Educar para no abortar. Abortar para no morir.

Suponiendo que se llegue a despenalizar el aborto, lo lógico y natural sería que éste sea gratuito, seguro y factible, es decir que tenga la capacidad de atender a esos cuarenta mil abortos que, se estima,  se practican por cada año.

¿Estamos en esas condiciones?  Probablemente no.

Suponiendo, una vez más, que se llegue a despenalizar el aborto, ¿mejoraría esto, por sí mismo, a nuestra educación sexual? ¿Impediría que quienes hombres nacimos dejemos a un lado los vicios de nuestro machismo que, sin duda, algo tiene que ver con esa cifra de cuarenta mil abortos/año?

Más dudas.

¿Podemos entonces esperar a que el sistema de salud público mejore? ¿podemos aguardar a que la despatriarcalización (si es que realmente esto se está llevando a cabo) eche raíces y de sus frutos?

Una hipotética legalización del aborto no va a solucionar nuestro sistema sanitario; no va a desmontar el profundo machismo de este, o cualquier otro, país.

Pero sí que va a poner el ojo sobre esas miles de mujeres que mueren o se les pudre el vientre después de sabe-dios qué tipo de “intervención médica” practicada por sabe-dios quién.

Primero es ello. Luego, podemos hablar de replantear nuestra educación sexual, que afianzada en los moralismos e intimidaciones, no ha funcionado. Está claro: no nos salen pelos en las manos por masturbarnos. No quedan “roscas” las muchachas por gozar su derecho sexual. No se pone celosa y justiciera la Vírgen María si un par de jóvenes se aman en Copacabana…

Se trata de educar para no abortar, abortar para no morir. Se trata de entender que la mujer es quien debe decidir sobre su cuerpo, y que esto no la vuelve una consumista del aborto, ni una asesina. La convierte una mujer con más derechos. Y nos convierte en un país más serio. Necesitamos romper pre-conceptos.

Pero romper pre-conceptos va más allá. Se trata también de evitar una confrontación innecesaria con quienes piensan diferente por sus influencias religiosas o por cualquier otro motivo. Basta con ver, como ejemplo, lo sucedido en el vecino país estos últimos días.

¿Quién gana cuando un grupo de gente pro-aborto se lanza a una Catedral de Santiago de Chile a destrozar sus bienes y a escribir “El aborto es lo mejor. Me kago en Dios” o “María kería abortar”?

Resulta, por lo menos, curioso que quienes se pronuncien en favor de la tolerancia y la pluralidad cometan actos tan irrespetuosos e irresponsables, que,  esto es lo peor, dan alas al conservadurismo para dividir al mundo en dos: nosotros, buenos; ellos, malos.

Image

Image

La cosa no pasa por ahí, no pasar por desahogar la intolerancia con los intolerantes.

Se trata de entender algo que está claro: Quien quiere abortar, aborta, sea o no legal, sea o no pecado. Se lo hace por una combinación de motivos tan complejos que no nos vendría mal tratar de entenderlos primero antes de encasillarnos en posiciones cerradas, donde la verdad ya está sentenciada y nada más se puede decir o hacer.

Al derecho de la vida del feto no se la defiende en contra de una despenalización (no incentivo, no obligación, no invitación), se la debería defender a diario, por ejemplo, yendo a la Garita de Lima, en los tantos “centros de salud” que abundan, donde muchísimas mujeres acuden a realizarse un aborto. Debería defenderse descubriendo qué realmente se esconde detrás de un anuncio de “Test de embarazo”.

La realidad nos desborda. La realidad necesita acciones. Urgentes.

Anuncios

A ke Sí

Para que el TallerTaká sea, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo el mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Cinco músicos al frente, todos de grandísimo talento, en realidad son una multitud, generaciones tras generaciones de melodías y letras que brotaron de la Habana, Charcas, los verdes campos de Tarija; notas que viajan en los vientos de los Andes, de Tiempo a Tiempo. Eso y más.

Image

El Taller salió a escena junto a otros ocho músicos desTakádos del país el martes 4 de diciembre en el cine 6 de Agosto, rescatado por el municipio paceño ya hace varios años. De izquierda a derecha se situaron Christian Quenta en el saxo, Leonardo Miranda en el bajo, Gustavo Baldiviezo en la percusión, Sergio Antezana en la voz y en la derecha un sujeto al que de algún lugar de sí mismo le brota una guitarra, como una extensión de su propio ser: El Gabo Guzmán.

Casi dos horas de espectáculo donde junto a los muchachos del Taller estuvieron: Jimbo Illanes y David Gamón deleitando con esa preciosa canción de nombre Del Pobresor, de quien se dice era tan pobre que cuando quería escuchar música sólo le quedaba cantar; Omar Baldiviezo, padre de Gustavo, violín al hombro  y voz de los Canarios del Chaco entonando la cueca Martirio; Melo Herrera, Mau Montero,  Marco Flores, el ahora trío Entre dos aguas; David Portillo y su audaz manejo del escenario, devolviéndole a la Morenada el surrealismo de antaño; El muy conocido Grillo Villegas, en una versión renovada de Después de cada beso y como un fantasma de los Andes, el entrañable Papirri juntando a nuestros protagonistas para cantar a viva voz la ochentera canción del hoy ausente niño cuzqueño: Hasta Ahurita. Ésas fueron algunas de las canciones expuestas la noche del martes. No es nuestra intención reproducir todas y cada uno de esos detalles. Acá la intención es el gozo y el halago desfachatado a nuestros músicos, a los trece que cabalgaron el escenario. Y también a Producciones R, que ha hecho posible tan dignos eventos.

El TallerTaká hizo suya la música de todos, ahora el Taller es de todos. Aunque todos no seamos tantos.

En el blog de Sergio Antezana (algo olvidado por el autor) contiene un post de vieja data de título Bueno, bonito y bizarro, en donde Sergio lamenta, desde su anécdota,  la suerte de muchos artistas nacionales poco valorados por su público local. Es un texto muy fuerte. Y es que el mismo Antezana ha visto la necesidad de volver a publicarlo, esta vez, desde su perfil de una conocida red social. Ese es uno de los otros motivos por el que se escribe este texto. Por qué no sé si Sergio sabrá que al ritmo de su Bailecito las gentes se aman, como sólo es posible amarse bajo el hechizo de una canción que sabe llegar. Marcando su música en un territorio de donde no se puede borrar tan fácilmente.

Y fue precisamente con el Bailecito de un tipo que quiere a alguien que la noche se cerró. Aplaudimos a rabiar. Y hay que seguir haciéndolo, recordando a nuestros hermanos del TallerTaká que mientras nos una aquello, que ya ha creado su canción en nosotros, vamos a estar juntos.

A ke Sí

No eres tú

Crónica del concierto de Santiago Feliú en La Paz Bolivia del 9 de Noviembre del 2012


¿Qué pasaría si Silvio Rodríguez llegase a Bolivia uno de estos meses? Es probable que las entradas para tal hipotético concierto se acabaran en cuestión de horas, inmensas colas de por medio. ¿Verdad? Y está bien que sea así. No menos se podría esperar. Es que es Silvio. Un símbolo: de revolución y poesía. Es leyenda. Pero resulta que existen otros artistas tan talentosos como el aprendiz de brujo, y hasta son paisanos y amigos suyos, aunque despojados de aquel simbolismo . Y parece que eso no llama la atención. No acá. O qué otra cosa puede explicar la evidente ausencia de público en el Teatro Municipal la noche del viernes 9 de noviembre para oír al músico Santiago Feliú.

Puede que sea 9 y no te hayan pagado tu sueldo, y entonces dices no hay platita. Pero resulta que la entrada más económica te costaba 50 bolivianos. Una ganga comparada con la entrada más económica de conciertos similares al nuestro. Puedes también decir que medio que no conoces su música -aunque esto no debería ser ni de lejos “excusa” alguna, ¿acaso las evidentes referencias de Feliú no invitan a pensar que el cubano tiene algo interesante qué decir con su música?.  Y sí, puede que Santiago no te haya llegado en CD por aquello de que sólo se importa música comercial y la piratería tampoco te haya hecho el favor. Es cierto. Tampoco Feliú es popular, en Youtube sus vídeos no llegan al millón de visitas. Tampoco sus frases están circulando por las redes sociales como pólvora encendida. Entonces no le conoces y ello es absolutamente comprensible.

Ahora bien, resulta que tú eres de los/las que cree que la música es un arte y no un espectáculo. A menudo te fastidias con la canción comercial, vacía, efímera. Dices priorizar la letra por sobre muchos aspectos. Eres de los que amanecería por una entrada al mencionado concierto de Silvio, ya ni hablamos de Sabina (la mención al de Úbeda acá no es nada casual). Pero no le das una oportunidad a Santiago Felíu porque no es un símbolo, no es popular (dentro de lo “impopulares” que suelen ser los/las cantautores/as). Parece que todavía crees que un concierto es una especie de Karaoke-discoteca, dónde es obligatorio saberte las letras de las canciones para cantar voz en cuello los hits de quien está encima del escenario. Y éste alabe a tu ciudad y no se canse de darte las gracias por tu presencia, como manda el guion. Pues si piensas así, puede que hayas escogido bien en no ir al Municipal el viernes porque lo que teníamos en frente era un Santiago Feliú de pocas palabras, frío, sólido e imponente como un Iceberg. Y que pese a ello, o quizá precisamente por ello, te impacta con su estilo de parir la canción.

El cubano empezó con Ay, la vida y terminó con Vida. Y en medio de ambas tocó el piano y con él interpretó ¿A dónde van? de su maestro Silvio. Segundo gran momento de la noche. Y luego volviendo a su guitarra recordó a quien ya se fue algunos años atrás y que junto a su hermano y otros crearon aquello llamado la Nueva Trova Cubana, a finales de los años sesenta: Noél Nicola, de quien interpretó Llueve en agosto de 1981. Fue Noél Nicola quien prologaba su primer trabajo, allá por 1986, Vida, diciendo de Santiago algo que llama la atención desde que le ves tocar, y que no es otra cosa sino la forma de tocar la guitarra: con la siniestra. “No hay error. Santiago toca ‘a la zurda’… ¡por partida doble! El coloca la guitarra para tañer con su mano izquierda y formar las notas y acordes sobre el diapasón con su mano derecha, ¡pero no le cambia el orden a las cuerdas! ¡las deja ‘a la derecha’!. Así le quedan los bajos ‘abajo’ y los agudos ‘arriba’. He visto antes a algún guitarrista zurdo tocar así, pero en lo que alcanza mi experiencia, ninguno que lo hiciera así de bien, llenando tanto el espectro de posibilidades del instrumento y eso, claro, con una técnica que ha tenido que inventarse el solito. La primera impresión suele dejar atónito a todo el que pueda entender un poco lo que él se trae, precisamente, entre manos. Esta forma de guitarrear genera algunos timbres especiales y un ‘sentimiento’ armónico propios que han marcado la creación de Santiago y que él ha ido desarrollando en sus composiciones posteriores.”

Con Despojos, Sin tanta soledad o Planeta Cuba destiló su esencia: tocando con una fuerza impresionante la guitarra, casi golpeándola, sin que esto rompa la estética creada. Entre tanto, su voz, que de un momento a otro se hace tan potente y emotiva que  enchina la piel, trepaba hasta las casi vacías butacas del Teatro Municipal. Butacas que tuvimos que abandonar quienes decidimos estar ahí para cambiarlas por el sector platea, tras una pausa que tuvo el concierto, donde todos nos posicionamos con más comodidad. Volvió Feliú, y con él quizá las canciones más esperados por su público: Ansias del Alba (escrita en memoria de los desaparecidos de América Latina),  Bárbara (dedicada a quien fuese su primera mujer, tras un corto matrimonio que llegó a su fin tras 8 meses)Mi mujer está muy sensible (canción en la cual Guevara y Lennon no saben/quieren/debieran regresar, según la versión).

Nosotros le aplaudimos y le agradecemos su arte, su zurdo tocar, su poesía, esa que intenta nutrirse de sí misma, sin referencias, como el mismo Santiago afirma al mencionar el abandono de la lectura, para que su poesía sea más autosuficiente. Y, claro, le esperamos de vuelta.  Y ojalá esta vez con más público, como se merece. Porque no eres tú, Santi, somos nosotros (usted, yo y el/la de en frente); son estos días de mierda.

Baldivieso y su dilema


De espaldas a la recta, vestido de verde, con el 10 en el dorsal, a unos treinta metros del portero brasilero, Julio César Baldivieso mandó uno de esos largos y precisos pases; esta vez el pase fue directo a la red. Así era la precisión del ‘Emperador’ cuando jugaba en las canchas de Bolivia y del mundo.

Wilsterman, Bolívar, Newells, entre otros, fueron testigos de su enorme talento. Un talento basado en la inteligencia sobre la cancha o como el vasco Azkargorta lo decía: “Julio es de esos jugadores que ya tiene toda la jugada en mente, como una fotografía y sabe a quién ceder el balón para iniciar una acción de conjunto hacia el arco contrario”. A diferencia de jugadores que descansan sus virtudes en las características físicas (la velocidad, la aceleración, la fortaleza), los que siguen la línea de Baldivieso mantienen sus dotes hasta la tumba. De ahí que ‘Baldi’ tenga habilidad innata para la dirección técnica, amén del liderazgo que le caracteriza.
Su carrera como director técnico es corta, pero ya parece todo un veterano en ello. Comenzó con Aurora, un equipo que estaba condenado al descenso y que al final acabó siendo el campéon, derrotando a Blooming, en noviembre del 2008. Esa fue su carta de presentación. Con el mismo club cochabambino avanzó dos fases en la Copa Sudamericana. Y, actualmente, está en carrera en la misma competición y con el mismo club, que a decir verdad fue el único que dirigió, con la excepción de un corto tiempo en Real Potosí.


Algo tiene Baldivieso que levanta a sus jugadores.  Algo tiene también que al público futbolero le agrada (no en la medida que él pregona, pero sí son muchos). Por algo fue el favorito del público en la elección previa al DT del seleccionado que finalmente cayó en manos de Xabier Azkargorta. Si decisiones como esas pasaran por las urnas, hoy Baldivieso sería el responsable de la selección.
Pero no es así, en el fútbol boliviano, las decisiones se las toma entre cuatro paredes y cuatro gatos. Y tampoco está mal que así sea, siempre y cuando los gatos sean gente responsable y algo digna. De más está decir que no es el caso. Y también está bien que Baldivieso no sea el líder de la selección. Porque a pesar de todo lo bueno que se ha dicho, se dice y se dirá de él, existe un gran pero.

El pero radica en esa su forma de ser tan particular, que tantos problemas le trajo ya desde su época de jugador. ¿Alguien recuerda los orígenes de su otro apodo ‘Chuflay’?. Donde ha ido Baldivieso, ha tenido problemas. Verdad que porque es un tipo frontal y tiene su posición, y desde ella actúa (cosa de por sí aplaudibles en tiempos como estos donde nos gusta hacer todo lo contrario a lo que predicamos).  Baldivieso afirma ser víctima de su valentía. Siente que no le quieren porque alborota el gallinero del poder. Y es cierto. Pero no siempre. No siempre se le quiere perjudicar. No siempre hay planes malévolos por perjudicar su trabajo. No todos están pendientes de él. Los triunfos son mérito de su trabajo y por supuesto el de su equipo. No son triunfos épicos, a pesar de los conspiradores.

Por eso es que Baldivieso no es una buena idea para el fútbol nacional; uno que necesita de una generación de nuevos jugadores, de nuevos dirigentes, comprometidos con el fútbol; sí, un sueño. Un fútbol que no necesita héroes y victimizaciones, ilusiones falsas. Todo eso que Baldivieso representa. Todo eso que transmite a sus jugadores y que crea un circulo vicioso difícil de sortear. Qué peligroso para nuestro fútbol, donde, como en muchas otras áreas del país, una de las claves más importantes pasa por cambiar la mentalidad.

Médicos vs Gobierno, una batalla incombustible

Tras algo más de un mes de intensa protesta, los médicos del sector público van radicalizando sus medidas de presión. Por ejemplo, este jueves 3 de mayo, médicos y trabajadores en salud cerraron rutas cerca de las trancas en los tramos carreteros de Cochabamba-Oruro, Santa Cruz-Trinidad y Trinidad-Santa Cruz. Por su parte el gobierno ha sumado a Juan Ramón Quintana como interlocutor con los médicos; además de ofrecer constantemente suspender la reglamentación del decreto para trabajar en él conjuntamente con los médicos y trabajadores de la salud. Por el momento no existe solución.

El conflicto médicos vs gobierno, que a estas alturas, se roba las primeras planas y los principales titulares de los noticieros, se parece a los tantos que ha vivido el país: un conflicto que inicia con medidas de presión, que se intensifican con el paso del tiempo, para terminar en diálogo, muchas veces forzado, y un consenso no del todo entusiasta. Es normal que ambas partes del conflicto no cedan ni un milímetro en su posición, y que se jaloneen a la opinión pública para que, escudados por ésta, su posición se torne “auténtica” y “justa”. Los medios de comunicación masiva entre tanto entretienen a su audiencia con las escenas más violentas y amarillistas, reproduciendo los dimes y diretes de los protagonistas especialmente controversiales.

En democracia, los conflictos son naturales y necesarios. Son un termómetro que mide el grado de participación de la población civil y sus agrupaciones en los problemas que, en otro contexto, el poder y sus élites resolverían a gusto y antojo. En otras palabras, y como se oye frecuentemente, en Bolivia dificilmente un gobierno hace lo que le entra en gana. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, entrando a más profundidad, las cosas no son tan lindas. Que un conflicto se prolongue a lo largo del tiempo, puede ser positivo (entendiendo que con el paso del tiempo la solución se vaya afinando); lo que no es positivo es el hecho de que en transcurso de ese tiempo, las posiciones de las partes cambien poco o nada. Es el caso del conflicto de médicos vs gobierno. Ninguno cede, y a diferencia de otros casos, los perjudicados no solamente son los que, a fuerza de bloqueos, no pueden movilizarse de un punto a otro o aquellos comerciantes que se les pudre la mercadería en mitad de una carretera interdepartamental.

En este escenario el perjuicio es mucho más serio, se trata de vidas humanas. Cualquiera que haya tenido una mala experiencia con la salud sabe que en esto es importante aliarse con el tiempo, porque uno o dos días perdidos pueden ser decisivos, cuando no letales. A los médicos y al gobierno parece no importarles esto, y si les importa, como seguramente lo dicen a través de hipócritas interlocutores, pareciera que no al nivel que importa tener la razón.

En nada ayuda mofarse de que el Presidente haya dicho o no que se siente feliz por no haber asistido a la universidad, tampoco que el Ministro haya permanecido 20 o 50 años en la carrera de medicina o que finalmente no haya salido ni bachiller. O que los médicos concentren su esfuerzo en tildar de dictador a Evo. Tampoco ayuda mucho saber si los estudiantes de medicina de las universidades públicas hayan o no participado de las protestas de Octubre del 2003.

Yo reprocho que el sector de la salud pública trabaje sólamente 6 horas en un país donde, sin lugar a dudas, lo mejor no es su sistema de salud. Me pudre ver a los mismos médicos que se la pasan coqueteando con sus visitadoras médicas hoy, frente a los micrófonos, aparezcan como los héroes de los enfermos. Pero también creo que está de buen tamaño ver las cosas desde una sola óptica y de manera tan simple: “Médicos flojos, trabajen 8 horas”. Seguramente que hay muchos profesionales de la salud que pretenden trabajar ocho horas, pero algo habrá que darles a cambio, como casi todo en esta vida. Si no entiende eso el gobierno, puede acabar perdiendo valiosos profesionales, que sin duda los hay.

Ojalá el conflicto se solucione sabiamente, antes de que los policias y huelguistas acaparen los pocos espacios que hay en emergencias de los hospitales públicos.

De calzones e indignados


Facebook y/o Twitter, palacios de lo “políticamente correcto”. Espacio mágico que hace de nosotros: voluntariosos, inteligentes, comedidos, patriotas, decididos, aguerridos,  indignados… Fácil es lamentarse tras un teclado, rabiar con todos los emoticons necesarios.

Cuando los machotes estudiantes del Colegio Bolívar, en Cochabamba, decidieron hacer su berrinche por el ingreso de nuevas e inéditas compañeras, los bolivianos en las redes sociales se tiraron de los pelos, exigieron juicios, clausuras; ¡los peores castigos, por favor, para los estudiantes y padres de familia retrógradas!

No es que no sea para indignarse; sí, lo es. Pero este suceso me hace recuerdo a aquel en el cual Rubén Costas, prefecto de Santa Cruz, fue herido por una bala delincuente, víctima de la inseguridad ciudadana. Por aquel entonces la protesta fue, cuando no, bulliciosa y hasta se organizó una cumbre de seguridad, entre tanto las voces críticas decían que por qué no pasa tal cosa ante los diarios atentados contra la seguridad de los “no prefectos”.

Este dilema del Colegio Bolívar es similar, puede que los excesiva indignación en las redes sociales haga parecer un hecho “anormal” el del machismo de jovenzuelos de no más de 18 años, o el de sus padres. Pero lo cierto es que en este país a diario se vive con ello, los mismos que se jalan los pelos hoy, puede que ayer jalaran los pelos de su señora; las que exigen clausura y juicios hoy, mañana vetarán a la novia de su hijito, porque esta le quiere ch’antar a su wawa. Y así, para cada gusto; por supuesto que no son todos, sobra decirlo. Porque el del colegio Bolívar es la excepción que sale a la luz, otras discriminaciones de ese tipo, se dan a diario ¿o acaso el susodicho colegio es el único que sólo admite varones? ¿ o acaso a las jovencitas que han cometido el “pecado” de embarazarse les niegan la reinserción escolar? ¿será falso eso de que profesores no necesariamente viejos ni verdes acosan a muchachitas por unos cuantos puntos?.

Lo “natural” en el país es eso: el machismo. Y si es que usted duda de las amarguras desparramadas en este texto, pues, a las pruebas me remito: A días de la payasada de los colegiales, a voz en cuello, en el kilómetro cero de Nuestra Señora de La Paz,  presidentes y ministras cantan coplas más machistas que el viejo caporal que hace temblar las avenidas orureñas. ¿Qué tal, esa? ¿Ahora a quién le pedimos renuncia, a quién enjuiciamos?

De los cuarteles, ¡nada!

Al Señor Viceministro que sugirió 2 años de Servicio Militar obligatorio, sería bueno recordarle que los cuarteles son el templo de la idiotez. Son ahí donde se fraguan los más putrefactos dogmas y prejucios, es decir, racismo, machismo, violencia… Lo irónico es que la propuesta de extender en 2 años el “Servicio” Militar, viene en el marco de la lucha contra el racismo y la discriminación.

Sí, es cierto que de esos 2 años, tan sólo 3 meses estarían destinados a la instrucción militar y el tiempo restante estaría destinado a capacitar en carreras técnicas a los conscriptos. Eso está muy bien. Pero para que ello se de, no es necesario encuartelar a nadie, no es necesario capacitarlo en armas, ni gritonearlo, ni seguramente dividirlo en machitos y mujercitas. Esas son pajas.

Yo no confío en los cuarteles, talvez para el Señor Felix Cárdenas  “Ya no tenemos unas FFAA torpes o domesticadoras como antes; hay nuevos oficiales con una mentalidad democrática”, pero para mí siguen siendo primitivos y nada bueno puede salir de ello.

Así que me refresco la memoria e invito a usted, apreciado visitante, a observar conmigo este vídeo que da muestra de lo que más o menos a diario pasa por esos lugares, y que seguro seguirá pasando con armas o libros.

 

 

¿Nueva Justicia en Bolivia?

Ya están posesionados.  Conformado quedó el nuevo Organo Judicial de Bolivia, a casi tres meses de aquella noche del 16 de Octubre donde algunos compatriotas se  arrojaron a las calles a agitar banderas, reventar petardos y a gritar a voz en cuello que el autoritarismo estaba siendo derrotado.

No hubo oxígeno para más. Ahí quedó todo.

La campaña del voto nulo o voto pifiado, fue una muestra de coraje y unidad, amén de oportunismo y mezquindad. La población en general, supo transmitir el mensaje de casa en casa, sin interés alguno más que demostrar cuan emputada estaba con el gobierno, que por aquel entonces estaba jugando al verdugo con los marchistas del Isibore Secure. Así ganó el voto de rechazo (nulo + blanco + abstención), pero escrito estaba que eso no iba a alcanzar. Habrían de ser posesionados hasta con 130 votos.

Pero yo me pregunto qué hubiese pasado si con la misma ferocidad que se crearon afiches, pasacalles, poleras, insignias, logos; con la misma disciplina con las que se crearon grupos, eventos, fotos con 200 etiquetados en facebook, se hubiese procedido a defender por lo que se luchó, por lo que se gritó. Sólo me pregunto.

Lo cierto es que no fue así. El escenario político en Bolivia sigue siendo monopolio de quien tiene el poder y quizá de quien se atreve a dejar de lado su asiento y salir a dar batalla a las calles, a lo Octubre, no el del 2011, por supuesto.

Ahora pueden quemar su ingenio llamándoles como les plazca: MASistrados, Magistruchos o simplemente  olvidarlos e ir a la pesca de otra papa caliente con la cual derrochar “indignación”.

Y ya que estamos hablando del nuevo Organo Judicial, habrá que desearles suerte porque tienen en frente una tarea titánica y que sería según la editorial de La Razón, sería algo así: ” Con relación al trabajo que ahora les espera, de acuerdo con información oficial divulgada días atrás, quedan pendientes de resolución al menos 7.500 causas en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ); en el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) son cerca de 3.500 los casos; y en el Tribunal Agroambiental (TA), 1.500. A ellos se suman todos los procesos pendientes en el Consejo de la Magistratura (CM). Al respecto, la Ley 212 de Transición establece un plazo de tres años para concluir con los pendientes del TSJ, de 18 meses para idéntica tarea en el TCP y de un año para las causas no resueltas en el TA y el CM.”

Los nuevos magistrados prometen una nueva justicia, lo prometen con la emoción de quien, con sus copas encima, promete una nueva y mejor vida algún 31 de diciembre. Ojalá el destino no sea el mismo. Y ojalá tampoco seamos tan ingenuos de creer que porque la nueva presidenta del Consejo de la Magistratura apellide Mamani la justicia haya dado el giro necesario para ser medianamente creíble. Para eso tienen que pasar muchísimas otras cosas más y tambien mucho tiempo.

Cada loco con su tema

El paso del tiempo

Mi gran amigo Daniel Celis decía que para la noche vieja (del 31 de Diciembre) se quitaba el cinturón y comenzaba a azotar el suelo para alejar las malas vibras. No es que este breve personaje sea creyente de tradiciones para dotar de buena suerte al año entrante, sino que le gustaba jugar con la emoción del momento. Él había inventado esa suerte de cábala por hacerse al payaso, pero claro, al calor de la emoción, los suyos no dudaron en azotar un pobre suelo que nada les estaba haciendo. La fé mueve montañas.

No sabemos cómo ni cuándo nacieron las demas costumbres:  Bajar y subir gradas, mejor si es con una maleta a cuestas, así se la pasa el año viajando;  contar lo máximo de dinero que se pueda, no importa si es de miniatura, ¡qué más da! hágalo con fé; comer doce uvas, una para cada mes, mientras se pide un deseo.  Santos, dioses, vírgenes milagreras o pachamamas, juntas y revueltas, invocadas en conmovedores peticiones. Seguramente muchas cosas más; cada familia con sus costumbres, cada esperanza expresada de diferentes formas que podrían hacer sonrojar a más de uno.

Esperanza. Porque de esperanza está hecho el hombre, o de necedad, de ese instinto de supervivencia que se torna fanático y devoto. Cada macho, cada hembra, resistiéndose a desaparecer en el mundo de lo macro. Son ellos los que cultivan costumbres, tradiciones, cábalas que burlan el paso del tiempo y anidan en almas que se arrastran gran parte del año y reviven al final.

Yo los veo desde lejos, aunque estén a un palmo de narices, y se me antojan tiernos, aunque mañana reniegue de ello. Con sus sueños irrealizables, su esperanza inoportuna, bienaventurados los que en algo todavía creen.

Así son los fines de año, algo bueno, aunque hipócrita, sale a flote. Hoy termina el 2011. Ahora toca guardar la buena cara, las frases bonitas y los buenos modales en algún rincón por unos 350 días. Volver al ritmo frenético de nuestras vidas, entre el sobrevivir y el despegar.

¡Que venga ese tal 2012!

No es lo mismo, pero es igual

Atrás quedaron las épocas donde los minibuses, micros, taxis, automóviles particulares traían en el vidrio de atrás impresas con tiza mojada el pronóstico del partido que habría de jugar la selección boliviana. 6-0, 2.0, 1-0, siempre a favor de los nuestros.

Después de la clasficación boliviana al mundial USA 94, las expectativas crecieron exponencialmente y con el paso del tiempo, a merced de presentaciones espantosas, fueron bajando hasta arrastrarse por los suelos, aunque siempre vivas. Atrás quedaron los Etcheverrys y compañía, aunque existe una nostalgia terca por ella.

Hoy comienza una nueva hazaña de los nuestros en el afán de hacerse de una plaza en el mundial de Brasil 2014. La expectativa no es la misma, la fe ha decrecido. Nuestro fútbol debe estar pasando sus peores momentos. Y todo eso pesa.

Sin embargo, la gente se da formas, algo les pica, por morbosidad o masoquismo, se acercan a las radios de emisión, se aglomeran en los restaurantes donde pasan en vivo el partido y se alegran y se enfurecen con lo que pasa con nuestros compatriotas vestidos de verde. Finalmente es Bolivia, la patria que amamos, aunque le demos duro por todo y por nada, pero que nos infla el pecho tarde o temprano. Todavía hay emoción. Como antes, aunque no sea lo mismo, es igual.

Nota. Mientrás escribo estas líneas Bolivia acaba de empatar ante Uruguay en Montevideo. Acá como seguramente en otros sitios, se lo festejó.