Todo (me) vale

Nada del otro mundo. Viernes 19:30m, ciudad de La Paz, Zona Sur. Mi salida sorprende al ladrón en su afán de desmantelar mi coche.

Debiera aclarar que la sorpresa fue exclusivamente mía, pues el sujeto, ocupado como estaba en extraer las piezas del motor, puso más bien cara de abatimiento, como quien se resigna a presenciar una rabieta acostumbrada e interrumpir por fuerza su labor.

La impertinencia de mi presencia lo obliga a abordar el vehículo que espera pasos adelante con el motor encendido (vidrios claros, placa reglamentaria) y partir con rumbo desconocido, mientras yo, de sorpresa al espanto… como muchos, cada día.

El Latinobarómetro (un estudio de opinión pública que se aplica anualmente, alrededor de 19.000 personas en 18 países de América Latina, representando a 400 millones de personas) en el informe 15 años monitoreando la evolución de las sociedades latinoamericanas 1995-2010, incluye un apartado en el que mide algunas expresiones éticas/morales de la ciudadanía.

Nada del otro mundo: Bolivia ocupa el primer lugar (con 7,5 en una escala de un máximo de 10) en considerar “totalmente justificable” comprar algo que se sabe robado.

De ahí que los mercados negros tienen tanta legitimidad como la que perdieron las unidades policiales de denuncia por robos de vehículos desde que se supo que, entre sus funcionarios, están algunos de los más fervientes practicantes del delito.

Lo robado, lo trucho, lo chuto, lo ajeno… Matices diferentes para un síntoma: una descomposición social que se alimenta con la institucionalización de la informalidad y la ilegalidad.

Si ante la falta de empleo digno y opciones de desarrollo productivo sostenibles se ha asentado el cuenta-propismo y el rentismo, no es de extrañar que opciones menos formales y más ilegales sean también parte de una estrategia de supervivencia.

¿De qué otro modo entendemos, por ejemplo, que sea una política de Estado autorizar el ingreso al país de mas de 70.000 autos chutos -robados, siniestrados, chatarra-  bajo un régimen de amnistía?, ¿quién se compadece de las consecuencias de una medida que bajo el argumento de legalizar los vehículos ilegales que ya circulan en nuestras ciudades se está emparentando con el robo de autos en países vecinos y está haciendo campear el delito abierto en ciudades intermedias y poblaciones fronterizas a nivel escandaloso?

No obstante,  el rubor no es parte de nuestra práctica ciudadana; la convivencia con el delito, la trampa y la ilegalidad se han naturalizado. El Latinobarómetro desliza otra perla: Bolivia es el primer país de Latinoamerica (6.7 sobre 10) donde mentir para excusarse de faltar al trabajo es “totalmente justificable”. Más trascendente de lo que aparenta, sin duda.

No es asunto de moralismo, y lastimosamente, tampoco de leyes y disposiciones. Se trata de una expresión de fragilidad ciudadana que se agudiza con las señales de debilidad institucional y/o falta de confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Otro estudio, el Barómetro Iberoamericano de Gobernabilidad 2011, confirma lo que todos sabemos: que las fuerzas del orden y los partidos políticos están en el último lugar de la confianza de la población y un 33% de los ciudadanos bolivianos no se siente representado por nadie. ¿Cómo renegar, entonces, de las manifestaciones de atropello al bien común, de esa cultura del todo vale, con la que nos relacionamos sin más alternativas?

Declararnos descompuestos, enfermos y preocuparnos por ello, puede ser el primer paso. Claro, para ello se requiere más que autoanálisis, la etapa del diagnóstico está superada. Hace falta más.

El español Fernando Savater diría: “La educación es la esperanza” y efectivamente tendrá que ser así. Pero no solo en las aulas, sino el los hogares, en espacio íntimo donde nos encontramos y confrontamos expectativas con realidades. Las reformas económicas,  las políticas de Estado llegarán tarde, mal o nunca, pero el ejercicio ciudadano no puede claudicar, y eso es educación, educación y más educación.

Savater agrega “La educación es la base de la humanidad democrática, es el fundamento. Los dos grandes enemigos de la democracia en todo el mundo son la ignorancia y la miseria”. No hay duda.

Isabel Mercado

Periodista de PADEM.

Publicado en IDEAS, Página Siete

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El noble oficio del columnista

Fazul Abdullah Mohamed, según algunos, cabeza del grupo terrorista Al Qaeda en la región, es muerto en Somalia, trás un enfrentamiento a tiros con la policia.

El Ministro de Interior Somalí, Abdishakur Sheikh Hassan, víctima de un atentado suicida resulta muerto. La ONU condena este hecho.

Los siguientes datos del país africano los proporciona Humberto Vacaflor: Somalia dejó de existir formalmente como Estado en 1991. Es un territorio disputado por ladrones, traficantes de armas, drogas y mujeres. Así es Somalia, país donde, según un periodista español que Vacaflor menciona, en el aeropuerto al turista se le pide informar sobre el calibre de arma que porta.

17 muertos civiles son contabilizados en  Somalia, hermano gemelo de Bolivia, en palabras de nuestro mencionado columnista. Esa, y otras perlas, estilo inconfundible del autor, deja el abogado del diablo en su columna de día domingo, vía -como no podía ser de otra manera- La Prensa.  A disfrutar del antibolivianismo.

Vecinos muy incómodos

Jayme Brasil Garfinkel, presidente de la Federación Nacional de Seguros Generales de Brasil, pidió al canciller de su país, Antonio Aguiar Patriota, que tome medidas urgentes para frenar la decisión del presidente de Bolivia, Evo Morales, “de legalizar los autos robados”.

El matutino El Mercurio de Santiago informó sobre la medida boliviana con este título: “Bolivia legaliza robo de vehículos”. El diario ABC de Paraguay dice en su titular: Paraguay, Brasil, Argentina, Chile y Perú “quieren evitar que Bolivia legalice los vehículos robados”.

Carlos Ominami, exsenador chileno, del Partido Socialista, le dijo al Diario Financiero de Chile que el presidente Morales puso fin a la “diplomacia de los pueblos” porque la policía chilena colaboró con la Interpol en la captura del general René Sanabria. Es decir que nada tiene que ver la agenda de los 13 puntos ni todo lo que se dijo aquí para provocar el cambio en la estrategia marítima, sino la molestia del Gobierno boliviano con la captura de un policía vinculado al narcotráfico.

Mientras todo esto se estaba informando en los cuatro costados de Bolivia, desde Yacuiba se informaba que un asesor del presidente Morales, de nombre Fructuoso Ávila, dueño de la línea aérea El Mosquito, fue detenido porque en uno de sus aviones se encontró rastros de droga, y se denunciaba que un concejal masista de Yacuiba, miembro del grupo de neoliberales infiltrados en el MAS, era el responsable de todo. Y el diputado Wilman Cardozo dijo que entre Ávila y el presidente Morales hay una relación muy estrecha, casi familiar.

La diputada Jessica Echeverría denunció que, en realidad, la fugaz visita del ministro de Defensa de Irán, Ahmad Vahidi, tiene relación con la formación de una escuela de terroristas islámicos en Bolivia. En Argentina, el caso del ministro iraní tuvo el efecto de una luz roja: en el Cono Sur de Sudamérica se ha establecido un nido de terroristas islámicos.

Con todo esto, que es apenas un extracto de lo que se ha dicho en estos días, convendría que el Gobierno comience a dar explicaciones a los bolivianos sobre lo que está haciendo.

Esto sin contar el comentario del canciller chileno, Alfredo Moreno, quien dijo en El Salvador, después de hablar con su colega David Choquehuanca: “La vida es muy dura”. Al parecer le dolió el corazón al haber hecho una exhibición de la calidad de la diplomacia chilena enfrentada a una muy pobre y deficiente representación boliviana.

Mientras me informaba de estas cosas, leía informes sobre el país gemelo de Bolivia, en África. Somalia, que dejó de existir formalmente como Estado en 1991 y es ahora un territorio disputado por los ladrones de automóviles, traficantes de mujeres, de drogas y de armas (Y tiene vecinos que siempre quisieron destruirlo.). Dice un periodista español que cuando se llega a Somalia, en el aeropuerto le piden al turista, además del pasaporte, el calibre del arma que lleva.

Los diarios O Estado de Sao Paulo, El Mercurio, La Nación, ABC y La República, de los países vecinos, informan ampliamente sobre lo que pasa en Bolivia. Para ocultar totalmente lo que pasa aquí, los capitalistas del Orinoco van a tener que invertir también en la compra de esos medios, o ponerle un freno a internet. La compra de muchos medios bolivianos no es suficiente.

hvacaflor@gmail.com

Periodista

Humberto Vacaflor Ganam

La democracia es universal

Lecciones del terremoto árabe

    Todos coinciden en que el tsunami político que está viviendo el norte de África, corazón del mundo árabe, es una eclosión surgida del seno y la base de la sociedad de Túnez y Egipto (en pleno proceso de expansión hacia otras naciones de la región).

    El pedido fundamental, el pilar de la demanda que terminó derribando a dos gobiernos dictatoriales, fue tan simple como esencial, libertad y democracia, derecho a elegir al Gobierno, hartazgo de dictadores que disfrazaban mal su autoritarismo en sucesivas elecciones amañadas que ganaban siempre con más del 90% de los votos. Hartazgo, en suma, de largas dictaduras, de censura de prensa, de represión y cárcel, de prohibición de partidos y sindicatos.

    La primera conclusión es extraordinariamente importante. Más allá de la cultura, más allá de la religión, más allá de las grandes diferencias con el mundo occidental, la reivindicación de los pueblos en cuestión fue y es la construcción de una democracia. No una democracia especial referida a la tradición nacional de cada quien, una democracia basada en premisas elementales como libertades básicas, entre ellas libertad de expresión, pluralismo político, voto directo para cada ciudadano y alternancia en el poder.

    Segunda conclusión: Lo que vale para un dictador en el norte vale para un dictador en el sur, para uno en el este y otro en el oeste. Los dictadores del mundo deben comenzara a comprender que más temprano que tarde les llegará un cuestionamiento que se hará insoportable por muy larga y profunda que haya sido su dictadura.

    Tercera conclusión: No es verdad que haya sociedades más preparadas y menos preparadas para la democracia. La democracia está basada en la libertad y ésta en lo obvio, la soberanía está en el pueblo y no hay argumento que valga para escamotearle al pueblo el derecho de ejercerla.

    Cuarta conclusión: En el siglo XXI los mecanismos de clausura de la libertad están cada vez más expuestos (afortunadamente). El papel del internet, traducido en instrumentos como las redes sociales (Facebook y Twitter) se han convertido en armas de una fuerza devastadora contra el silencio forzado y la represión.

    Quinta conclusión: No se puede entender la transformación hacia la libertad de cualquier sociedad sin la combinación de un pueblo movilizado, medios de vanguardia y medios “viejos”. La televisión sigue siendo un catalizador de las fuerzas de convocatoria de las redes sociales. Pero la gente es el principio y el fin del movimiento, por si las dudas.

    Sexta conclusión: Es posible, contra muchos pronósticos, llevar adelante un cambio de régimen dictatorial con una movilización pacífica. No es verdad que el único camino para derrotar la violencia sea la violencia.

    Séptima conclusión: Debe tomarse en consideración la posibilidad de que una movilización popular iniciada por detonantes específicos que se desarrolla sin un liderazgo individual o partidario, culmine con éxito. Pero es evidente que el éxito de largo plazo depende de la construcción de fuerzas políticas y liderazgos con fuerte base social, que hagan viable un mecanismo genuinamente democrático.

    En el caso específico del mundo árabe la equivocada tesis occidental de que los dictadores eran una garantía de paz interior y de freno al islamismo radical, se ve en entredicho. Si bien es verdad que el desenlace de estos procesos no se ha dado totalmente, todo parece indicar que la apertura del espectro a fuerzas del más diverso signo no conducirá necesariamente al fundamentalismo. El islamismo es, no lo olvidemos, la religión mayoritaria de toda la región. Es perfectamente posible, como ocurre en Turquía, compatibilizar un sistema político democrático en una sociedad islámica.

    La paradoja se da precisamente aquí. Estados Unidos y Europa respaldaron esas dictaduras que contradicen su discurso moral y su discurso político, pero irónicamente, las reivindicaciones de las sociedades que derribaron a los dictadores están insufladas de un espíritu de libertad que es el discurso que la doble moral europea y norteamericana han defendido siempre mientras respaldaban a quienes lo coartaban.

    Hoy llegan tarde al reacomodo de fichas, lo que quiere decir que lo democrático deja de ser un patrimonio de Occidente para convertirse en un patrimonio universal, eso es realmente la buena noticia y desmiente a quienes han insistido que las características culturales e históricas de los diversos países impiden respuestas a las demandas de libertad y democracia de sus pueblos. El secreto del sistema democrático es que recoge la experiencia histórica de la humanidad y, con sus imperfecciones, es lejos el mejor de los mecanismos para responder a esas demandas que son intrínsecas a nuestra naturaleza.

    Carlos D. Mesa Gisbert fue Presidente de Bolivia.

 

El sentido crítico

En el fútbol, especialmente sudamericano, es natural las altas dosis de fanatismo extremo. En lo alto de la pirámide, el fanatismo argentino es el más, el modelo. Empujado por una pasión, que a muchos de nosotros nos cuesta entender, el argentino, en todo el sentido de la palabra, endiosa a sus ídolos y puede llegar a matar a representantes de su clásico rival. El amor a un club es entrega total, es estar ahí en las buenas y en las malas; es también odiar, a un clásico rival; llevar la guerra a un escenario de polarización

Hay casos donde lo anteriormente señalado es llevado a otros ámbitos, entre los más repugnantes, el político. Algo de eso tuvimos que ver en la candente semana del gasolinazo.

Evistas podríamos llamarles. En defensa de una discurso “coherente” no cambian sus lineamientos, aunque vayan en contra de sus propias bases filosóficas. Opinar en sentido contrario al “club de sus amores” sería renunciar a su cuadriculada ideología, los acercaría al pensamiento del enemigo; porque todo se lo ve como blanco o como negro. Esa gente ha renunciado a la autocrítica.

Pablo Stefanoni, intelectual argentino, lejos del fanatismo de sus compatriotas no pierde el sentido crítico a un proceso que personalmente ha demostrado defender. Pablo sabe que el cambio debe alinearse a su filosofía y no su “filosofía” al “cambio”.


Evo muestra su olfato.

Los adulones, en offside

 

No hizo falta el referéndum que propuso Juan del Granado. Evo Morales llamó a los jefes sindicales y vecinales, se reunió con los cocaleros y no es difícil imaginar qué le dijeron. Aunque las marchas no llegaron a ser multitudinarias, no fueron sólo la acción de pequeños grupos de provocadores, hubo algunos mensajes que el Presidente seguramente sopesó: pedidos de renuncia, por primera vez, entre manifestantes de La Paz, El Alto y Norte de Potosí, malestar entre las propias bases cocaleras (¿quién hubiera dicho que un bloqueo en Ivirgarzama, hace pocas semanas, no hubiera sido dispersado sin respetar los buenos modales?) y, finalmente, la posibilidad cierta de que desde esta semana diversos sectores sociales comenzaran las marchas hacia la sede del Gobierno. Pero, además, quedó a la vista el costo ideológico nacional e internacional de esta medida que parecía facturada en las usinas del FMI, una imagen no precisamente agradable para quien tiene un liderazgo internacional por sus críticas al capitalismo.

Pero Evo sigue mostrando reflejos preventivos. Por suerte, sigue escrutando el humor popular por encima de las opiniones apologéticas, que en defensa de pegas, peguitas o a la espera de pegas y peguitas (o por simple convicción, supongo) salieron a justificar el ajuste con entusiasmo y argumentos dignos de los 90. Varios de mis amigos de izquierda clasemediera salieron a defender el ajuste y a contrarrestar a los críticos, no principalmente la derecha conservadora. El esposo de una parlamentaria descalificaba diciendo que “lo peor no es la ignorancia sino el entusiasmo que se le pone”, mi compañero del Dipló, Ricardo Bajo, se jactaba que Evo tiene espaldas para esto y más frente a mis dudas en esta columna la semana pasada sobre los diferentes frentes abiertos y escribió que “la rodilla de Evo está para el carajo pero la espalda es ancha y soportará” y su oda al paquetazo (hablaba de gasolinazo con comillas y nivelación a secas) circuló abundantemente desde oficinas gubernamentales. Incluyendo la curiosidad de que los campesinos no eran afectados porque no tienen auto y los minibuses no llegan a sus pueblos’ Otro amigo de izquierda, que se comenta que irá a trabajar a una embajada, decía que aunque la medida es impopular era necesaria, reeditando implícita o explícitamente los argumentos liberales de los 90: esto es economía, responsabilidad… cualquier otra cosa ideología, demagogia, ingenuidad. Parafraseando la cita sobre la ignorancia, podríamos decir que lo grave no es la soberbia sino el entusiasmo que se le pone.

Pero más allá de las anécdotas, la cuestión es conceptual para la izquierda en el futuro inmediato. La primera pregunta es a quiénes afectan los ajustes, y si respuesta es al pueblo, la izquierda debe rechazarlos. Si creemos que son los que tienen 4×4 los afectados por los gasolinazos quizás debimos apoyar los de Jaime Paz o Carlos Mesa e incluso pedir que fueran más contundentes. La idea de que el subsidio fue neoliberal entonces quitarlo es progresista, no resiste el menor análisis. Por dos motivos:

1. Los neoliberales siempre quisieron acabar con el subsidio de Banzer o al menos reducir su impacto, pero hubieran caído en horas si lo hacían.

2. Aunque una medida sea neoliberal, es necesario evaluar sus efectos al acabar con ella. Por eso Rafael Correa no desdolariza Ecuador y por eso la izquierda se oponía a la devaluación masiva en Argentina pese a haber rechazado el uno a uno (un peso=un dólar) de Menem-Cavallo.

El problema es que la izquierda culturalista hizo su trabajo, y ya queda poco debate económico. La izquierda no opina si hay que subir o bajar el dólar, qué tipo de políticas industriales debemos tener, qué tipo de relación debería establecerse entre Estado y mercado, qué tipo de modelo de desarrollo’ y otros temas que los culturalistas consideran demasiado prosaicos. Así, estamos desarmados ideológicamente frente a los argumentos tecnocráticos y del sentido común.

Con todo, creo que la minicrisis del gasolinazo abre novedosos espacios para la crítica constructiva y el debate interno, que se había ido cancelando en medio del “cierre de filas”. Es la crítica honesta –y el pensamiento autónomo- lo que garantizará el avance del proceso de cambio. La adulonería sólo conduce a entumecerlo.
Pablo Stefanoni es periodista.

Columna Dominical

Las ediciones de los diferentes diarios en el país en día Domingo si que son especiales. Normalmente, la entrega es voluminosa, y en esas páginas uno puede encontrar mucho más de lo que los agridulces sabores de la política nos dejan a diario. Arte, cultura, curiosidades, reportajes para todo gusto.

Sin embargo, a mi juicio, el plato fuerte para una edición de Domingo está reservada para la  sección de opinión. Los columnistas se duplican en cantidad y muchas veces en calidad. Algunos ejemplos. Mario Vargas Llosa o Guillermo Mariaca, tienen su espacio en La Razón; Cayetano Llobet y Carlos Mesa en La Prensa y Pagina Siete, respectivamente, son solo algunos de los muchos columnistas que nos brindan su trabajo intelectual  cada Domingo.

Como decía, lineas arriba, la sección de Opinión es mi favorita. Muchas veces paso de alto las noticias de “corte corriente”; sin embargo, las columnas son sagradas. De está mi afición he decidido compartir en el Blog, una de las muchas columnas que se publican en Domingo. Hoy, y estrenando esta sección, comparto el texto de Agustín Echalar Ascarrunz, columnista de Página Siete, que comparte con nosotros su visita al pueblo de Achacachi, bastión del MAS, y con mucho realismo realiza una crítica sana y lúcida a los procesos de descolonización.

La curva recta / Agustín Echalar Ascarrunz

Achacacheñas muy majas

04/12/2010

Acabo de estar en Achacachi, y tengo que decir que me ha entrado el alma al cuerpo; mi visita a ese emblemático lugar me ha devuelto esa sensación de enamoramiento que siempre he tenido con mi país, y que en el último tiempo, no dejaba de tener un “retrogusto” amargo.

De Achacachi hemos oído y hemos visto escenas espeluznantes, primero el brutal sacrifico de los perritos convertidos en opositores al proceso de cambio, y luego la quema de los supuestos ladrones. Ambos actos son más que salvajes, porque lo salvaje tiene su nobleza intrínseca, son muestras de brutal deshumanización, de pérdida de la más elemental compasión,

Achacachi está estigmatizado, arrastra además históricamente una cierta fama de ferocidad; por eso, cuando el miércoles pasado fui acercándome a ese pueblo que está a punto de convertirse en una ciudad, no esperaba otra cosa que hostilidad.

Apenas entrando, me topé con el estadio, el lugar que fue escenario de las brutales escenas arriba descritas. Vimos con mi compañero de viaje que había tumulto y música, y paramos para indagar, y entrando en el estadio a medio construir nos encontramos con una muy agradable sorpresa, el lugar rebosaba de juventud, deporte y alegría.

El colegio Omasuyos, que al año cumple sus bodas de Oro estaba teniendo una jornada de deporte y danza sobre el césped sintético que bien podríamos bautizar como Evocancha, se estaba dando una demostración de gimnasia, luego se sucedería una de capoeira, y finalmente una danza chaqueña de indudable paternidad norargentina; los chicos iban agachados, las chicas parecían unas andalucitas salidas de revista, se veían muy bien, y ellas lo sabían.

El evento me impresionó porque muestra un bienestar económico que hace unos lustros era inimaginable en el campo; basta mencionar, que obviamente todos los presentes tenían buenos zapatos deportivos, amén de los uniformes, y de los trajes de baile. Me ha impresionado, que no estuvieran presentes los bailes vernaculares, sino danzas un tanto exóticas para el altiplano, aunque claro, no me ha extrañado eso para nada, a fin de cuentas son gente joven, que no está haciendo ningún statement político, que simplemente está viviendo su curiosidad, sus ganas de hacer algo diferente.

Luego, paseando por las calles de Achacachi he visto edificios de hasta siete pisos, una buena cantidad de tiendas de artículos electrónicos y celulares, y en la Alcaldía he comprobado que casi todos los funcionarios tienen computadoras. Me ha quedado claro que el tema de “vivir bien” y no vivir mejor, no tiene arraigo entre los achacacheños; ellos quieren vivir mejor, y ejercen, dentro de sus posibilidades, un inequívoco consumismo. Es menos romántico, pero así nomás es.

Eso sí, lo interesante es que en ese Achacachi emblemático, ese lugar a cinco km de donde el señor Vicepresidente aprendió a “amar y a matar” , la juventud se estornuda en la absurda descolonización del “proceso de cambio”, rescata más bien con entusiasmo y donaire su mestizaje, vale decir tanto sus raíces autóctonas como españolas, y de paso se enamora de lo universal, empezando con la capoeira.

Agustín Echalar es operador de turismo.