El Principito y el zorro.

Transcribía este fragmento al blog cuando llegome un mensaje de texto al celular que resumía, en esencia, lo que dicen la siguientes líneas. Hay conexiones. Hay azar. Imagen

Entonces apareció el zorro: -¡Buenos días! -dijo el zorro. -¡Buenos días! -respondió cortésmente el Principito que se volteó pero no vio nada. -Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.-¿Quién eres tú? -preguntó el Principito-. ¡Qué bonito eres! -Soy un zorro -dijo el zorro. -Ven a jugar conmigo -le propuso el Principito-, ¡estoy tan triste! -No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado. -¡Ah, perdón! -dijo el Principito. Pero después de una breve reflexión, añadió: -¿Qué significa “domesticar”? -Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas? -Busco a los hombres -le respondió el Principito-. ¿Qué significa “domesticar”? -Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas? -No -dijo el Principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el Principito. -Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ” -¿Crear vínculos? -Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú para mí todavía no eres más que un niño igual a otros cien mil niños. Y no te necesito. Tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo… -Comienzo a comprender -dijo el Principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado… -Es posible -dijo el zorro-, en la Tierra se ve todo tipo de cosas. -¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el Principito. El zorro pareció intrigado: -¿En otro planeta? -Sí. -¿Hay cazadores en ese planeta? -No. -¡Qué interesante! ¿Y gallinas? -No. -Nada es perfecto -suspiró el zorro. Y añadió: -Mi vida es monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Así es que me aburro un poco. Pero si tú me domesticas, mi vida se llenará de luz. Reconoceré el sonido de tus pasos que serán distintos de todos los demás. Los otros pasos harán que me esconda bajo la tierra. Los tuyos, en cambio, me harán salir de mi madriguera como una música ¡Mira! ¿Ves allá los trigales? Yo no como pan. Los trigales no significan nada para mí y eso es triste. Pero tú tienes los cabellos color de oro. Entonces, si me domesticas, será maravilloso, porque el trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y amaré el sonido del viento en el trigo… El zorro guardó silencio y miró detenidamente al Principito: -¡Por favor… domestícame! –dijo el zorro. -Me encantaría -respondió el Principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que descubrir amigos y conocer muchas otras cosas. -Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no se dan tiempo para conocer nada. Compran todo hecho en las tiendas. Pero como en las tiendas no venden amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame! -¿Qué debo hacer? -preguntó el Principito. -Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Al principio te sentarás un poco lejos de mí, así, de esta manera, sobre la hierba. Te miraré de reojo y tú no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…El Principito volvió al día siguiente. -Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que volvieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz. Y cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro ya estaré inquieto y preocupado; ¡y así, cuando llegues, descubriré el precio de la felicidad! Pero si llegas a cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Los ritos son necesarios. -¿Qué es un rito? -dijo el Principito. -Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea distinto de otros días, una hora, distinta de otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves salen a bailar con las muchachas del pueblo. Entonces el jueves para mí es un día maravilloso, porque puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones. Así fue como el Principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando la hora de partir, el zorro dijo: -¡Ay… lloraré! -Es tu culpa -dijo el Principito-. Yo no deseaba hacerte daño, pero tú quisiste que te domesticara. -Por supuesto -dijo el zorro. -¡Pero vas a llorar! -Claro que sí. -¡Entonces no has ganado nada! –dijo el Principito. -Claro que sí -dijo el zorro- Gané el color del trigo. Y agregó: -Ve a ver las rosas otra vez; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Luego vuelve para que me digas adiós y te regalaré un secreto. El Principito fue a ver las rosas. -Ustedes no se parecen en nada a mi rosa; no son nada aún –les dijo-. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como era mi zorro: un zorro parecido a miles de zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora él es único en el mundo. Las rosas se sintieron molestas. -Ustedes son muy bellas, pero están vacías –les dijo el Principito-. Nadie daría la vida por ustedes. Por supuesto que cualquiera al pasar podría creer que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes juntas, porque fue a ella a quien regué. Fue a ella a quien abrigué con un fanal y a quién protegí detrás de un biombo. Porque por ella eliminé las orugas (salvo dos o tres que se hicieron mariposas), y es a ella a quién escuché quejarse o vanagloriarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa. Y volvió donde el zorro: -Adiós… -dijo el Principito. -Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy sencillo: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos. -Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el Principito, para recordar. -Es el tiempo que has dedicado a tu rosa lo que la hace importante. -Es el tiempo que he dedicado a mi rosa… -repitió el Principito, para recordar. -Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla –agregó el zorro-. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa… -Soy responsable de mi rosa… -repitió el Principito, para recordar. Y tendido sobre el césped lloró.

A ke Sí

Para que el TallerTaká sea, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo el mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Cinco músicos al frente, todos de grandísimo talento, en realidad son una multitud, generaciones tras generaciones de melodías y letras que brotaron de la Habana, Charcas, los verdes campos de Tarija; notas que viajan en los vientos de los Andes, de Tiempo a Tiempo. Eso y más.

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El Taller salió a escena junto a otros ocho músicos desTakádos del país el martes 4 de diciembre en el cine 6 de Agosto, rescatado por el municipio paceño ya hace varios años. De izquierda a derecha se situaron Christian Quenta en el saxo, Leonardo Miranda en el bajo, Gustavo Baldiviezo en la percusión, Sergio Antezana en la voz y en la derecha un sujeto al que de algún lugar de sí mismo le brota una guitarra, como una extensión de su propio ser: El Gabo Guzmán.

Casi dos horas de espectáculo donde junto a los muchachos del Taller estuvieron: Jimbo Illanes y David Gamón deleitando con esa preciosa canción de nombre Del Pobresor, de quien se dice era tan pobre que cuando quería escuchar música sólo le quedaba cantar; Omar Baldiviezo, padre de Gustavo, violín al hombro  y voz de los Canarios del Chaco entonando la cueca Martirio; Melo Herrera, Mau Montero,  Marco Flores, el ahora trío Entre dos aguas; David Portillo y su audaz manejo del escenario, devolviéndole a la Morenada el surrealismo de antaño; El muy conocido Grillo Villegas, en una versión renovada de Después de cada beso y como un fantasma de los Andes, el entrañable Papirri juntando a nuestros protagonistas para cantar a viva voz la ochentera canción del hoy ausente niño cuzqueño: Hasta Ahurita. Ésas fueron algunas de las canciones expuestas la noche del martes. No es nuestra intención reproducir todas y cada uno de esos detalles. Acá la intención es el gozo y el halago desfachatado a nuestros músicos, a los trece que cabalgaron el escenario. Y también a Producciones R, que ha hecho posible tan dignos eventos.

El TallerTaká hizo suya la música de todos, ahora el Taller es de todos. Aunque todos no seamos tantos.

En el blog de Sergio Antezana (algo olvidado por el autor) contiene un post de vieja data de título Bueno, bonito y bizarro, en donde Sergio lamenta, desde su anécdota,  la suerte de muchos artistas nacionales poco valorados por su público local. Es un texto muy fuerte. Y es que el mismo Antezana ha visto la necesidad de volver a publicarlo, esta vez, desde su perfil de una conocida red social. Ese es uno de los otros motivos por el que se escribe este texto. Por qué no sé si Sergio sabrá que al ritmo de su Bailecito las gentes se aman, como sólo es posible amarse bajo el hechizo de una canción que sabe llegar. Marcando su música en un territorio de donde no se puede borrar tan fácilmente.

Y fue precisamente con el Bailecito de un tipo que quiere a alguien que la noche se cerró. Aplaudimos a rabiar. Y hay que seguir haciéndolo, recordando a nuestros hermanos del TallerTaká que mientras nos una aquello, que ya ha creado su canción en nosotros, vamos a estar juntos.

A ke Sí

No eres tú

Crónica del concierto de Santiago Feliú en La Paz Bolivia del 9 de Noviembre del 2012


¿Qué pasaría si Silvio Rodríguez llegase a Bolivia uno de estos meses? Es probable que las entradas para tal hipotético concierto se acabaran en cuestión de horas, inmensas colas de por medio. ¿Verdad? Y está bien que sea así. No menos se podría esperar. Es que es Silvio. Un símbolo: de revolución y poesía. Es leyenda. Pero resulta que existen otros artistas tan talentosos como el aprendiz de brujo, y hasta son paisanos y amigos suyos, aunque despojados de aquel simbolismo . Y parece que eso no llama la atención. No acá. O qué otra cosa puede explicar la evidente ausencia de público en el Teatro Municipal la noche del viernes 9 de noviembre para oír al músico Santiago Feliú.

Puede que sea 9 y no te hayan pagado tu sueldo, y entonces dices no hay platita. Pero resulta que la entrada más económica te costaba 50 bolivianos. Una ganga comparada con la entrada más económica de conciertos similares al nuestro. Puedes también decir que medio que no conoces su música -aunque esto no debería ser ni de lejos “excusa” alguna, ¿acaso las evidentes referencias de Feliú no invitan a pensar que el cubano tiene algo interesante qué decir con su música?.  Y sí, puede que Santiago no te haya llegado en CD por aquello de que sólo se importa música comercial y la piratería tampoco te haya hecho el favor. Es cierto. Tampoco Feliú es popular, en Youtube sus vídeos no llegan al millón de visitas. Tampoco sus frases están circulando por las redes sociales como pólvora encendida. Entonces no le conoces y ello es absolutamente comprensible.

Ahora bien, resulta que tú eres de los/las que cree que la música es un arte y no un espectáculo. A menudo te fastidias con la canción comercial, vacía, efímera. Dices priorizar la letra por sobre muchos aspectos. Eres de los que amanecería por una entrada al mencionado concierto de Silvio, ya ni hablamos de Sabina (la mención al de Úbeda acá no es nada casual). Pero no le das una oportunidad a Santiago Felíu porque no es un símbolo, no es popular (dentro de lo “impopulares” que suelen ser los/las cantautores/as). Parece que todavía crees que un concierto es una especie de Karaoke-discoteca, dónde es obligatorio saberte las letras de las canciones para cantar voz en cuello los hits de quien está encima del escenario. Y éste alabe a tu ciudad y no se canse de darte las gracias por tu presencia, como manda el guion. Pues si piensas así, puede que hayas escogido bien en no ir al Municipal el viernes porque lo que teníamos en frente era un Santiago Feliú de pocas palabras, frío, sólido e imponente como un Iceberg. Y que pese a ello, o quizá precisamente por ello, te impacta con su estilo de parir la canción.

El cubano empezó con Ay, la vida y terminó con Vida. Y en medio de ambas tocó el piano y con él interpretó ¿A dónde van? de su maestro Silvio. Segundo gran momento de la noche. Y luego volviendo a su guitarra recordó a quien ya se fue algunos años atrás y que junto a su hermano y otros crearon aquello llamado la Nueva Trova Cubana, a finales de los años sesenta: Noél Nicola, de quien interpretó Llueve en agosto de 1981. Fue Noél Nicola quien prologaba su primer trabajo, allá por 1986, Vida, diciendo de Santiago algo que llama la atención desde que le ves tocar, y que no es otra cosa sino la forma de tocar la guitarra: con la siniestra. “No hay error. Santiago toca ‘a la zurda’… ¡por partida doble! El coloca la guitarra para tañer con su mano izquierda y formar las notas y acordes sobre el diapasón con su mano derecha, ¡pero no le cambia el orden a las cuerdas! ¡las deja ‘a la derecha’!. Así le quedan los bajos ‘abajo’ y los agudos ‘arriba’. He visto antes a algún guitarrista zurdo tocar así, pero en lo que alcanza mi experiencia, ninguno que lo hiciera así de bien, llenando tanto el espectro de posibilidades del instrumento y eso, claro, con una técnica que ha tenido que inventarse el solito. La primera impresión suele dejar atónito a todo el que pueda entender un poco lo que él se trae, precisamente, entre manos. Esta forma de guitarrear genera algunos timbres especiales y un ‘sentimiento’ armónico propios que han marcado la creación de Santiago y que él ha ido desarrollando en sus composiciones posteriores.”

Con Despojos, Sin tanta soledad o Planeta Cuba destiló su esencia: tocando con una fuerza impresionante la guitarra, casi golpeándola, sin que esto rompa la estética creada. Entre tanto, su voz, que de un momento a otro se hace tan potente y emotiva que  enchina la piel, trepaba hasta las casi vacías butacas del Teatro Municipal. Butacas que tuvimos que abandonar quienes decidimos estar ahí para cambiarlas por el sector platea, tras una pausa que tuvo el concierto, donde todos nos posicionamos con más comodidad. Volvió Feliú, y con él quizá las canciones más esperados por su público: Ansias del Alba (escrita en memoria de los desaparecidos de América Latina),  Bárbara (dedicada a quien fuese su primera mujer, tras un corto matrimonio que llegó a su fin tras 8 meses)Mi mujer está muy sensible (canción en la cual Guevara y Lennon no saben/quieren/debieran regresar, según la versión).

Nosotros le aplaudimos y le agradecemos su arte, su zurdo tocar, su poesía, esa que intenta nutrirse de sí misma, sin referencias, como el mismo Santiago afirma al mencionar el abandono de la lectura, para que su poesía sea más autosuficiente. Y, claro, le esperamos de vuelta.  Y ojalá esta vez con más público, como se merece. Porque no eres tú, Santi, somos nosotros (usted, yo y el/la de en frente); son estos días de mierda.

Baldivieso y su dilema


De espaldas a la recta, vestido de verde, con el 10 en el dorsal, a unos treinta metros del portero brasilero, Julio César Baldivieso mandó uno de esos largos y precisos pases; esta vez el pase fue directo a la red. Así era la precisión del ‘Emperador’ cuando jugaba en las canchas de Bolivia y del mundo.

Wilsterman, Bolívar, Newells, entre otros, fueron testigos de su enorme talento. Un talento basado en la inteligencia sobre la cancha o como el vasco Azkargorta lo decía: “Julio es de esos jugadores que ya tiene toda la jugada en mente, como una fotografía y sabe a quién ceder el balón para iniciar una acción de conjunto hacia el arco contrario”. A diferencia de jugadores que descansan sus virtudes en las características físicas (la velocidad, la aceleración, la fortaleza), los que siguen la línea de Baldivieso mantienen sus dotes hasta la tumba. De ahí que ‘Baldi’ tenga habilidad innata para la dirección técnica, amén del liderazgo que le caracteriza.
Su carrera como director técnico es corta, pero ya parece todo un veterano en ello. Comenzó con Aurora, un equipo que estaba condenado al descenso y que al final acabó siendo el campéon, derrotando a Blooming, en noviembre del 2008. Esa fue su carta de presentación. Con el mismo club cochabambino avanzó dos fases en la Copa Sudamericana. Y, actualmente, está en carrera en la misma competición y con el mismo club, que a decir verdad fue el único que dirigió, con la excepción de un corto tiempo en Real Potosí.


Algo tiene Baldivieso que levanta a sus jugadores.  Algo tiene también que al público futbolero le agrada (no en la medida que él pregona, pero sí son muchos). Por algo fue el favorito del público en la elección previa al DT del seleccionado que finalmente cayó en manos de Xabier Azkargorta. Si decisiones como esas pasaran por las urnas, hoy Baldivieso sería el responsable de la selección.
Pero no es así, en el fútbol boliviano, las decisiones se las toma entre cuatro paredes y cuatro gatos. Y tampoco está mal que así sea, siempre y cuando los gatos sean gente responsable y algo digna. De más está decir que no es el caso. Y también está bien que Baldivieso no sea el líder de la selección. Porque a pesar de todo lo bueno que se ha dicho, se dice y se dirá de él, existe un gran pero.

El pero radica en esa su forma de ser tan particular, que tantos problemas le trajo ya desde su época de jugador. ¿Alguien recuerda los orígenes de su otro apodo ‘Chuflay’?. Donde ha ido Baldivieso, ha tenido problemas. Verdad que porque es un tipo frontal y tiene su posición, y desde ella actúa (cosa de por sí aplaudibles en tiempos como estos donde nos gusta hacer todo lo contrario a lo que predicamos).  Baldivieso afirma ser víctima de su valentía. Siente que no le quieren porque alborota el gallinero del poder. Y es cierto. Pero no siempre. No siempre se le quiere perjudicar. No siempre hay planes malévolos por perjudicar su trabajo. No todos están pendientes de él. Los triunfos son mérito de su trabajo y por supuesto el de su equipo. No son triunfos épicos, a pesar de los conspiradores.

Por eso es que Baldivieso no es una buena idea para el fútbol nacional; uno que necesita de una generación de nuevos jugadores, de nuevos dirigentes, comprometidos con el fútbol; sí, un sueño. Un fútbol que no necesita héroes y victimizaciones, ilusiones falsas. Todo eso que Baldivieso representa. Todo eso que transmite a sus jugadores y que crea un circulo vicioso difícil de sortear. Qué peligroso para nuestro fútbol, donde, como en muchas otras áreas del país, una de las claves más importantes pasa por cambiar la mentalidad.

Prensa y gobierno, una relación eterna

Evadas es best seller. Se vende como pan caliente, desde hace dos años. Sea en pirata o sea en original (fue el libro más vendido en la Feria del Libro 2011 y 2012). ¿Cuál es su mérito? Reproducir una serie de desaciertos verbales del Presidente Evo Morales, que seguro arrancan sonrisas o rabietas de quienes lo leen. No informa, no reflexiona. Pero es un éxito. Y como tal, marca el sendero de quienes también van mendigando lectores. La prensa escrita, por ejemplo.

Una prensa que vive de la publicidad antes que de las ventas. Que debido a los escasos recursos con los que cuenta no logra profundizar en ciertas temáticas. Ahí sus deficiencias, pero también su mérito. Porque a pesar de ello, bien o mal, el periodismo ha sabido desenmascarar los vicios del poder, de cualquier poder. Mantiene a la gente al tanto de lo que pasa en este sube y baja. Intenta renovarse y diversificar su oferta, inspirada muchas veces en las tendencias mundiales. Y eso no es poco; es digno. Pero necesita vender, ante todo. Y lo que vende es el espectáculo, la chismografía, la banalidad, el amarillismo. Una “Evada”, seguro que vende. O mejor, una frase del Presidente puede ser, sin mucha dificultad, convertida en “Evada”. Y entonces ya se tiene lectores -digitales, cada vez más- asegurados. Esto no quiere decir que el periodismo en Bolivia se haya convertido en un circo; de hecho, defectos como los mencionados, a menudo cohabitan con otras grandes virtudes. Tampoco se trata de satanizar a la prensa; finalmente, ésta, juega bajo las leyes de la oferta y la demanda. La demanda, o sea nosotros, quiere más acción de la política: enfrentamientos, insultos, manoseos municipales, carajazos de Filemón.

En Bolivia la gente depende mucho del Estado, representada por el Gobierno central, de esa dependencia o paternalismo se desprende esa relación eterna de amor-odio. El pueblo boliviano está muy pendiente de lo que haga/diga el gobierno. El periodismo lo sabe. Por eso es que el gobierno absorbe gran parte de su labor. No es que sea raro o este mal; simplemente es así. Eso es lo que viene ocurriendo en las últimas semanas con el caso del juicio del gobierno a Fides, Página Siete y El Diario. El Presidente, fiel a su estilo, ha soltado polémicas y ambiguas declaraciones, la prensa ha reproducido las que más impacto puedan tener en la sociedad. El gobierno ha acusado de tergiversar el mensaje; cansado de “la conspiración de la prensa” ha iniciado acciones penales. La prensa ha alertado sobre un posible fin a la libertad de expresión. Son cosas que con las que, aparentemente, no se puede hacer mucho mientras la prensa busque impactar y el Presidente no aprenda de sus errores verbales.

Seguro que es más rico abordar este tema desde el punto de vista de la conspiración contra el gobierno o de una amenaza a las libertades. Y no involucrarnos más que como terceros. Pero, como sociedad, tenemos nuestra responsabilidad. A no dudarlo, mientras más nutridos de cultura e información, más alto le pondremos el listón a la prensa para satisfacer ya no nuestra hambre de coyuntura y escándalo sino de información realmente importante.

Ismael Serrano, el inicio.


Cuando escuché a Ismael Serrano en disco, me pareció un buen artista, pero nada más. En 26 de agosto, después de un concierto fascinante, Serrano me parece un cantautor vital. Entre el Serrano del disco y el del escenario hay una agradable sopresa. El español es un artista con mayúsculas.

En mayo del 2009, Al vent (Al viento, en castellano) cumplió 50 años de haberse escrito. Canción de resistencia, escrita en catalán por Raimon. Al régimen fascista del dictador español Franco, le parecía de mal gusto porque llenaba de pájaros la cabeza de la juventud española y porque estaba cantada en catalán. A pesar, o quizá precisamente por ello, Al vent se volvió en un himno de la década del 60. Y ahora ya nadie canta al Vent, ya no hay locos ya no hay parias.
“Se echó en brazos del sistema renunciando a todo sueño posible”, 
dice Daniel Serrano, hermano de Ismael y dueño de la letra de la canción más popular del español, en referencia de la juventud del 68 que sacudió a Europa y el mundo. La canción es papá cuéntame otra vez y es la base del trabajo de Ismael, digamos la premisa.

“Dicen que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo”, ironizó sobre el escenario de La Paz, Bolivia. Sin embargo, Ismael cree que se puede crecer con los sueños intactos, con ayuda de la poesía, de la canción. Por eso escribe, canta, monta el Café de los Recuerdos, bromea, dirige a sus músicos. Se entrega.

Son las 21 horas con 10 minutos, el Café de los Recuerdos cobra vida. Barriendo, aparece en escena Ismael Serrano mientras comienza a cantar Semana, hija de de Todo empieza y todo acaba en ti. Con una soltura confortante el espectáculo va creciendo en emoción, intensidad y complicidad. Son casi tres horas de concierto, de bromas, comentarios terriblemente lúcidos, canciones que son historias cargadas de poesía.

Es realmente impresionante la manera en la que el español se maneja. Habla con soltura, canta con pasión. A su izquierda está, al teclado, Jacob Sureba; a su diestra,  Javier Bergia, un simpático personaje desempleado (como el 52% de los jóvenes en España), que sin decir mucho se roba el cariño del público paceño. Al fondo un barman, en silencio, oye todo. El bar se ha vuelto nuestra casa. Cuando a Ángeles Teresa, natural de Aragón pero instalada en Barcelona, le preguntan de dónde es, ella responde: De donde coman mis hijos. Uno de sus hijos se llama Joan Manuel Serrat. Serrano dice que uno es de donde le dan de beber, como en el bar, nuestro bar.

El café de los recuerdos

¿Las canciones? Ya ves, Caperucita, Recuerdo, Eres, Amores imposibles, Ultimamente… De las nuevas destaco esa maravillosa pieza titulada Hija de Lilith y también Mañana porteña en Madrid, compuesta por el padre de Serrano. Las canciones estuvieron ahí, como tenían que estar. Fueron una excusa para conocer más a este cantautor que no llega a los 40 años, y que ojalá se vuelve un visitante asiduo de nuestra La Paz.

Lleno y vacío, así sale uno del 16 de Julio: Lleno, aunque mejor recargado. Vacío,  aunque mejor desahogado. Fruto de esa aparente paradoja uno no tiene mucho que decir. En silencio va camino a casa, sabiendo, como el Señor Bergia, que hay esperanza.

Crónica del concierto de Pedro Guerra del Viernes 27 de Julio en el Teatro Municipal de La Paz, Bolivia (Las imágenes de este post son de autoría de Andrés Claros Roncal, cuyo sitio web es http://www.flickr.com/photos/andresclaros/ )

Una guitarra. Una silla. Sobre ésta, un juglar de cabellos cenizados, chompa con cuello de tortuga, jeans y zapatillas rojiblancas.
Sencillo él.
Sencillo el escenario. Sencilla iluminación. La tarea, entonces, de armar esta crónica es recorrer el camino entre lo sencillo a lo apoteósico, que es como terminó un espectáculo precioso de dos horas, que encandiló al público paceño, que en momentos parece soso, pero luego estalla cuando le saben llegar. Como Pedro Guerra lo hizo.
Fue viernes sobre las viejas taquillas del Teatro Municipal. Viernes 27 de Julio. Las entradas para el concierto se agotaron desde el Lunes 23, merced a un raro procedimiento de reservas, vía teléfono; a sabiendas de que más de uno habrá asegurado filas enteras, dejando nada para los incautos que esperan llegar a boletería faltando horas para el inicio del show.
A las 20:10 se abrieron las puertas. A las 20:25, Pedro Guerra aparecía en escena. Soprendido por el lleno total y agradeciendo por la presencia, comenzó su travesía, la nuestra.
Tres canciones del nuevo álbum, todas con amenas introducciones. Algunas canciones no grabadas. Y los clásicos de un artista que lleva treinta años cantando y escribiendo.  Sonó casi todo lo que tenía que sonar (pienso en Otra forma de sentir, por decir algo, como gran ausente). Rápido tiró a matar: Los inconfundibles acordes de Daniela sonaban para el suspiro-emoción-delirio del Municipal. Cuando termina una pieza, estira el brazo derecho y sonríe levemente. A cada comentario ingenioso,  el público le aplaude, y el Canario baja la cabeza, afina la guitarra o simula tocarla (¿Cómo es que con una simple guitarra, se puede armar todo un templo? ).

Dos veces simuló irse a camarinos. Pero volvió. Y en la medida que volvía, el público estallaba más y más, en gritos, en coros, en peticiones. Lo que fue un inicio algo tibio, terminó en una ovación, de pie, ruidosa, apoteósica.

Dicen que fue  veintiocho canciones. No lo sé. Me cuesta hasta recordar el orden en que desfilaron éstas. Lo que sí sé  es que sonaron casi desnudas. Íntimas.

Sabina decía que la gira el Penúltimo Tren, del disco Vinagre y Rosas, sería el último en grandes escenarios, a los que habría de cambiarlos por espacios reducidos, donde se oiga la voz de la gente: Intimidad a cambio de Show. Y eso es lo que tuvo el concierto de Pedro Guerra, intimidad. Esa intimidad por donde la poesía (no versos, no rimas, no palabras) se propaga no más rápida sino más profundamente, echa raíces.  De ahí la explicación de cómo el concierto se convirtió de lo sencillo a lo apoteósico. Aunque habrá que decir que jamás renunció a su sencillez. De hecho partió de ella, y desde ella creció hasta tocar su techo, y acabó siendo un delirio.
El Municipio le hizo huésped ilustre de la Ciudad de La Paz. Día antes el Ministerio de Culturas le obsequió una copia manuscrita del Diario del Ché. Lo hizo saber al público y, entonces, como él indicó, fuera de programa, entonó Un muchacho de mi edad, esta vez de pie. Fue la última canción. Se fue a camerinos notoriamente emocionado, cuando no soprendido.

¿Podemos hablar de puntos débiles? Por momentos el sonido parecía que fallaba. Y algo que es muy desagradable es que a algun fulano se le ocurra pedir El Marido de la Peluquera durante la primera hora del concierto. Para la anécdota, si es que eso alcanza. Nada más.

Todo lo demás, mañana, algún día, será nostalgia, que es en lo que se convierte la vida, que, sin canciones, sin versos, sin música, sin poesía, era sólo  existencia.

De la Saya

(Relato construído en base a tres versiones recogidas en Huancané, Chicaloma y Coroico)

De nuestros clásicos negros, yo puedo decir, sin temor a equivocarme, que lo más genuino está aquí, porque tienen dos comunidades, hay dos comunidades de negros.  Se llaman Corpán y Naranján. Por ejemplo, se bailaba la saya. En allá le llamaban tundiki; el tundiki era por el golpe que hacían de la caja. Yo no sé de dónde han aparecido aquello que ahora llaman “Caporales”. En ese tiempo no había. Antes la saya era muy bonita y la bailaban sólo con cajas y cantaban con cajas, y tienen una voz muy linda los negros, muy bonito cantaban.

Por ejemplo, yo recuerdo matrimonios, ¿no?. Todos venían en mulas, y la pareja en caballo, ¿no?. Y daban vueltas y cantaban con sus cajas. Era una cosa muy hermosa, fantástica era. Y ahora se ha perdido, y estos de Naranján y Corpán no quieren saber nada. Dicen “somos burlejo”, dicen. Yo he tratado de convencerlos de que bailaran aquí la saya como lo hacían antes, pero no, no quieren, ya no quieren. Más bien en Chicaloma están haciendo pero no me parece tan genuino como era aquí. Tenía su música muy bonita.

Por ejemplo, hay una música que tuvo su orígen aquí, de un negro, pero típico negro africano, alto el negro, de una cabecita bien chiquitita y una nariz aplastada, ¿no? ¡Y cantaba de bonito el tipo! Estaba al servicio de todos, ese tiempo; tenía un empleo nada serio, ¿no? Yo recuerdo que salía, en las mañanas, por ejemplo, antes de las seis de la mañana. Teníamos aquí la pila. Era la única. Entonces él venía a recoger agua en la cantina, ¿no? y tamborileaba ¡Qué lindo! Y por ejemplo decía: “Los colorados ¿dónde están? -decía- Viva La Flor de Bolivia, ferrocarril a los Yungas”, dice, cantaba el negro, ¿no? Y esa música nosotros hemos aplicado al deporte ya, ¿no?. En La Paz se cantaba mucho “Los Azulejos”. Esta música no se cuándo la habrá hecho un grupo que es un conjunto de artistas ecuatorianos, ¿no?. Y lo único es que no dicen “Los Azulejos”, “¿De dónde son los pajarillos?”, dicen, pero exactamente se lo grabaron y se hicieron dueños de él. Como siempre existe, ¿no?, el piraterío, en estos casos el plagio, ¿no?. Siempre ocurre eso.

Aquí existe un sólo negro que sabe bailar la saya, uno sólo, que sabe bailar la saya, pero la saya de verdad. Pero no quiere enseñar a nadie. Vive con una señora que tiene sus hijos. Se llama Jesús. Le digo: “Pero Jesús, enseñales, no te lo vas a llevar eso, te vas a morir, y chau París, ¿y qué va a ser del baile?”. Todos piensan que la saya es mover, pero la saya es elegante. Quiero que le vean a ese negro. Cuando está borracho nomás baila, es un compás de ritmo y de movimiento de brazos, que no es torpe, no es por ejemplo como yo veo bailar en la ciudad, ya como tanto se ve. El negro lo baila bien, pero no quiere enseñar a nadie, no dice ni esta boca es mía.

Más bien los jóvenes han vuelto a incentivar esta cuestión de la saya, por eso han ido a La Paz, a toda Bolivia han ido, a Sucre, todo eso. Han salido a representar ya jovencitos, estudiantes, todo, ¿no?. Al oír cantar, entonces, han vuelto a la moda esa de la saya, porque es idéntico a los modales del África, idéntico, idéntico. Hasta ahora mismo, siempre por ahí esos modales, ¿no?. Porque cuando moría una persona, uno de los miembros de una familia, entonces todos los negros, toda la comunidad asistía al entierro. Entonces hacían allí sus ruedos que llaman en mauchik, comenzaban a cantar así, coplas despidiéndose del muerto, y coplas también de sentimiento para los dolientes ¡Uh! lindo cantan, pues.

Thierry Henry, el eterno ídolo gunner.

Hoy, Lionel Messi ha vuelto a ganar el balón de oro. No sorprende. Es el mejor jugador del mundo. Aunque tampoco hubiese soprendido -personalmente me hubiese gustado- que Xavi Hernández se lleve el galardón. Pero es posible que jamás se lo den, quizá hoy haya sido su última oportunidad. Junto con él, una camada de grandes jugadores, engrosan la lista de los que sopresivamente no ganaron el premio que otorga la FIFA. Algo así le paso al gran delantero francés Thierry Daniel Henry, quien, por decir algo,  ganó el campeonato de la Premier League, con el Arsenal, de manera ¡invicta!, en 2004,  siendo el goleador del equipo; increíblemente no se hizo del premio al mejor jugador del mundo, el cual se lo llevó un tal Ronaldinho, que para aquel entonces deslumbraba al mundo con sus piruetas con el balón, pero nada más.

Aquel equipo mítico de Arsene Wenger jugaba de local en Highbury, brillaba con Pires, Bergkamp, Ljumberg, Vieira y arriba como su arma más letal, el 14, el francés que a la postre se convertiría en el mejor jugador de la historia del club.

Luego el Arsenal bajó de nivel, pero Henry no, de hecho su figura crecía más, y tras la partida de su compatriota Vieira, se hizó del cintillo de capitán y lideró el club de sus amores hasta llevarlo a la final de la Champions League -su asignatura pendiente, después de haber ganado todo-, pero se chocó contra el Barcelona de Ronaldinho y Eto’o. Algo más de un mes después volvió a perder una final, esta vez con su selección. Jamás volvería a jugar a ese espectacular nivel.

El 2006-2007 jugó su última temporada con el Arsenal, para pasar posteriormente al Barcelona y con el cual sabía que podía cumplir su última gran meta: La Champions League; pero eran malos tiempos en  Can Barça, y a pesar de ser el goleador del equipo Catalán en aquella temporada de debút, fue duramente criticado y poca gente lo toleraba. Con la llegada de Guardiola, Henry volvió a tener su oportunidad, y no la desperdició.

Quedará en la historia aquel tridente de oro, donde Thierry,  junto con Eto’o y Messi, levantaron 6 de 6 copas en una temporada; entre ellas, claro, la codiciada orejona europea. El francés pasó una temporada más en Barcelona, pero no es necesario mencionarlo, no tuvo pena, ni gloria. Luego marchó a los Estados Unidos y personalmente perdí el interés en aquel jugador que  me obligaba a poner el despertador muy temprano para verle correr como un ferrari en los campos de la Premiership, el de los goles inverosímiles, de los festejos casi indiferentes.

Hoy ya no existe Highbury, aquel campo donde Henry clausuró con un hat trick metiendo al Arsenal a la Champions al filo de la navaja. Lejos está la época de triunfos contundentes al hilo. Incluso ha partido Fabregás, quien se hizo el ídolo de la afición tras la partida del galo. Los tiempos han cambiado. Pero la vida suele ponerse bella, y el azar ha querido que a unos días de que se le construyera una estatua, Henry pase cedido al los gunners. Y así que cobre vida la estatua.

Sí, Henry ha vuelto al Arsenal, aunque sólo por dos meses, cedido, y se dará el lujo de jugar contra el Manchester United o contra el Milan, en Champions. Hoy ha “debutado”, en la Copa FA, y lo hizo anotando el gol del triunfo. Es impresionante. Henry está hecho para el Arsenal.

Aunque ya no es la gaceta que trotando derribaba defensas enteras, el club lo ama. Y vale la pena verle, para la nostalgia, o quién sabe, para el milagro.

¡Fuerza Tití!

Cada loco con su tema

El paso del tiempo

Mi gran amigo Daniel Celis decía que para la noche vieja (del 31 de Diciembre) se quitaba el cinturón y comenzaba a azotar el suelo para alejar las malas vibras. No es que este breve personaje sea creyente de tradiciones para dotar de buena suerte al año entrante, sino que le gustaba jugar con la emoción del momento. Él había inventado esa suerte de cábala por hacerse al payaso, pero claro, al calor de la emoción, los suyos no dudaron en azotar un pobre suelo que nada les estaba haciendo. La fé mueve montañas.

No sabemos cómo ni cuándo nacieron las demas costumbres:  Bajar y subir gradas, mejor si es con una maleta a cuestas, así se la pasa el año viajando;  contar lo máximo de dinero que se pueda, no importa si es de miniatura, ¡qué más da! hágalo con fé; comer doce uvas, una para cada mes, mientras se pide un deseo.  Santos, dioses, vírgenes milagreras o pachamamas, juntas y revueltas, invocadas en conmovedores peticiones. Seguramente muchas cosas más; cada familia con sus costumbres, cada esperanza expresada de diferentes formas que podrían hacer sonrojar a más de uno.

Esperanza. Porque de esperanza está hecho el hombre, o de necedad, de ese instinto de supervivencia que se torna fanático y devoto. Cada macho, cada hembra, resistiéndose a desaparecer en el mundo de lo macro. Son ellos los que cultivan costumbres, tradiciones, cábalas que burlan el paso del tiempo y anidan en almas que se arrastran gran parte del año y reviven al final.

Yo los veo desde lejos, aunque estén a un palmo de narices, y se me antojan tiernos, aunque mañana reniegue de ello. Con sus sueños irrealizables, su esperanza inoportuna, bienaventurados los que en algo todavía creen.

Así son los fines de año, algo bueno, aunque hipócrita, sale a flote. Hoy termina el 2011. Ahora toca guardar la buena cara, las frases bonitas y los buenos modales en algún rincón por unos 350 días. Volver al ritmo frenético de nuestras vidas, entre el sobrevivir y el despegar.

¡Que venga ese tal 2012!