El cadáver de las urnas

Que el voto nulo está sumando adeptos día a día es un hecho innegable, como también es cierto que lo está haciendo dentro de un marco de, cada vez más, marcada polarización. Lo de la justicia, es otra cosa, está en el fondo, donde no todos habrán de sumergirse el momento de tomar una decisión.

Y en ese escenario de polarización es evidente que existe una serie de intereses personales de ciertos grupos políticos. El hecho de que el MSM haya planteado un plebiscito implícito en las elecciones de octubre, no es una canallada y motivo de persecución, en todo caso se trata de  llamar burro, al perro con cabeza de burro y cuerpo de burro.

Lo que sí es deplorable son los intereses que hay detrás de esto, ¿o es que los pasacalles, los volantes, los viajes y toda la campaña en rechazo a la elección es un hecho inspirado en el amor a la democracia y la justicia? Y no solamente lo digo por Juan y sus compinches, también por otros sectores, esos que son capaces de hacerse pachamamistas si el gobierno atenta contra el pachamamismo, que no ven la hora de hacerse protagonista a la hora de un tropezón definitivo de Evo Morales. Esto no excluye a que exista una serie de bolivianos que realmente no ven en las elecciones la posibilidad de encaminar la justicia del país.

Pero es por el tema de los intereses personales que el resultado de octubre provoca tantas ansias  por los sectores polarizados actualmente, y según sea el resultado se disputarán el cadáver de las urnas a mordiscos para hacer suya la victoria, suya la iniciativa, suyo el origen.  Con la misma polarización, se interpretará el resultado. Evo Morales será el rebelde y bárbaro indio invicto por la fuerza del pueblo o será el responsable de la peor desgracia que vive Bolivia en la historia. Donde no queda duda es que el otro “resultado” ‘ -así entre comillas- posicionará a una serie de ignotos magistrados que harán de la justicia lo mismo que se viene haciendo desde que existe Poder Judicial, claro, esta vez a título de sagrado, Usted sabe, por eso de que la voz del pueblo es la voz de Dios.

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La Justicia, el palomar y Marcelo

Han pasado más de 30 años y el paradero de los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz sigue siendo una incognita agria. Nadie lo encuentra, porque nadie lo busca. Inmunidad, chantaje, manipulación, entre otras cosas impiden aclarar el hecho, los reponsables y las sanciones. Una muestra más del rostro grotesco de la Justicia boliviana. Justicia embarrada, que volverá a la luz -dicen los optimistas, por decir algo- a través del populismo, las masas y el vicio eterno del poder. Como si la Justicia fuera material, para poder cogerla de un salto. Como si fuera alcanzable. Como si no fuera un horizonte que huye cuando más se acerca uno a él. Y que sirve para eso, -como diría Galeano- para caminar. Como si algun día dejara de ser una Utopia.

– Será la forma barroca; la abundancia de ornamentos susceptibles de convertirse en nido… -insinuó Durcot, tímidamente.

– ¡No, hombre, no! Hay muchas cosas de las que podrían hacer un palomar. Ellas prefieren aquellos edificios que albergan alguna actividad humana de carácter teatral. Yo creo que han aceptado domesticarse, a condición de que las dejemos participar de aquellos aspectos de nuestra vida en los que nos mostramos inhumanos: nuestra sed de divinidad, de justicia, de belleza. Todos esos son valores que no podremos alcanzar. Utopías. Seguramente se sienten cautivadas por el aparato escénico del que rodeamos esas aspiraciones; por la ampulosidad con que disimulamos nuestras deficiencias. Como si ellas, desde allá arriba, comprendieran mejor la inutilidad de nuestros esfuerzos y sintieran cierta simpatía piadosa por nuestra debilidad… Pero usted me dirá que voy muy lejos -dijo haciendo su paso más lento.

Fragmento extraído de la novela Los deshabitados de Marcelo Quiroga Santa Cruz

http://www.flickr.com/photos/luismauri/5816196630/

El sentido crítico

En el fútbol, especialmente sudamericano, es natural las altas dosis de fanatismo extremo. En lo alto de la pirámide, el fanatismo argentino es el más, el modelo. Empujado por una pasión, que a muchos de nosotros nos cuesta entender, el argentino, en todo el sentido de la palabra, endiosa a sus ídolos y puede llegar a matar a representantes de su clásico rival. El amor a un club es entrega total, es estar ahí en las buenas y en las malas; es también odiar, a un clásico rival; llevar la guerra a un escenario de polarización

Hay casos donde lo anteriormente señalado es llevado a otros ámbitos, entre los más repugnantes, el político. Algo de eso tuvimos que ver en la candente semana del gasolinazo.

Evistas podríamos llamarles. En defensa de una discurso “coherente” no cambian sus lineamientos, aunque vayan en contra de sus propias bases filosóficas. Opinar en sentido contrario al “club de sus amores” sería renunciar a su cuadriculada ideología, los acercaría al pensamiento del enemigo; porque todo se lo ve como blanco o como negro. Esa gente ha renunciado a la autocrítica.

Pablo Stefanoni, intelectual argentino, lejos del fanatismo de sus compatriotas no pierde el sentido crítico a un proceso que personalmente ha demostrado defender. Pablo sabe que el cambio debe alinearse a su filosofía y no su “filosofía” al “cambio”.


Evo muestra su olfato.

Los adulones, en offside

 

No hizo falta el referéndum que propuso Juan del Granado. Evo Morales llamó a los jefes sindicales y vecinales, se reunió con los cocaleros y no es difícil imaginar qué le dijeron. Aunque las marchas no llegaron a ser multitudinarias, no fueron sólo la acción de pequeños grupos de provocadores, hubo algunos mensajes que el Presidente seguramente sopesó: pedidos de renuncia, por primera vez, entre manifestantes de La Paz, El Alto y Norte de Potosí, malestar entre las propias bases cocaleras (¿quién hubiera dicho que un bloqueo en Ivirgarzama, hace pocas semanas, no hubiera sido dispersado sin respetar los buenos modales?) y, finalmente, la posibilidad cierta de que desde esta semana diversos sectores sociales comenzaran las marchas hacia la sede del Gobierno. Pero, además, quedó a la vista el costo ideológico nacional e internacional de esta medida que parecía facturada en las usinas del FMI, una imagen no precisamente agradable para quien tiene un liderazgo internacional por sus críticas al capitalismo.

Pero Evo sigue mostrando reflejos preventivos. Por suerte, sigue escrutando el humor popular por encima de las opiniones apologéticas, que en defensa de pegas, peguitas o a la espera de pegas y peguitas (o por simple convicción, supongo) salieron a justificar el ajuste con entusiasmo y argumentos dignos de los 90. Varios de mis amigos de izquierda clasemediera salieron a defender el ajuste y a contrarrestar a los críticos, no principalmente la derecha conservadora. El esposo de una parlamentaria descalificaba diciendo que “lo peor no es la ignorancia sino el entusiasmo que se le pone”, mi compañero del Dipló, Ricardo Bajo, se jactaba que Evo tiene espaldas para esto y más frente a mis dudas en esta columna la semana pasada sobre los diferentes frentes abiertos y escribió que “la rodilla de Evo está para el carajo pero la espalda es ancha y soportará” y su oda al paquetazo (hablaba de gasolinazo con comillas y nivelación a secas) circuló abundantemente desde oficinas gubernamentales. Incluyendo la curiosidad de que los campesinos no eran afectados porque no tienen auto y los minibuses no llegan a sus pueblos’ Otro amigo de izquierda, que se comenta que irá a trabajar a una embajada, decía que aunque la medida es impopular era necesaria, reeditando implícita o explícitamente los argumentos liberales de los 90: esto es economía, responsabilidad… cualquier otra cosa ideología, demagogia, ingenuidad. Parafraseando la cita sobre la ignorancia, podríamos decir que lo grave no es la soberbia sino el entusiasmo que se le pone.

Pero más allá de las anécdotas, la cuestión es conceptual para la izquierda en el futuro inmediato. La primera pregunta es a quiénes afectan los ajustes, y si respuesta es al pueblo, la izquierda debe rechazarlos. Si creemos que son los que tienen 4×4 los afectados por los gasolinazos quizás debimos apoyar los de Jaime Paz o Carlos Mesa e incluso pedir que fueran más contundentes. La idea de que el subsidio fue neoliberal entonces quitarlo es progresista, no resiste el menor análisis. Por dos motivos:

1. Los neoliberales siempre quisieron acabar con el subsidio de Banzer o al menos reducir su impacto, pero hubieran caído en horas si lo hacían.

2. Aunque una medida sea neoliberal, es necesario evaluar sus efectos al acabar con ella. Por eso Rafael Correa no desdolariza Ecuador y por eso la izquierda se oponía a la devaluación masiva en Argentina pese a haber rechazado el uno a uno (un peso=un dólar) de Menem-Cavallo.

El problema es que la izquierda culturalista hizo su trabajo, y ya queda poco debate económico. La izquierda no opina si hay que subir o bajar el dólar, qué tipo de políticas industriales debemos tener, qué tipo de relación debería establecerse entre Estado y mercado, qué tipo de modelo de desarrollo’ y otros temas que los culturalistas consideran demasiado prosaicos. Así, estamos desarmados ideológicamente frente a los argumentos tecnocráticos y del sentido común.

Con todo, creo que la minicrisis del gasolinazo abre novedosos espacios para la crítica constructiva y el debate interno, que se había ido cancelando en medio del “cierre de filas”. Es la crítica honesta –y el pensamiento autónomo- lo que garantizará el avance del proceso de cambio. La adulonería sólo conduce a entumecerlo.
Pablo Stefanoni es periodista.

¡Vaya Hipocresía!

Si. El decreto no solo es antipopular, oportunista, atenido, antipático sino que también necesario.

Si. El Gobierno y su fallida política hidrocarburífera son responsables y deben cargar con las consecuencias.

Si. Si fuera otro el gobierno que hubiese decretado el Gasolinazo, la tensión sería muchísima más alta.

Si. Una parte de los movimientos sociales -que son los que normalmente en estas ocasiones lideran las protestas- están a servicio del Gobierno, sea por interés o porque el adoctrinamiento del MAS dio resultado.

Si. Merecen el repudio de sus bases; porque mientras éstos no han abandonado la pobreza, los dirigentes altos, han trepado en la escala social y económica, olvidando sus discursos iniciales.

No. No son los únicos hipócritas, los hay de todo gusto y corte; unos peores que otros. Y de estos trata el restante texto.

Fusil, metralla… el pueblo no se calla.

Ahora resulta que, para estos sujetos, la ciudad del Alto pasa a ser gloriosa, pujante, luchadora, cuando en otros tiempos no fue más que un cúmulo de radicales y resentidos sociales. Resulta también que hay que rechazar de todas formas el decreto por su naturaleza neoliberal, cuando algunos de estos hipócritas siempre han defendido las narices del mercado. No basta con ello, ahora parece que, la navidad 2010, ha vuelto a algunos, luchadores a muerte contra la pobreza, ha enternecido sus corazones y al ver el hambre de nuestro otrora olvidado pueblo, rompen en solidario llanto.

Empujados por la antipatía que les  merece el MAS, son capaces de vestir cualquier camiseta opositora de turno: potosinos, chóferes, mineros… lo que sea, aunque vaya en sentido contrario a su ideología.

Personalmente el Señor Evo Morales no me inspira confianza y como muchos en este país creo que, para el respaldo del que goza, el buen momento de los precios internacionales de nuestros recursos naturales y una oposición anulada, el avance es poco en comparación a lo que podría ser; sin embargo, aunque muchas veces he caído en lo que en este momento estoy acusando, creo que actuar de esa manera es hacerle menudo favor al oficialismo y sus acólitos.

Un Horizonte

¿Qué llegara a pasar si algunos de estos grupos sociales tomara el poder? ¿Seguirían siendo valerosos luchadores digno de todo apoyo? Lo dudo; entonces será mejor opinar y actuar acorde a nuestra creencia política. Organizar una oposición responsable con un común denominador que no sea sólo el repudio a Evo.