo y el/la de en frente); son estos días de mierda.

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