Realidad, horrible realidad.

Las cosas en su sitio. Bolivia al fondo de la tabla, Quinteros hablando que el contrario no fue superior, los triunfalistas en fuera de lugar y una afición ladrando a la luna.

Volvimos a la realidad dicen las tapas de los periódicos. Y es cierto,  volvimos, porque huímos de ella trás el aroma encandilante del exitismo. Nos olvidamos de la serie de deficiencias que acarreamos desde la pasada eliminatoria. Nos olvidamos de que el rival también juega.

Estúpidamente se concluyo que jugar con un equipo sub 22 iba a ser pan comido. Como si la federación de cualquier país tuviera nuestros mismos vicios, y una Sub 22 sea algo menos que una improvisación.

Bolivia jugo desordenadamente, dejando espacios que a la larga iban a ser nuestra tortura. En media cancha no hay fútbol, no existe circulación del balón. Edivaldo no es un hombre que genere fútbol y ayer ésto se pudo evidenciar. Lo mejor fue Arce y su combinación con Campos, por izquierda. Pero no basta. La Selección no es creativa al atacar. En el segundo tiempo Costa Rica hizó lo que quiso por derecha, vía Campbell, un jugador explosivo que pasó inadvertido por nuestro periodismo deportivo, hasta ayer; de hecho todo el equipo Tico pasó inadvertido a un análisis serio. Costa Rica no es la gran cosa, pero con lo que tiene le bastó para pasarnos encima y hasta pudo golearnos.

¿Y ahora qué? A jugarnos el todo por el todo contra los colombianos, que por cierto el día miércoles nos dieron una pista sobre a lo que nosotros nos pasó: ¿Realmente fue un gran mérito para Bolivia empatarle a una selección Argentina de esas características? ¿La concentración, el orden, la pujanza – que de ninguna manera están en tela de juicio – debilitó a los gauchos? ¿o es que las deficiencias de éstos agrandaron las virtudes mencionadas propias? Se puede decir mucho y seguro se lo dirá porque, Señores, ahora estamos en el otro extremo de la orilla y ahí nos revolcaremos, como hace dos días lo hicimos en el opuesto.