Educar para no abortar. Abortar para no morir.

Suponiendo que se llegue a despenalizar el aborto, lo lógico y natural sería que éste sea gratuito, seguro y factible, es decir que tenga la capacidad de atender a esos cuarenta mil abortos que, se estima,  se practican por cada año.

¿Estamos en esas condiciones?  Probablemente no.

Suponiendo, una vez más, que se llegue a despenalizar el aborto, ¿mejoraría esto, por sí mismo, a nuestra educación sexual? ¿Impediría que quienes hombres nacimos dejemos a un lado los vicios de nuestro machismo que, sin duda, algo tiene que ver con esa cifra de cuarenta mil abortos/año?

Más dudas.

¿Podemos entonces esperar a que el sistema de salud público mejore? ¿podemos aguardar a que la despatriarcalización (si es que realmente esto se está llevando a cabo) eche raíces y de sus frutos?

Una hipotética legalización del aborto no va a solucionar nuestro sistema sanitario; no va a desmontar el profundo machismo de este, o cualquier otro, país.

Pero sí que va a poner el ojo sobre esas miles de mujeres que mueren o se les pudre el vientre después de sabe-dios qué tipo de “intervención médica” practicada por sabe-dios quién.

Primero es ello. Luego, podemos hablar de replantear nuestra educación sexual, que afianzada en los moralismos e intimidaciones, no ha funcionado. Está claro: no nos salen pelos en las manos por masturbarnos. No quedan “roscas” las muchachas por gozar su derecho sexual. No se pone celosa y justiciera la Vírgen María si un par de jóvenes se aman en Copacabana…

Se trata de educar para no abortar, abortar para no morir. Se trata de entender que la mujer es quien debe decidir sobre su cuerpo, y que esto no la vuelve una consumista del aborto, ni una asesina. La convierte una mujer con más derechos. Y nos convierte en un país más serio. Necesitamos romper pre-conceptos.

Pero romper pre-conceptos va más allá. Se trata también de evitar una confrontación innecesaria con quienes piensan diferente por sus influencias religiosas o por cualquier otro motivo. Basta con ver, como ejemplo, lo sucedido en el vecino país estos últimos días.

¿Quién gana cuando un grupo de gente pro-aborto se lanza a una Catedral de Santiago de Chile a destrozar sus bienes y a escribir “El aborto es lo mejor. Me kago en Dios” o “María kería abortar”?

Resulta, por lo menos, curioso que quienes se pronuncien en favor de la tolerancia y la pluralidad cometan actos tan irrespetuosos e irresponsables, que,  esto es lo peor, dan alas al conservadurismo para dividir al mundo en dos: nosotros, buenos; ellos, malos.

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La cosa no pasa por ahí, no pasar por desahogar la intolerancia con los intolerantes.

Se trata de entender algo que está claro: Quien quiere abortar, aborta, sea o no legal, sea o no pecado. Se lo hace por una combinación de motivos tan complejos que no nos vendría mal tratar de entenderlos primero antes de encasillarnos en posiciones cerradas, donde la verdad ya está sentenciada y nada más se puede decir o hacer.

Al derecho de la vida del feto no se la defiende en contra de una despenalización (no incentivo, no obligación, no invitación), se la debería defender a diario, por ejemplo, yendo a la Garita de Lima, en los tantos “centros de salud” que abundan, donde muchísimas mujeres acuden a realizarse un aborto. Debería defenderse descubriendo qué realmente se esconde detrás de un anuncio de “Test de embarazo”.

La realidad nos desborda. La realidad necesita acciones. Urgentes.

¿Qué hay detrás de las declaraciones de Cocarico?

Obra de Abel Bellido Córdova (Abecor)

A Eugenio Rojas un día de marzo se le ocurrió sugerir, ignorando la CPE, que la tortura se legalice en ciertos casos. Cuando la crítica de adentro y afuera del poder le cayó encima, medio que se arrepintió, medio que no. El hombre fuerte del gobierno: Juan Ramón de la Quintana, mandó a Leopoldo Férnandez a dormir junto a los gusanos. No se inmutó. Hoy nuevamente forma parte del Poder Ejecutivo.

Ambas declaraciones, entre otras muchas, no se hicieron realidad: ni se torturó, ni Leopoldo está bajo tierra. Palabras, nada más. Antes de ayer Eugenio, ayer Juan Ramón, hoy César.

El Gobernador paceño, César Cocarico, amenazó con mandar a colgar a quienes se opongan al proceso de cambio encabezado por el Presidente Morales. Un par de días después se arrepintió. La oposición, medios de comunicación y la gente de a pie, rápidamente desaprobaron las palabras de Cocarico. No es para menos.  El llamamiento a desaparecer al enémigo político es tan retrógrada que tiene semejanza a aquella vieja y conocida  amenaza de quien fue Ministro del Interior del gobierno dictatorial de García Meza.

Se asemejan pero por nada son iguales. Aunque las nefastaas declaraciones de Cocarico parecen más osadas y fulminantes, son sólo palabras y nada más. Lo del testamento bajo el brazo, no. Eso se materializó con vidas humanas.

Los tiempos son otros. Nadie va a colgar a nadie. Aunque el vocero tenga toda la intención. Ya no. Por eso, señor opositor, sientáse tranquilo que no le van a medir la talla del cuello. Cuando más será usted correteado políticamente, que tampoco es poca cosa.

Dicho eso,  cabe preguntarse ¿por qué  las autoridades realizan declaraciones de ese tipo? ¿qué los mueve? Alguien dirá que el revanchismo, otro se inclinará por el salvajismo de una clase popular poco “civilizada”. Pero quizá la respuesta es más natural que todo ello: la borrachera del poder. La sensación de inmunidad que es inversamente proporcional al respeto por el otro; los desesperados reflejos de aferrarse a la mamadera demostrando lealtad, o sea llunk’erío, puro y duro.

No son cosas nuevas, ya se han visto y se seguirán viendo…

Médicos vs Gobierno, una batalla incombustible

Tras algo más de un mes de intensa protesta, los médicos del sector público van radicalizando sus medidas de presión. Por ejemplo, este jueves 3 de mayo, médicos y trabajadores en salud cerraron rutas cerca de las trancas en los tramos carreteros de Cochabamba-Oruro, Santa Cruz-Trinidad y Trinidad-Santa Cruz. Por su parte el gobierno ha sumado a Juan Ramón Quintana como interlocutor con los médicos; además de ofrecer constantemente suspender la reglamentación del decreto para trabajar en él conjuntamente con los médicos y trabajadores de la salud. Por el momento no existe solución.

El conflicto médicos vs gobierno, que a estas alturas, se roba las primeras planas y los principales titulares de los noticieros, se parece a los tantos que ha vivido el país: un conflicto que inicia con medidas de presión, que se intensifican con el paso del tiempo, para terminar en diálogo, muchas veces forzado, y un consenso no del todo entusiasta. Es normal que ambas partes del conflicto no cedan ni un milímetro en su posición, y que se jaloneen a la opinión pública para que, escudados por ésta, su posición se torne “auténtica” y “justa”. Los medios de comunicación masiva entre tanto entretienen a su audiencia con las escenas más violentas y amarillistas, reproduciendo los dimes y diretes de los protagonistas especialmente controversiales.

En democracia, los conflictos son naturales y necesarios. Son un termómetro que mide el grado de participación de la población civil y sus agrupaciones en los problemas que, en otro contexto, el poder y sus élites resolverían a gusto y antojo. En otras palabras, y como se oye frecuentemente, en Bolivia dificilmente un gobierno hace lo que le entra en gana. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, entrando a más profundidad, las cosas no son tan lindas. Que un conflicto se prolongue a lo largo del tiempo, puede ser positivo (entendiendo que con el paso del tiempo la solución se vaya afinando); lo que no es positivo es el hecho de que en transcurso de ese tiempo, las posiciones de las partes cambien poco o nada. Es el caso del conflicto de médicos vs gobierno. Ninguno cede, y a diferencia de otros casos, los perjudicados no solamente son los que, a fuerza de bloqueos, no pueden movilizarse de un punto a otro o aquellos comerciantes que se les pudre la mercadería en mitad de una carretera interdepartamental.

En este escenario el perjuicio es mucho más serio, se trata de vidas humanas. Cualquiera que haya tenido una mala experiencia con la salud sabe que en esto es importante aliarse con el tiempo, porque uno o dos días perdidos pueden ser decisivos, cuando no letales. A los médicos y al gobierno parece no importarles esto, y si les importa, como seguramente lo dicen a través de hipócritas interlocutores, pareciera que no al nivel que importa tener la razón.

En nada ayuda mofarse de que el Presidente haya dicho o no que se siente feliz por no haber asistido a la universidad, tampoco que el Ministro haya permanecido 20 o 50 años en la carrera de medicina o que finalmente no haya salido ni bachiller. O que los médicos concentren su esfuerzo en tildar de dictador a Evo. Tampoco ayuda mucho saber si los estudiantes de medicina de las universidades públicas hayan o no participado de las protestas de Octubre del 2003.

Yo reprocho que el sector de la salud pública trabaje sólamente 6 horas en un país donde, sin lugar a dudas, lo mejor no es su sistema de salud. Me pudre ver a los mismos médicos que se la pasan coqueteando con sus visitadoras médicas hoy, frente a los micrófonos, aparezcan como los héroes de los enfermos. Pero también creo que está de buen tamaño ver las cosas desde una sola óptica y de manera tan simple: “Médicos flojos, trabajen 8 horas”. Seguramente que hay muchos profesionales de la salud que pretenden trabajar ocho horas, pero algo habrá que darles a cambio, como casi todo en esta vida. Si no entiende eso el gobierno, puede acabar perdiendo valiosos profesionales, que sin duda los hay.

Ojalá el conflicto se solucione sabiamente, antes de que los policias y huelguistas acaparen los pocos espacios que hay en emergencias de los hospitales públicos.

De calzones e indignados


Facebook y/o Twitter, palacios de lo “políticamente correcto”. Espacio mágico que hace de nosotros: voluntariosos, inteligentes, comedidos, patriotas, decididos, aguerridos,  indignados… Fácil es lamentarse tras un teclado, rabiar con todos los emoticons necesarios.

Cuando los machotes estudiantes del Colegio Bolívar, en Cochabamba, decidieron hacer su berrinche por el ingreso de nuevas e inéditas compañeras, los bolivianos en las redes sociales se tiraron de los pelos, exigieron juicios, clausuras; ¡los peores castigos, por favor, para los estudiantes y padres de familia retrógradas!

No es que no sea para indignarse; sí, lo es. Pero este suceso me hace recuerdo a aquel en el cual Rubén Costas, prefecto de Santa Cruz, fue herido por una bala delincuente, víctima de la inseguridad ciudadana. Por aquel entonces la protesta fue, cuando no, bulliciosa y hasta se organizó una cumbre de seguridad, entre tanto las voces críticas decían que por qué no pasa tal cosa ante los diarios atentados contra la seguridad de los “no prefectos”.

Este dilema del Colegio Bolívar es similar, puede que los excesiva indignación en las redes sociales haga parecer un hecho “anormal” el del machismo de jovenzuelos de no más de 18 años, o el de sus padres. Pero lo cierto es que en este país a diario se vive con ello, los mismos que se jalan los pelos hoy, puede que ayer jalaran los pelos de su señora; las que exigen clausura y juicios hoy, mañana vetarán a la novia de su hijito, porque esta le quiere ch’antar a su wawa. Y así, para cada gusto; por supuesto que no son todos, sobra decirlo. Porque el del colegio Bolívar es la excepción que sale a la luz, otras discriminaciones de ese tipo, se dan a diario ¿o acaso el susodicho colegio es el único que sólo admite varones? ¿ o acaso a las jovencitas que han cometido el “pecado” de embarazarse les niegan la reinserción escolar? ¿será falso eso de que profesores no necesariamente viejos ni verdes acosan a muchachitas por unos cuantos puntos?.

Lo “natural” en el país es eso: el machismo. Y si es que usted duda de las amarguras desparramadas en este texto, pues, a las pruebas me remito: A días de la payasada de los colegiales, a voz en cuello, en el kilómetro cero de Nuestra Señora de La Paz,  presidentes y ministras cantan coplas más machistas que el viejo caporal que hace temblar las avenidas orureñas. ¿Qué tal, esa? ¿Ahora a quién le pedimos renuncia, a quién enjuiciamos?

De los cuarteles, ¡nada!

Al Señor Viceministro que sugirió 2 años de Servicio Militar obligatorio, sería bueno recordarle que los cuarteles son el templo de la idiotez. Son ahí donde se fraguan los más putrefactos dogmas y prejucios, es decir, racismo, machismo, violencia… Lo irónico es que la propuesta de extender en 2 años el “Servicio” Militar, viene en el marco de la lucha contra el racismo y la discriminación.

Sí, es cierto que de esos 2 años, tan sólo 3 meses estarían destinados a la instrucción militar y el tiempo restante estaría destinado a capacitar en carreras técnicas a los conscriptos. Eso está muy bien. Pero para que ello se de, no es necesario encuartelar a nadie, no es necesario capacitarlo en armas, ni gritonearlo, ni seguramente dividirlo en machitos y mujercitas. Esas son pajas.

Yo no confío en los cuarteles, talvez para el Señor Felix Cárdenas  “Ya no tenemos unas FFAA torpes o domesticadoras como antes; hay nuevos oficiales con una mentalidad democrática”, pero para mí siguen siendo primitivos y nada bueno puede salir de ello.

Así que me refresco la memoria e invito a usted, apreciado visitante, a observar conmigo este vídeo que da muestra de lo que más o menos a diario pasa por esos lugares, y que seguro seguirá pasando con armas o libros.

 

 

¿Nueva Justicia en Bolivia?

Ya están posesionados.  Conformado quedó el nuevo Organo Judicial de Bolivia, a casi tres meses de aquella noche del 16 de Octubre donde algunos compatriotas se  arrojaron a las calles a agitar banderas, reventar petardos y a gritar a voz en cuello que el autoritarismo estaba siendo derrotado.

No hubo oxígeno para más. Ahí quedó todo.

La campaña del voto nulo o voto pifiado, fue una muestra de coraje y unidad, amén de oportunismo y mezquindad. La población en general, supo transmitir el mensaje de casa en casa, sin interés alguno más que demostrar cuan emputada estaba con el gobierno, que por aquel entonces estaba jugando al verdugo con los marchistas del Isibore Secure. Así ganó el voto de rechazo (nulo + blanco + abstención), pero escrito estaba que eso no iba a alcanzar. Habrían de ser posesionados hasta con 130 votos.

Pero yo me pregunto qué hubiese pasado si con la misma ferocidad que se crearon afiches, pasacalles, poleras, insignias, logos; con la misma disciplina con las que se crearon grupos, eventos, fotos con 200 etiquetados en facebook, se hubiese procedido a defender por lo que se luchó, por lo que se gritó. Sólo me pregunto.

Lo cierto es que no fue así. El escenario político en Bolivia sigue siendo monopolio de quien tiene el poder y quizá de quien se atreve a dejar de lado su asiento y salir a dar batalla a las calles, a lo Octubre, no el del 2011, por supuesto.

Ahora pueden quemar su ingenio llamándoles como les plazca: MASistrados, Magistruchos o simplemente  olvidarlos e ir a la pesca de otra papa caliente con la cual derrochar “indignación”.

Y ya que estamos hablando del nuevo Organo Judicial, habrá que desearles suerte porque tienen en frente una tarea titánica y que sería según la editorial de La Razón, sería algo así: ” Con relación al trabajo que ahora les espera, de acuerdo con información oficial divulgada días atrás, quedan pendientes de resolución al menos 7.500 causas en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ); en el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) son cerca de 3.500 los casos; y en el Tribunal Agroambiental (TA), 1.500. A ellos se suman todos los procesos pendientes en el Consejo de la Magistratura (CM). Al respecto, la Ley 212 de Transición establece un plazo de tres años para concluir con los pendientes del TSJ, de 18 meses para idéntica tarea en el TCP y de un año para las causas no resueltas en el TA y el CM.”

Los nuevos magistrados prometen una nueva justicia, lo prometen con la emoción de quien, con sus copas encima, promete una nueva y mejor vida algún 31 de diciembre. Ojalá el destino no sea el mismo. Y ojalá tampoco seamos tan ingenuos de creer que porque la nueva presidenta del Consejo de la Magistratura apellide Mamani la justicia haya dado el giro necesario para ser medianamente creíble. Para eso tienen que pasar muchísimas otras cosas más y tambien mucho tiempo.

Sin crítica, no hay debate

Ayer la Plaza Villarroel se quedó chica ante la presencia multitudinaria de sectores sociales y funcionarios públicos, para dar apoyo al Proceso de Cambio que encabeza el gobierno de Evo Morales.

El Presidente se dirigió a estos, transmitiendo su decisión de aperturar un nuevo debate para la agenda de desarrollo nacional. Invitó a todos los sectores a unirse a esta causa: intelectuales, colegio de ingenieros y abogados, empresarios, sectores sociales, campesinos, indígenas, originarios, etc. Además de ello, citó la famosa agenda de Octubre de 2003, mencionando que ésta ya se ha cumplido, si consideramos que la industrialización va en camino.

¿Cómo recibimos este llamado a un nuevo debate?. Primero habrá que notar que el Presidente y su entorno cercano, han caído en la cuenta de que su gobierno se está desgastando, no al paso de la crónica opositora, pero sí va de caída. Entienden que es necesario refrescar el discurso, rearmar las bases y en resumen, no perder el control del barco.

Al gobierno le quedan 3 años de mandato que tiene que cumplirlos democráticamente. En ese marco, un llamado a replantear el desarrollo del país, es saludable. ¿Pero, es esto posible?

El llamado de Evo a diferentes sectores de la nación es algo curioso en momentos donde más fragmentado está el bloque social. ¿Cuántos sectores del llamado pacto de unidad se han desprendido de Evo? ¿Cuántas simpatizantes, públicos o no, han dado la espalda a este proceso? Son muchos. Algunos se sienten traicionados, insatisfechos, otros habrán sido simplemente oportunistas, pero finalmente todos fueron descalificados.

Y es ahí donde me quiero detener. Es algo que en la mayoría coincide: el gobierno es alérgico a la crítica. No la tolera. Y califica a sus críticos de derechistas (a estas alturas sería bueno preguntarse ¿Qué coño es ser derechista?), neoliberales, imperialistas, resentidos…  Anula su crítica, y sin crítica, no hay debate.

¿Cómo entonces, sino es por medio de la crítica, se evalúa todo lo que se hizo, se encuentran los puntos débiles y a través de estos se plantean posibles soluciones? Y cuando me refiero a crítica, escribo tanto de la interna, como de la externa. De adentro, o en el interior del gobierno, dejando a un lado el discurso conspirador, asumiendo responsabilidades. Que diferente imagen proyectaría un gobierno que rebaje el tono de la victimización y sepa asumir responsabilidades, cuando le corresponden. Y la crítica tiene que venir de afuera también, mejor dicho tiene que ser recepcionada la crítica externa, de todos esos sectores que no encarnan a la “derecha reaccionaria”, ni a intereses foráneos en desmedro de Evo, de esos ciudadanos y ciudadanas que no se sienten representados por Movimientos Sociales, ni por mineros, ni por federaciones, pero que finalmente son tan bolivianos como otros.

Sólo así podemos sentar las bases de un debate nacional,  donde nadie sea visto como enfermo mental si propone menos estatización o apertura al mercado. Donde sea necesario que opositores dejen el vicio de tirarse de los pelos y golpearse contra el muro. Donde las puertas abiertas por el mismo Presidente no sean condicionadas por posiciones políticas cerradas, ya que eso haría del debate un círculo exclusivo y privilegiado, poco democrático.

El mensaje presidencial

El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, se dirigió al pueblo boliviano a través de la televisión estatal, hoy, aproximadamente a las 20:45, después de los hechos lamentables del día domingo en Chaparina.

Empezó el mensaje repudiando los hechos violentos, tanto en contra de los marchistas, como los sufridos por el Canciller. Puso en tela de juicio la muerte del bebé de tres meses. Sin embargo anunció la creación de una comisión de alto nivel que de investigación sobre los hechos violentos suscitados el fin de semana, y entonces tomar acciones contra los responsables. Evo dijo no tener nada que ver con esos deplorables actos.

Posteriormente dio un repaso a la necesidad de construir la carretera, desde Siles Suazo hasta Carlos D. Mesa, la carretera fue una prioridad para la conexión de las regiones. Luego enfatizó en las demandas de más de 50 comunidades que giran en torno a la construcción de la carretera.

Finalmente cerró el mensaje proponiendo un debate nacional, priorizando a las zonas afectadas: Beni y Cochabamba. Para ello propuso un referéndum en estos dos departamentos para decidir sobre el futuro de la carretera. Entre tanto, dijo Evo, se suspende el proyecto de construcción.

Después del mensaje presidencial surgen una serie de consideraciones:

Evo, no responsabilizó a nadie de los actos de violencia, se limitó a la creación de la comisión de investigación, pero… ¿cómo se pueden hallar responsables concretos en este panorama? Una investigación de este tipo tomará su tiempo, y seguramente la sed de hacer justicia de los sectores implicados, tendrá que esperar. Lo previsible es que se pase la bolita de un sector a otro.

El Presidente habló de un debate nacional, pero ¿Cómo sale del discurso y se lleva  a la práctica esto? Difícil e inoportuno. Sobre el referéndum, habrá que esperar a que este tome más forma. ¿Será una pregunta con dos opciones?: ¿Se quiere carretera o no? ¿La pregunta incluirá el trazado de la carretera? Muchas dudas quedan.

Ahora sobre el tema de la suspensión del proyecto. ¿Se suspende completamente? ¿Se suspende sólo el tramo II? Habría que considerar lo que dijo el director de ABC caminos, que cada tramo es independiente.

Finalmente, queda una serie de preguntas generales ¿Dónde queda, entonces, la marcha con sus 16 demandas? ¿Qué rol juega de acá en más, considerando que la solución gubernamental es un referéndum? ¿Tiene sentido aún su llegada su posible llegada a La Paz? ¿Cuáles son las soluciones a corto plazo para frenar el clima hostil que aún reina en el país?

Seguro todos tenemos nuestras interrogantes. Por el momento esto hay. Y parece que no convence mucho. La credibilidad del gobierno está dañada. Los ánimos siguen caldeados y un panorama de diálogo y debate que propone el gobierno se percibe lejano y ajeno a esta realidad.

Se pudo evitar

Sí, se pudo haber evitado. Evitado que “la derecha, el gonismo, los resentidos, y una camada de conspiradores”, hayan tomado papel en esto.

Se pudo haber evitado gritos de Dictador, de asesino de niños; si, se pudo.

Se pudo haber evitado un bloqueo ambiguo de colonos y policias. Que si no tienen derecho al agua, que no es potable, que es para bañarse…, se pudo haber evitado.

Se pudo haber evitado intentos de secuestro, denuncias, flechazos, labios partidos, niños desaparecidos, bloqueo de aeropuertos, marchas, bloqueos, vigilias… etcétera y etcétera. Se pudo haber evitado todo este descontrol e incertidumbre.

Se pudo, pero no se lo hizo; porque los conflictos en este país se los resuelve a caprichos, a rabietas, adeslegitimizar al “enemigo”. No se ve mas que héroes y villanos. Y es una pena.

¿Tan difícil es el diálogo? ¿Tanto cuesta? ¿Acaso es la primera vez que existe un conflicto social,  que termina terriblemente mal?. ¿No se pudo anticipar ello? Y luego chillamos porque disque no tenemos memoria.

Se pudo haber evitado toda esta mierda, que seguro traerá consecuencias nefastas.

Y ahora, a minutos del mensaje presidencial sobre los hechos, también es justo decir que se puede evitar inestabilidad y río revuelto… donde no faltarán los oportunistas de siempre. Se puede evitar ello.

A esperar.

Tarde, Sanabria.

Rene Sanabria ha sido condenado a 14 años de prision

¿Qué hace a un hombre arriesgar la armonía de su vida? ¿Qué lo impulsa a jugarse su libertad, su condición social y económica moderadamente aceptable? ¿Por qué un hombre quien otrora gozara de privilegios exclusivos hoy implora perdón, en nombre de sus hijos, en otro país, juzgado por una rigidez que en su natal país burló? Entre tantas respuestas que puedan imaginarse, yo me decanto por una: Poder y dinero, rápido y “fácil”.

No basta discutir la ambición por sí misma, no vamos a caer en moralismos baratos achacando los males del hombre moderno al dinero. El dinero es necesario, y es justo luchar por él. Y es natural ambicionar más de ello. Lo que ocurre es que esa ambición puede crecer desairadamente, encegueciendo al codicioso de turno, haciéndose de él, manipulándolo a diestra y siniestra.

Arriba, cerca del poder, donde a la gente se la mueve, sin siquiera abrir el pico, es más fácil embriagarse de ambición. Los retos son más simples. La regla la hace el que tiene el oro, y a este, a su vez, no lo rigen reglas. Es una puerta ancha a lo fácil, lo instantáneo. Contrabando, narcotráfico, maniobras de presupuesto. Hay variedad para escoger el camino al Edén. Paraíso verde, verde olivo…

Tienes poder,  contactos y una maraña de gente que hará el trabajo sucio por ti, además a tu favor juega unas flácida institucionalidad, que hace lejana la posibilidad de ser descubierto; total, si algún gil se hace pescar, cae y se jode solo, tú no.

Y el ciclo se repite: más se tiene, más se quiere. El poder se enciende y desprende su embriagadora humareda. Se nubla la razón. Ni se quiere, ni se puede ver el riesgo, omnipresente. Está ahí. Y es directamente proporcional a la hazaña emprendida.

Puede que el crimen se haga perfecto, inmune, como puede que no, y entonces suceden cosas como las de un 23 de septiembre.

René Sanabria, ex comandante de la FELCN ha sido condenado a 14 años de prisión, lejos de su país, de sus lujos, de sus vicios. Implora. Llora. Acude al drama y argumenta que sus hijos lo necesitan.

Tarde, René… tarde.