La despedida de Cayetano Llobet

Este blog hace público, como muchos otros sitios, los últimos párrafos escritos de quien en vida fue Cayetano Llobet. Se fue, hoy, 1ro de Septiembre, aunque algunos precoces lo dieron por muerto desde el día Martes 30 de Agosto. El texto fue cedido por Lastenia, su esposa. El mencionado texto fue extraído de la página web oficial de Cayetano, que cuenta con una rica colección de artículos publicados del autor, desde 1997,  y se puede acceder desde aquí

Sin otro comentario:

“Mi despedida”


Confieso que nunca pretendí desafiar a la naturaleza, pero admito que, sin reto previo –lo que me parece injusto- me ha dado una lección de su invencibilidad. Y de un modo cruel, porque ha atacado uno de los flancos en que yo creía ser mas fuerte desde 1991 -cuando Jorge Canelas en La Razón , me invitó a escribir mi primera columna dominical-. Hoy, por recomendación médica, estoy obligado a suspender esa tarea. Y los médicos tienen razón, porque lo que yo le ponía a cada artículo, a mi querido “Entre Paréntesis”…cada semana, era todo lo mío, toda mi intensidad, toda mi honradez, sin escatimar absolutamente nada.

Ésta es una hora de agradecimientos a todos los periódicos y a todos los directores que me acogieron sin ningún cálculo, sin ningún temor, con la mayor apertura, respetando escrupulosamente mi libertad de expresión, palabra por palabra, sin discutir una línea. Lo que me permitió siempre, sentir profundamente que yo era el único responsable de lo que contenía el artículo. Responsabilidad que me dio una sensación de libertad profunda que nunca me atreví a traicionar. Es también, la hora de  inmensa gratitud a mis lectores que se expresaban unas veces en forma de desacuerdo y crítica y otras, con la amabilidad de sus comentarios favorables.

Si bien mi trabajo comenzó en la televisión y ocupó largos años, tengo que confesar que lo más gratificante ha sido mi columna dominical. Siento que en esas líneas han ido quedando mis protestas de fondo, mis rabias, mis gritos de impotencia ante todo lo que me ha ido tocando presenciar. Muy especialmente, ante la desaparición progresiva de un horizonte de esperanza.

Esta última columna es para reiterar cada una de las cosas que he escrito cada domingo. Para subrayar mi pesimismo y ratificar mi admiración a ese gran Alcides Arguedas -tan injustamente vilipendiado-, primero por los movimientistas, y ahora por los intelectuales de los movimientos sociales que viven condenando el pensamiento moderno a nombre de utopías regresivas, convencidos de que mirando atrás… ¡avanzan hacia adelante! ¿Habrá alguno de ellos que está realmente convencido que la modernidad y el progreso se han construido con velas invertidas o con espejo retrovisor? 
  
Irónicamente, en nuestra mentalidad, hemos llegado al punto en el que los progresistas son llamados colonialistas. 
Una revisión de nuestra historia resulta un paseo por la tristeza… ¡Porque nunca hemos sido capaces de hacer nada relevante!  Y lo que es más grave, cada día que pasa, es más  difícil que logremos hacerlo.

(Cayetano  no pudo escribir el último párrafo de este su último artículo, que, como siempre, habría pretendido dejar en sus queridos lectores algún impacto. Yo sé que hubiera deseado incluir un “gracias por su lealtad”. Hoy se cierra su paréntesis… Lastenia) 


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